Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1985/12/16 00:00

LA OTRA CARA DEL NEGRO

El espinoso tema del control de cambios, en un ensayo que pretende estar más al alcance del ciudadano común

LA OTRA CARA DEL NEGRO

CUEVAS ANGELA. "La otra cara del dólar". Bogotá: Editorial Tercer Mundo, 1985. 184 páginas.
Constituida, al menos en apariencia, como una ciencia, la economía se apoya en un caudal de teorías que a su vez se prolongan en la vida social y política de un país a través de sus normas jurídicas estatales. Pero como el estudio de estas teorías ha quedado por lo general encerrado en los guetos de los economistas y las normas jurídicas que nos gobiernan son jeroglíficos egipcios para el hombre común, éste sólo puede ver desdibujada su relación con las materias económicas. Explicar a este ciudadano medio con una lógica simple aquello del control de cambios, la mecánica de las reservas en el exterior, las-divisas, el fenómeno del lavado de dólares y de los mercados paralelos, es una tarea de la que poco se han ocupado los especialistas en e país. La aparición de "La otra cara del dólar", un libro tan interesante como mal impreso, viene a llenar parcialmente ese vacío.
Al libro nos introduce una metáfora, asaz ilustrativa y que sería digna de Galbraith: "El dinero es como el agua, donde hay una grieta, por allí fluye", escribe Angela Cuevas. Por la general fluyen los capitales hacia los Estados Unidos.
En realidad la política de puertas abiertas de los banqueros e instituciones financieras norteamericanas ha obligado a numerosos países a dictar normas reguladoras y a establecer estímulos financieros, para evitar una gran fuga de capitales. Esta materia que está encerrada dentro del derecho cambiario como parte constitutiva del derecho económico moderno, es la que viene a sacar a la luz pública "La otra cara del dólar".
Traza la autora un breve balance histórico de los antecedentes del primer control de cambios establecido en Colombia y muestra los caminos que recorrió como una consecuencia de la conmoción internacional que suscitó un brusco decreto del gobierno inglés, en 1931, mediante el cual suspende definitivamente la conversión de las libras esterlinas en oro metálico.
A partir de entonces, bajo la crisis se sucede en el país una legislación con sus disposiciones orientadas a mantener en equilibrio la balanza de pagos. El análisis de tales disposiciones y la consideración de la ideología monetaria que las produce, sus derogaciones, el conocido decreto 444 de 1967, y los nuevos fenómenos económicos, como los propiciados por las bonanzas cafetera y marimbera,hacen parte de los primeros capítulos de un libro cuya indiscutida utilidad se centra en los círculos académicos y profesionales. La autora, hija de Don Elciario Cuevas, fundador de la casa de cambios más antigua del país, conoce el funcionamiento, el desarrollo y la estructura cambiaria, su naturaleza jurídica y sus atribuciones y por esto es tan estimable su autoridad con la que censura ciertas disposiciones y procedimientos puestos en tela de juicio en "La otra cara del dólar". Si la autora pasa revista a las disposiciones cambiarias y a su práctica con reflexiva posición crítica, también echa una mirada parecida sobre el aspecto social, casi pintoresco, de los estímulos que se ofrecen para la fuga de capitales hacia los Estados Unidos, y alude tanto al dólar negro, como al ya legendario y punible lavado de dólares.
"La otra cara del dólar" en realidad pretende abarcar una materia con numerosas bifurcaciones y propone la restructuración del control de cambios en un argumento que desglosa en siete páginas sucintas que pueden considerarse como la conclusión de su estudio. Todo esto sin duda tiene un valor claro y específico para quien no se siente perdido y desamparado en tan incierto follaje. Pero quien ha llegado allí después de haber sido provocado por los ecos interrogantes, tan llamativos como los que propone la contracarátula del libro, se encuentra con que estas preguntas,si fueron absueltas por su autora, ella lo hizo en un lenguaje que no siempre condescendió a ponerse en contacto con el del ciudadano común, perdiendo así el lector corriente, no especializado, la real comprensión de los hechos. La señora Cuevas está, sin duda gracias a su buen estilo, capacitada para divulgar con toda claridad a un mayor número de personas estos asuntos, sin rivalizar con los economistas ni con los jurisconsultos. La edición que ofrece Tercer Mundo es realmente lamentable. Nada justifica ya que un sello editorial con tantos años de experiencia como Tercer Mundo presente una edición tan vergonzosamente mala que desluce un valioso trabajo intelectual reduciendo una obra importante a un folleto de triste calidad editorial. --

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