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| 12/14/1987 12:00:00 AM

LA OPERA DE LA BASTILLA

Un sueño que destronará a la vieja realidad de "La Opera" en París.

"La Opera". Así, simplemente, se conoce una de las más presitigiosas, si no la más importante sala de ópera del mundo. Se la conoce así, con ese nombre, como se conoce a "Covent Garden" de Londres, o al "Met" de Nueva York, o a "La Scala" de Milán. Ha sido la meca de la música lírica contemporánea, y una pieza maestra de la arquitectura. Cuando su arquitecto, Charles Garnie, se la mostró a la Emperatriz Eugenia, ella quedó con la boca abierta, asombrada con su estilo. Garnie le dijo: "Mi sala de ópera. Pero, Señora, está hecha en el estilo de Napoleón III".
La edificación incorporaba una serie de técnicas que incluían la utilización del hierro. Fue inaugurada el 5 de enero de 1875 por Marshal Mac Mahon. Actualmente, "La Opera" se ha convertido en algo difícil de manejar. A pesar de su famosa escalera y sus numerosos foyers, del nuevo cielo raso pintado por Chagall y de la archiconocida araña de la cual se balancea Claude Rains en la película "El fantasma de la ópera", la sala sólo cuenta con 1.800 sillas con vista restringida. El espacio detrás de la escena es limitado y los elementos de utilería y el vestuario tienen que guardarse en otro sitio, en el otro extremo de París. Como si fuera poco, su funcionamiento devora mucha plata.
De ahí que haya surgido un sueño, el sueño de la Bastilla. Consiste en construir otra sala de ópera, en el centro de París, mucho más grande que la actual. Tan grande, que sería posible presentar simultáneamente una de las más complicadas óperas tradicionales en el auditorio mayor, y producciones modernas más modestas en una sala más pequeña. El sueño, claro está, implica tener el equipo técnico más moderno. Pero el plan contempla también la creación de todo un centro cultural, donde no sólo se exhiba lo mejor de lo mejor en ópera, sino donde haya a disposición del público librerías, salas de cine, salón de conferencias y almacenes de discos, para convertir el lugar en el principal centro de divulgación del género: ofrecer la mayor cantidad de funciones a los más bajos precios y lograr la mayor cantidad de espectadores con las mejores condiciones artísticas.
El proyecto de "La Opera de la Bastilla" fue originalmente planeado en la Villete al este de París, pero se decidió finalmente construirlo en pleno corazón de la Ciudad Luz, un lugar enraizado en la historia, un símbolo de las clases trabajadoras (el lugar donde una vez se erigió la prisión de la Bastilla, que fue destruida en 14 de julio de 1784)en un área, sin embargo, donde el conjunto arquitectónico no puede ser dañado por un edificio tan grande como el de la nueva ópera. Desde 1981, cuando se tuvo el visto bueno presidencial, un pequeño grupo de personas ha estado viajando, observando aquí y allá, y extrayendo ideas de los principales centros culturales y operáticos del mundo. Poco a poco, el diseño para el inmenso auditorio (con un escenario central flanqueado por otros cinco escenarios iguales, que permiten ampliar la escena hasta donde sea necesario) salió a flote. Otras de las ideas propuestas fueron tomando forma: una sala de ensayos con las dimensiones exactas del escenario principal, que se comunica directamente con él, el plan para un segundo auditorio totalmente transformable, que combina las mejores ideas del Shaubuhn de Berlín y del Ircam del Centro Pompidou de París; la idea de la integración total del edificio con los almacenes de libros y de discos; y el gran auditorio (3 mil asientos) y donde cada cosa puede verse y oirse perfectamente desde cada silla. Con estos conceptos en mente, en 1983 se llamó a un concurso internacional, para escoger al arquitecto. De 800 participantes, se eligió a un equipo encabezado por el Ganadiense Carlos Ott. Así como Beaubourg, uno de los monumentos más franceses del París contemporaneo, fue construido por un italiano, un inglés, "La Opera de la Bastilla será construida por un latino-canadiense.
Cada día este sueño se convierte en más real. También hay un pequeño grupo artístico encargado de preparar las futuras presentaciones y de escoger los operarios para el auditorio transformable. Todo un sentimiento de progreso y desarrollo se respira en el centro de París. La pregunta que los parisinos se hacen es: ¿qué estará pensando desde su tumba el querido Garnier? Parece que va a tener que resignarse, porque el nuevo proyecto ya cobró vida. Seguramente será tan controvertido como el centro Pompidou, pero también seguramente será irremediablemente aceptado.
Por el momento, se presume que la compañía y la orquesta de La Opera de París se trasladarán a la Bastilla, y que el Ballet de la Opera permanecerá en la casa de Garnier.
Los trabajos ya comenzaron. En una longitud de cerca de 300 metros, que va de la calle Lyon a la calle Charenton, la nueva sala de ópera mirará sobre el gran canal Bassin L'Arsenal, recientemente convertido en un pequeño puerto para que botes y yates anclen en París. Así, agua, vidrio, piedra y concreto emergerán juntos para celebrar la música. Este es el proyecto de la Bastilla. Un sueño en el cual ya trabajan una serie de arquitectos, diseñadores, luminotécnicos, expertos en acústica, administradores y financistas. Un sueño cuyo modelo luminoso y transparente está dando lugar para que nazcan otros sueños.






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