Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1989/11/06 00:00

LA OTRA HISTORIA

Una colección de novelas deja en claro que la historia y la literatura van de la mano.

LA OTRA HISTORIA

Walter Scott, Marguerite Yourcenar, Robert Graves, Víctor Hugo, Theophile Gutier, Alexander Pushkin, Alejandro Dumas, André Malraux, Ernest Hemingway, son novelistas cuya sola mención evoca un pasado literario glorioso. En algún momento de su vida estos escritores fueron atraídos hacia una época histórica particular; sobre ella compusieron sus novelas.

Una nueva colección, la "Biblioteca de novela histórica", que por estos días hace su aparición, recupera una serie de obras escritas por novelistas de importancia de los mencionados.
En la colección están los nombres de otros autores menos conocidos, pero con obras acogidas a la altura de la selección.

Aunque la cuestión de los géneros se presta a discusión, el criterio para conformar esta biblioteca obedeciá muy probablemente a señalar en la historia literaria aquellas obras que no suplantan con la ficción la historia tal como los historiadores la han referido. Más bien aquellos que la han recreado, matizándola y profundizando en ella para hacer la tan accequible como verosímil. Así este género envuelve en su perspectiva la economía y la sociología, la historia misma y la política, catalizada a través de los incidentes y anécdotas de sus personajes. Aunque no hay novela sin personajes, la característica de este género histórico consiste en sobrepasar los hechos individuales con una concepción de la época. El autor establece así el carácter de un período importante de la historia. Sus personajes dan el punto de vista pero el campo abarcado por la narración comprende todo un panorama social.
El novelista que introduce al lector en el medio social y cultural de la vida que refleja, le proporciona tantos elementos para su conocimiento que el lector así puede comprender las costumbres y organizaciones de los pueblos en épocas determinadas.
Muy probablemente resulta más sugestiva la lectura de Ivanhoe que la lectura de un tratado de historia medieval. Pues si el historiador da la pauta general de la vida, el novelista enseña lo particular, los hechos concretos te los cuales lo general será su consecuencia. La atracción que ejerce la narración literaria de hechos sucedidos sobrepasa incluso la provocada por la pura ficción. El hecho de sentir que tal acontecimiento sucedió realmente, reactiva en el lector una curiosidad por lo que realmente aconteció. En el recurso del relato de los acontecimientos históricos está el origen de la literatura; ¿no es acaso el relato de Ulises lo que constituye La Odisea? El poema homérico, mitad realista, mitad fabuloso, era escuchado como la narración verdadera de esa empresa heroica que había acontecido en un tiempo y un lugar remotos. El auditorio de la antiguedad clásica se sentía fuertemente atraído por ese grado de realismo presentado en la ficción.

Es claro que en cada época la novela histórica ha sido escrita bajo diversos presupuestos y con fines particulares. Unas veces primaba la búsqueda del efecto edificante y moralista; otras, como con Walter Scott, la novela servía para mostrar cierta corrupción en las esferas del Estado; otras, la acción se vuelve sobre los males sociales, sobre los cuales, como en "Los miserables". de Víctor Hugo, o en "La piel", de Curzio Malaparte, el novelista enfoca su atención a fin de hacer sensible al público a cierta condición humana.

Cada novela histórica insiste en su época, la desarrolla y la sintetiza.
Produciendo un efecto emocional mucho más fuerte y perdurable que los estudios y ensayos de los moralistas e historiadores. La atracción que ejerce sobre el presente, el pasado remoto, seguramente tiene explicaciones de orden psicológico, perfectamente plausibles. El hecho cierto es que gracias a esa atracción la historia le la literatura cuenta con apasionalas y fogosas obras maestras.

Algunas han sido incluidas en esta Biblioteca de Novela Histórica, un nuevo motivo para revivir los autores clásicos, para redescubrir su proeza.













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