Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2005/07/30 00:00

La marca de la bestia

Wes Craven, creador de 'Pesadilla sin fin', firma esta aparatosa comedia de terror que no produce miedo ni risa. *

Dos hermanos (Christina Ricci y Jesse Eisenberg) son atacados por un hombre lobo después de sufrir un accidente automovilístico en una conocida vía de Los Ángeles.

Título original: Cursed.
Año de producción: 2005.
Dirección: Wes Craven.
Actores: Christina Ricci, Jesse Eisenberg, Joshua Jackson, Milo Ventimiglia, Judy Greer, Portia de Rossi, Shannon Elizabeth.

Parece que fue un verdadero infierno producir este aparatoso relato de terror. Wes Craven, el director, célebre por crear al Freddy Krueger de Pesadilla sin fin y por parodiar en la trilogía de Scream ese subgénero del cine de horror de los años 80 que podríamos denominar "sicópata asesina adolescentes licenciosos", se ha lavado las manos a la hora de enfrentar los insultos que La marca de la bestia no ha parado de recibir desde el día de su estreno: en algunas entrevistas ha llegado a sugerir que la culpa del desastre es de la productora, Dimension Films, por haber editado el perturbador largometraje que él pretendía presentarle al público hasta convertirlo en un torpe espectáculo para adolescentes a los que les tienen sin cuidado (no les producen miedo ni risa) las historias de hombres lobos.

La trama es lo de menos, la trama es un pretexto en estos casos: una noche, tras sufrir un accidente automovilístico en una conocida vía de Los Ángeles, dos jóvenes hermanos que perdieron a sus padres, Ellie y Jimmy, son atacados por un aterrador hombre lobo que no los dejará en paz hasta que termine la película.

Lo que importa en las historias de hombres lobos, que tienen sus seguidores fieles y de vez en cuando vuelven a ponerse de moda en los teatros del planeta, son los personajes, el humor, los sustos y la crítica social (un ejemplo de 1994: Mike Nichols satirizó al mundo de los yuppies en la infravalorada Lobo), y nada de esto funciona en la desanimada La marca de la bestia. Cualquiera, en el lugar de Craven, se habría lavado las manos.

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