Sábado, 30 de agosto de 2014

El autorretrato y la composición de piedras para formar un gato fueron hechos por Triunfo Arciniegas. Cortesía

| 2013/04/18 00:00

La negra vida de Triunfo Arciniegas

Semana.com se adelantó a una de las novedades de la Feria Internacional del Libro de Bogotá.

Conversamos con el escritor colombiano Triunfo Arciniegas, autor de El niño gato, acerca de su presencia en la feria y otros temas alusivos a su trabajo. El próximo viernes 19 de abril, Arciniegas estará en el stand de la editorial SM a las 6:30 p.m. Esta es la primera de una serie de conversaciones con escritores colombianos. 


¿Qué lo hace regresar cada año a la Feria del Libro de Bogotá?


Aparte de los libros, que son tan caros, los amigos, que no tienen precio. Y 'La negra'.


¿En qué se parecen la feria y 'La negra'?

Con ambas me siento iluminado.

 

Usted, que conoce otras ferias del libro en América Latina, ¿cómo cataloga esta feria? ¿Qué le falta? ¿Qué le sobra?


Que sea menos cara. Menos cara la entrada, menos cara la comida, menos caros los libros. Que sea menos negocio. Estoy pensando con el deseo, estoy imaginando milagros, lo sé. Que traigan escritores de renombre. Que no se confunda tamaño con importancia. Que la feria se reinvente. Que sea más democrática, menos jodidamente bogotana. En Colombia, país centralizado, los únicos escritores que importan son los que viven en Bogotá y mantienen aceitada la maquinaria de las relaciones.

 

¿Cómo ve la participación de Portugal como país invitado a esta feria?


Portugal, maravilloso país, bella elección. Pero es una pregunta para responder después de la feria.

 

Usted pasa gran parte del año viajando. ¿Cuáles son sus lugares favoritos para visitar y qué le aportan sus viajes a su literatura? ¿Qué lugar le falta visitar?


Apenas estoy empezando. El mundo es inagotable y requiere de varias vidas. México fue mi gran pasión hasta hace poco. Con cada viaje, durante estos últimos 12 años, me daba cuenta que me quedaba todavía más país por conocer. Por ahora lo dejo así. Creo que en cierta forma se me agotó la fascinación. Su comida dejó de gustarme y eso es grave. Estoy agradecido, la cosecha fue buena. Pero creo que seguiré con Brasil. Ya he ido dos veces a Rio de Janeiro, ya leo en portugués: estoy empezando. El portugués, que antes lo veía como un impedimento, ahora es un reto, un aliciente, una recompensa. Estoy haciendo realidad uno de los sueños de mi vida: leer a Rubem Fonseca en su idioma. El mismo sueño que tuve con Hemingway.

 

Otra de sus pasiones es la fotografía. ¿Cómo llegó a ella? ¿Qué tan importante es para su oficio de escritor? ¿Dónde puede la gente ver sus fotografías?


Desde niño me apasiona la fotografía. Creo que la fotografía es el consuelo de los pintores frustrados. Publico fotos en Facebook y en mis blogs. Tengo uno dedicado exclusivamente a esta pasión: fotosdetriunfoarciniegas.blogspot.com. Cada vez estoy más fascinado con las imágenes, mi mente es un infinito cajón de imágenes, cada vez escribo libros con menos palabras, pero creo que para la escritura la fotografía no es tan importante como los viajes.

 

A  propósito de sus fotografías, sale a la luz otra de sus aficiones. Tiene usted unos blogs que alimenta permanentemente con información particularmente literaria e imágenes de todo tipo. Háblenos de eso.


Tengo diez blogs, un monstruo de diez cabezas: seis en español, tres en inglés y uno en portugués. Alimento cinco cada día. A veces siete. Es un trabajo agotador que debo disminuir dentro de poco. Durante dos años les dediqué casi dieciocho horas diarias y eso no puede seguir así. Diría que el blog más importante es De otros mundos, donde hay de todo, una verdadera biblioteca ambulante, y el más personal, Ficciones.

 

Son más de 50 libros publicados, ¿cuál es el secreto para ser tan prolífico?


No es para tanto. Simenon escribía una novela en una semana, cuando una novela en realidad requiere dos o tres años de trabajo. Aquí es necesaria una aclaración: un libro para niños a veces no supera las tres o cuatro cuartillas y puede escribirse de un día para otro. Lo asombroso sería que hubiese escrito cincuenta novelas. Tendría entonces unos ciento cincuenta años. De todas maneras, se requiere disciplina. Los libros no se escriben solos.


¿Le queda tiempo para 'La negra'?


Mi vida es negra.

 

Este es el personaje principal El niño gato, diseñado por Dipacho.


Viene a la feria con libro nuevo, que ya fue reseñado aquí mismo. Cuéntenos sobre su génesis.


El niño gato es cosecha mexicana del 2006 ó 2007. Hasta el año pasado, México me funcionó muy bien en cuanto a la escritura. Con los viajes entro a un estado de hechizamiento que facilita la escritura. En Pamplona reescribo, corrijo, pulo todo ese material que me dejan los hoteles. Por ese hechizamiento no puedo precisar el origen de El niño gato. La escritura viene de golpe, como una fiebre. Las historias saltan como liebres una tras otra, dos o tres el mismo día, y solo tengo tiempo para atraparlas, sin preguntar de dónde vienen. 

 

¿Por qué abordar temas tan duros como el desplazamiento y las muertes violentas en un libro infantil?


Quienes hayan leído mis primeros libros saben que tuve una etapa fantástica, mágica y poética. Pero creo que esa vena se agotó. Ahora me enfrento a temas más reales, más cotidianos, pero con ese toque delicado, cercano a la poesía. Es decir, cuento historias crudas con cierta delicadeza, como esos espantosos remedios que tratan de disfrazar su amargura con un sabor a frutas. Nada más crudo que un cuento de hadas, donde hay envidias, crímenes, sangre, castigos terribles, y nada más fascinante que un cuento de hadas. Los niños sufren, se sienten solos y confundidos en un mundo hecho a la medida de los adultos. Los niños padecen la muerte de sus abuelos por leyes biológicas y, en países como el nuestro, la prematura muerte de sus padres debido a la guerra y otras expresiones de la ambición humana. Víctima favorita de la guerra, que le arranca un ojo, una pierna, un brazo, una persona amada, el niño se llena de ausencias. Y no se olvide que para un niño el divorcio de sus padres es tan catastrófico como una guerra. Las ciudades rebosan de niños huérfanos, abandonados, engendrados por padres irresponsables, niños que recorren las calles como perros o como gatos, buscando comida, niños que duermen en un parque o debajo de un puente, que roban para sobrevivir, que matan y que mueren pronto.

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