Domingo, 22 de enero de 2017

| 1999/04/05 00:00

A LA MEMORIA DE KIESLOWSKI

Réquiem For My Friend' muestra por primera vez al compositor Zbigniew Preisner en una obra <BR>musical no realizada para cine.

A LA MEMORIA DE KIESLOWSKI

Zbigniew Preisner, el compositor polaco que siempre se distinguió por su aporte musical a la
obra cinematográfica del desaparecido director Krysztof Kieslowski, publicó a finales del año anterior su
primera obra no destinada al cine, aunque se trata de un tributo a la memoria del cineasta.
Se llama Réquiem For My Friend y es una de esas obras que se balancean en el extraño filo en que música
clásica, música contemporánea y música para cine se confunden en una sola amalgama con matices que,
como los mismos críticos lo han dicho, podría tener referencias al trabajo de clásicos como Górecki o de
otros compositores para cine como Vangelis.
Para Preisner se ha convertido en la gran oportunidad de demostrar que el efectismo de su música en el cine
puede ir más allá y revertirlo en una pieza singular, demasiado hábil, pero ante todo impresionante en su
capacidad para alimentar la nostalgia y la tristeza bajo una gran sensación de dramatismo.
La obra, de un delicado tratamiento melódico, está dividida en dos partes de nueve movimientos cada una
y claramente definidas en concepto e instrumentación. La primera, Réquiem, de carácter religioso, que
emplea textos de la Missa pro defunctis y se destaca por su mesura en el recurso instrumental. La
segunda, Life, más pretensiosa en orquestación, que resulta más sencilla y en varias de sus partes muy
cercana a la música convencional para cine. Z

bigniew Priesner
Con la presencia de la soprano Elzbieta Towarnicka y la Sinfonía Varsovia, Réquiem For My Friend se ha
convertido en el trabajo más aventurado para este compositor, que estudió historia en la Universidad
Jagiellonian en Cracovia y se convirtió en compositor a punta de escuchar sinfonías, seguir sus partituras y
analizar la música. Primero con piezas a pequeña escala, en especial para quintetos de vientos o metales,
y luego con obras de mayor envergadura.
De estudiante compuso música y canciones para un bar en Cracovia, donde conoció al director de cine
Antoni Krauze, con quien se metió en el ámbito cinematográfico escribiendo música para cortometrajes,
documentales y finalmente largometrajes, el primero de ellos The Weather Forecast (1978), del propio Krause.

Así conoció a Kieslowski, para quien se convirtió en su musicalizador de cabecera para filmes como
Decalogue, The Double Life Of Véronique y la famosa trilogía de los colores, Azul, Blanco, Rojo.
Sobre su relación con el cine Priesner comentaba para la revista Gramophone que "la importancia de la
música en el cine está en el hecho de que es el único elemento completamente metafísico. Por eso,
cuando la colaboración entre el compositor y el director es muy cercana, las posibilidades musicales son
fantásticas. Con Kieslowski yo me involucraba desde el primer párrafo del guión hasta el final".
Cuando Kieslowski estaba muriendo en el hospital, en marzo de 1996, y en el lapso de tres noches,
Priesner escribió la primera parte de su réquiem, que en realidad se convertiría en la segunda de esta
obra y que está relacionada con la vida. Luego de la muerte del cineasta escribió la primera parte para el
funeral y las dos conformaron lo que finalmente ha sido este Réquiem For My Friend.
Priesner comenta que su idea de la música es que tenga una progresión lógica. Por eso concretó una
primera parte como un réquiem en su forma tradicional, pero utilizando un ensamble pequeño con cinco
voces, órgano, quinteto de cuerdas y percusión, ya que considera que un réquiem como tal debe ser algo
íntimo. Razón ídem por la cual cambia el tipo de instrumentación en la segunda parte.
"Yo pienso en esta obra _comenta Priesner_ como si se tratara de música para una película. Mi película
privada sin fotografía. De manera que cuando uno la escuche pueda usar la imaginación. Es una banda
sonora a la vida, a la vida de Kieslowski, pero también a la vida en general".
Pero mucho antes de iniciar este proyecto el compositor había discutido con Kieslowski la posibilidad de
montar un espectáculo que combinara la solemnidad de la ópera con la majestuosidad de un concierto de
rock y que se presentaría en la Acrópolis de Atenas, bajo la dirección del propio cineasta y escrita por su
guionista, Krzysztof Piesiewickz.
La idea, que infortunadamente nunca se llevó a cabo, sirvió como modelo para el concierto de
lanzamiento de esta obra, realizado el pasado primero de octubre en el Gran Teatro de Varsovia con la
presencia de unas 1.000 personalidades invitadas y con la dirección del italiano Edoardo Ponti (hijo de
Sofía Loren y Carlo Ponti).
Réquiem For My Friend condensa la sentida intención del compositor por rendir un merecido homenaje a
su amigo y compañero de labores, lo que valora la sencillez global de la propuesta por encima de la
pretensión musical, que es tan sólo el reto de Priesner de mostrar su música por fuera de un contexto
cinematográfico. En ese sentido lo ha logrado.

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