Domingo, 22 de enero de 2017

| 2005/07/10 00:00

La odisea secreta

Llega a Colombia un libro que revela las obsesiones de uno de los grandes directores de cine de la historia. 'Los archivos de Stanley Kubrick' es una investigación sin precedentes sobre su vida y su obra.

'Los archivos de Stanley Kubrick' es un libro de proporciones épicas: pesa siete kilos, tiene 2.000 fotos inéditas y textos críticos que ayudan a esclarecer el misterio detrás de la obra del director.

La gran pasión de Stanley Kubrick -después del cine, por supuesto- fue el ajedrez. Cuando tenía 13 años era un adolescente rebelde y su padre lo obligó a aprender el juego. Desde entonces, se convirtió en un gran ajedrecista: estratégico y preciso. Más tarde, en su trabajo como cineasta, siempre mantuvo lo que había aprendido frente al tablero: planeaba cada una de sus películas obsesivamente y nunca dejaba pasar un detalle. Por eso, cuando murió, en marzo de 1999, se habían tejido muchas leyendas sobre su vida y su trabajo. Su figura se encontraba a medio camino entre la de un genio y la de un demente obsesivo. Y nadie sabía muy bien cuál era la real.

Fue esta duda la que llevó a la editora Alison Castle a investigar sobre la vida del extraño director. Castle tuvo acceso a sus archivos personales, que llevaban casi cinco años abandonados después de su muerte prematura. Durante dos años, la mujer vivió en la mansión de Kubrick, situada en Saint Albans, al noreste de Londres, y se dedicó a escarbar entre las 10 habitaciones que el cineasta había destinado a acumular toda clase de objetos. Lo que encontró allí es sorprendente y ayuda a esclarecer, de alguna forma, el gran enigma de Kubrick.

Los archivos ocultos

"Examinar las caóticas pilas de material fue una experiencia estimulante: cada descubrimiento se me antojaba un pequeño milagro, un momento sumamente significativo, una epifanía", dijo Clarke cuando terminó su trabajo. Entre los miles de objetos privados la mujer encontró cartas, dibujos, textos y fotografías tomadas durante los rodajes. Además, logró entrevistarse con las personas más cercanas a él: sus familiares, sus colaboradores y su mujer. De hecho, Christiane Kubrick, su tercera mujer, le ayudó a organizar el trabajo. Todo esto para respetar la memoria de su esposo: "Todo el tiempo me pregunto, como lo haría cualquier viuda, de qué debo hablar y de qué no. Creo que esta investigación, en cambio, es la forma más respetuosa de recordarlo porque gira sobre su trabajo", explicó Christiane.

Clarke le propuso al editor Benedict Taschen hacer un libro con el material que había recogido. A Taschen le encantó la idea y fue así como nació Los archivos de Stanley Kubrick. El resultado es un libro de dimensiones épicas: pesa siete kilos, tiene 600 páginas y contiene 1.800 fotos inéditas. También trae fotogramas, exclusivas tomas de los ensayos, textos teóricos del realizador -y de críticos- así como reproducciones de sus cuadernos y guiones originales, con anotaciones manuscritas. También incluye las mejores entrevistas realizadas al director y un DVD con 70 minutos de testimonios de Kubrick. La primera edición viene acompañada de copias de tramos del celuloide del filme 2001: Odisea del espacio.

Los archivos de Stanley Kubrick es un recorrido cronológico a través de las 16 películas que rodó en 48 años de carrera, todas ellas joyas cinematográficas. Clarke no ahonda mucho en sus primeros años como profesional. Sólo cuenta que después de terminar el bachillerato, Kubrick no logró entrar a la universidad: sus notas no le alcanzaban. Así que decidió ganarse la vida como fotógrafo. Durante varios años tomó fotos para diferentes medios impresos, en especial para la revista Look. En 1953 consiguió suficiente dinero para filmar su primera película, Fear and desire, en California. Pero el resultado final no le gustó y mandó recoger las pocas copias que ya se habían exhibido.

A pesar de esto, los productores vieron el talento de Kubrick y financiaron sus siguientes tres proyectos: Killer's kiss (1955), The Killing (1956) y Paths of glory (1957). Estas películas le dieron bastante fama y en 1960, el actor Kirk Douglas lo llamó para que dirigiera una película en la que él sería protagonista: Espartaco. Kubrick detestaba la idea de trabajar por encargo, pero aceptó, pues le interesaba filmar una historia épica. Desde cuando llegó se apoderó del set y comenzó a martirizar a Douglas y a los demás miembros del equipo. Kubrick quería imponer su punto de vista a toda costa y le pidió al director de fotografía, Russell Metty, que se sentara y no hiciera nada. Irónicamente, Metty recibió el premio Oscar por su trabajo. Así mismo, decidió despedir a la protagonista Sabina Betham, pues consideró que no era buena actriz.

La relación con Douglas se fue deteriorando poco a poco pues las exigencias del director eran, a veces, insoportables. Cuando se terminó el rodaje, Douglas dijo: "No es preciso ser buena persona para tener mucho talento. Uno puede ser una mierda y tener talento, y al revés, ser el mejor tipo del mundo y no tener ninguno. Kubrick es una mierda con talento". A pesar de que Kubrick jamás volvió a hablar con el actor después de esto, Espartaco fue un gran éxito: la crítica la consideró una de las mejores cintas épicas jamás hechas.

