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| 2/22/1988 12:00:00 AM

LA OTRA GUERRA

En "Jardines de Piedra", Coppola muestra otro ángulo del Vietnam

Nueve años atrás el director Francis Coppola golpeó a todos con la crónica de un joven oficial que atraviesa la selva y el infierno de la guerra en busca de un coronel que ha enloquecido y mantiene un reino de terror entre los nativos, porque tiene la orden de liquidarlo y lo hace, mientras todo se derrumba. Era un realizador exaltado como Coppola tomando como pretexto una novela de Conrad. Habían pasado cuatro años en medio de tifones, rebeliones, destrucción de escenarios, peleas con la mujer y los hijos hasta conseguir una obra maestra como "Apocalipsis Ahora".
Desde entonces Vietnam ha seguido siendo obsesión para varios directores, incluyendo a Oliver Stone con Platoon y Stanley Kubick con "Nacido para matar". Vietnam sigue preocupando a Coppola y por eso ha realizado "Jardines de piedra" para mostrar la otra guerra, la que siguen sosteniendo los muertos en la placidez aparente del cementerio de Arlington, la que continúan soportando sus deudos la que prolongan los oficiales que prepararon estos muchachitos para que fueran a los lodazales y mataran sin hacer la menor pregunta a campesinos vestidos de negro que hablaban un lenguaje extraño.
En cierta medida, "Jardines de piedra", con todo ese ritual de la muerte y el dolor, mostrando cómo la Vieja Guardia, el cuerpo especial encargado de cuidar y sepultar a quienes mueren en combate por la Patria, esa élite uniformada y alimentada y entrenada a la perfección, como máquina hermosa, se endurece cada vez más con la llegada de nuevos cadáveres, frescos y húmedos, procedentes de las trincheras y los arrozales, en cierta medida, es más violenta y más dura y también más amarga que la misma "Apocalipsis ahora". No hay tiros, no hay escenas de batallas, no hay heridas expuestas pero en cambio, asistimos al espectáculo de esa muchachita recién casada e inexperta aún en el amor a quien le matan el joven marido. El espectáculo del vacío, la soledad, el resentimiento y sobre todo, el derrumbe moral de toda una nación que no entiende cómo el Gobierno sigue enviando carne fresca al matadero. Eso es peor. El sargento Clell Hazard (James Caan), encabeza el entrenamiento de los reclutas que formarán parte de la Vieja Guardia, una institución que se remonta a la época de la independencia y cuya zona de operaciones siempre ha estado en Arlington. Para Hazard, Vietnam es un error y una locura y sostiene que la guerra se puede pelear en cualquier sitio, aún en esa hierba socavada por las tumbas. Entre los reclutas se encuentra Jackie Willow para quien la gloria, el honor y el valor consisten en dejarse matar por un vietnamita. Son las dos caras de la concepción norteamericana de Vietnam. El lado práctico y burocrático, y el romántico que pronto será despedazado.
Curiosamente, Coppola ha regresado al símbolo de la familia, al núcleo social para mostrar la descomposición y las dudas de una época. Así como en "El Padrino", la familia era el emblema de la corrupción y el mal, aquí se convierte en proyección del dolor, la ansiedad y la frustración de toda una generación. "Jardines de Piedra" es una mirada a las relaciones de ese sargento cínico y ese muchachito idealista y cómo la realidad se encarga de alterarles todos sus conceptos, golpearlos, enseñarles que Vietnam era algo más que una hilera de campesinos hambrientos, era la gran equivocación que todos tendrán que pagar a su manera. Algunos despistados mirarán esta película como un homenaje a los militares. Es más que eso: es la visión del interior de un mecanismo que quedó atascado hace mucho tiempo.--
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