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| 4/10/2014 12:00:00 AM

‘La mejor oferta’, entre el misterio y la obsesión

Los amantes del suspenso reconocerán en esta producción una uan película inteligente que, por momentos, parecería una buena falsificación de lo mejor de Hitchcock.

"Las emociones son como una obra de arte. Pueden ser falsificados para lucir originales, pero son falsificaciones" Billy Whistler (Donald Sutherland).

Los personajes misteriosos, excéntricos y obsesivos siempre serán un elemento ideal para alimentar buenas historias en el cine. Virgil Oldman es uno de ellos. Él es un reconocido experto y subastador de arte con un comportamiento singular y extraño. Usa guantes para alejarse de los gérmenes y cubre el teléfono con un pañuelo. Va a un restaurante sistemáticamente, donde su comida es servida en una vajilla guardada exclusivamente para él. Además posee una impresionante colección de cuadros con retratos femeninos que consigue en las subastas, con la ayuda de su amigo Billy Whistler.

Obsesiones, que sin embargo, desnudan su soledad, desamor y virginidad.

En su vida aparecerá Claire, una joven que lo contacta para valorizar obras de arte y antigüedades de su familia. Pero esta no es una mujer normal. Se esconde en su habitación y no permite que nadie la vea. Sufre de agorafobia, escribe novelas con diferentes seudónimos y será quien despierte en el viejo Virgil una obsesión particular impregnada de ansiedad, melancolía y suspenso.

Dirigida por Giuseppe Tornatore (Cinema Paradiso, 1988), la historia se nos cuenta en un presente sofisticado y lleno de lujo, que no obstante y quizá gracias a la extraordinaria música de Ennio Morricone, se siente clásica y gótica. Virgil conocerá el amor de la manera más dulce. Pero un hombre que es capaz de reconocer una obra legítima con su olfato, tal vez no sea capaz de reconocer el fracaso y el engaño cuando sea necesario.

Los amantes del suspenso reconocerán en La mejor oferta una película inteligente, cuidadosa en el detalle y que no cae ante lo predecible. Un trabajo estilístico que nos presenta a un Geoffrey Rush inmenso. Una buena obra de arte cinematográfica que por momentos nos parecerá una buena falsificación de lo mejor de Alfred Hitchcock.

Twitter: @CaroEscarlata.
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