Meses después, Marlon Brando lo llamó para que dirigiera la película One eyed jacks. Pero, de nuevo, la situación fue desastrosa: Kubrick trabajó apenas unas semanas y al poco tiempo fue despedido. Brando recordó un tiempo después: "Cuando lo eché del proyecto, se quedó parado sin decir nada. Le dije que parecía un pingüino gigante y pensé que se iba a poner a llorar. Entonces noté que sonrió. Tiempo después, cuando terminé la película, comprendí perfectamente por qué sonreía".

Al límite

Después de su desastrosa experiencia en Hollywood, Kubrick se fue a vivir a Londres. Desde allí dirigió las películas que lo pondrían en la cúspide del séptimo arte: Lolita (1962), Dr. Strangelove (1964), 2001: Odisea del espacio (1968) y La naranja mecánica(1971). Gracias a su creciente prestigio como director, la Warner Brothers le permitió un control creativo total en sus películas. Kubrick manejaba cada uno de los detalles y el estudio no tenía ningún derecho a modificar su trabajo. Sus excentricidades al filmar se hicieron entonces cada vez más evidentes. Se dice, por ejemplo, que durante el rodaje de 2001: Odisea del espacio se obsesionó con el rojo y exigía que en cada escena apareciera un objeto de ese color, y que odiaba el negro, pues creía que le traía mala suerte. De hecho, no permitía que alguien vistiera trajes negros durante el rodaje. Así mismo, estaba angustiado ante la posibilidad de que los extraterrestres llegaran a la Tierra antes de que se estrenara su película. Intentó contratar un cuantioso seguro que cubriera el riesgo económico de tal eventualidad. A esto se le sumó la controversia que generaron La naranja mecánica y Lolita. De hecho, la primera, por su exceso de violencia, fue retirada de las salas de cine unas semanas después de haber sido estrenada.

Sin embargo, fue durante el rodaje de Barry Lyndon (1975), El resplandor (1980) y Full Metal Jacket (1987) cuando Kubrick llevó hasta extremos inimaginables su extravagancia. Así lo recordó Ken Adam, director de fotografía de Barry Lyndon: "Teníamos interminables conversaciones en las que me exigía probarle que determinado papel de colgadura era victoriano y no del siglo XVIII. Además, quería filmar toda la película con luz de velas". En efecto, Kubrick utilizó un sofisticado sistema de filmación para poder trabajar sólo con velas en las escenas de interiores. También controló todos las traducciones que se exhibían en otros países e incluso exigió que éstas fueran hechas por escritores profesionales.

En 1975 le ofrecieron que dirigiera la segunda parte de El exorcista, pero se negó, pues quería hacer su propia película de terror. El problema es que quería hacer la mejor película de terror de todos los tiempos: se pasó meses diseñando cada uno de los escenarios y, a la hora de filmar, llegó a repetir hasta 75 veces una misma toma. Jack Nicholson, el protagonista, contó en una entrevista que lo había hecho repetir durante cinco horas la escena en la que destruye una puerta y que utilizó 20 tipos de hachas diferentes. También que les contaba historias macabras a los niños actores que participaban en El resplandor para que sintieran miedo de verdad. Al final, Kubrick filmó más de 400.000 metros de película, que corresponden a 142 minutos de metraje por cada minuto utilizado. Eso quiere decir que utilizó menos del 1 por ciento del material que había filmado.

Y lo mismo ocurrió con su última película, Ojos bien cerrados. El director les exigió a todos sus actores que le dedicaran dos años a este proyecto. Fue tal el nivel de exigencia que dos actores, Harvey Keitel y Jennifer Jason Leigh, se retiraron a mitad de la filmación. También son famosas las bromas crueles y las humillaciones públicas a las que sometió a su protagonista, Tom Cruise. La prensa informó que en un momento Kubrick estaba tan decepcionado con la actuación de Cruise, que pensó en reemplazarlo por Woody Allen o Steve Martin.

Poco antes de su muerte logró terminar su producción y quedó tan satisfecho que afirmó que Ojos bien cerrados era la mejor película que había hecho hasta el momento. Sin embargo, Los archivos secretos de Stanley Kubrick muestra que, a pesar de la extenuante filmación, Kubrick ya tenía en mente otros grandes proyectos. El primero de ellos era Inteligencia artificial, una película de ciencia ficción. El director tenía tan avanzada la película, que Steven Spielberg la retomó y la filmó. También tenía en mente una adaptación de El péndulo de Foucault, la novela de Umberto Eco.

Claro que su proyecto soñado era una película sobre la vida de Napoleón. Kubrick trabajó durante años en esto: leyó miles de libros y contrató un grupo de historiadores para investigar. En sus archivos había un enorme cuaderno en el que tenía anotado lo que Napoleón había hecho cada día de su vida. Incluso tenía estudios climatológicos y geológicos de los lugares donde tenía planeado filmar. Además ya había elegido a su protagonista: Jack Nicholson. "En una ocasión Napoleón advirtió que su vida podría ser objeto de una gran novela. Estoy seguro de que hubiera dicho película si en aquella época hubiera existido el cine", sostenía el director.

Pero, al margen de estas anécdotas, queda claro que Kubrick le entregó su vida al cine. Sus películas eran su gran amor y por eso a veces se excedía: quería que el resultado fuera maravilloso. Y tal vez no fue en vano: si se mira con cuidado, es claro que Kubrick es uno de los directores que más se han acercado a la perfección.

¿Tiene algo que decir? Comente

Para comentar este artículo usted debe ser un usuario registrado.