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| 7/2/2001 12:00:00 AM

La paradoja de la poesía

Mientras que festivales como el de Medellín convocan multitudes y cada año aparecen nuevos poetas, casi nadie compra sus libros.

Que facil es quererte ahora Raúl Gómez Jattin,/ cuando ya no representas un peligro para nadie/ cuando eres un par de pies llenos de barro,/ verduscos,/ en la

cabina de la camioneta de medicina legal,/ nunca más niño, nunca más hombre,/ nunca más fauno ni bestia./ Sólo un cuerpo sangrante y patético/ de loco atropellado,/ que periodistas serviles/ amigos y lagartos se disputan./ Pero tú te lo buscaste, y no voy a sentir compasión por ti/ lo máximo que haré será escupirte a la cara”, reza la cartagenera Eva Durán, de 25 años de edad, una de las jóvenes poetisas que se está dando a conocer lentamente a través de revistas y periódicos del país.

Su referencia explícita a Gómez Jattin no es gratuita. Muchos jóvenes de su generación no escapan a la sombra de poetas anteriores. Para bien o para mal se remiten a ellos para elogiarlos, insultarlos o, simplemente, para dejarse llevar por sus temáticas. Como tampoco pueden escapar a la realidad nacional y a la violencia que a diario azota al país. Son voces que desde hace rato se quieren hacer oír pero no encuentran el espacio. Ya no gozan de la facilidad que tuvieron vates de otras épocas, como José Asunción Silva, León de Greiff, Porfirio Barba Jacob o Eduardo Carranza.

El Festival Internacional de Medellín, que se realiza desde hace 11 años y se celebra por estos días en la capital antioqueña gracias a la organización de la revista Prometeo, este año llega a una nueva versión con 120 poetas invitados de 70 países diferentes. Este evento, junto con revistas especializadas como Ulrika, Luna Nueva, Golpe de Dados y los suplementos literarios de los principales periódicos del país, han sido los espacios encargados de difundir estos versos que tienden a quedarse en el anonimato.

El poeta y periodista Federico Díaz-Granados se puso a la tarea de reunir el trabajo que estos jóvenes han realizado durante los últimos años en una antología titulada Inventario a contraluz. Una antología de una nueva poesía colombiana. La recopilación está dispuesta en dos partes. La primera se llama Acta de los adioses, con autores nacidos entre 1960 y 1969, y la segunda, Oscuro es el canto de la lluvia, que recoge a los vates nacidos a partir de 1970. De los primeros sobresalen nombres como Jorge García Usta, Hugo Chaparro Valderrama, Carlos Alberto Troncoso, Oscar Torres Duque, Jorge Mario Echeverry y Ramón Cote Baraibar.

“Todos están interesados por los mismos temas, guardan una gran similitud en voces y en acentos. A diferencia de generaciones anteriores, los jóvenes de ahora, en su mayoría, han asistido a talleres, tienen una formación más literaria y hay mucho rigor en el oficio. Sin embargo yo no quiero hablar de esta antología como una nueva generación sino de una promoción de nuevos autores. Tampoco me atrevo a presagiar quiénes de ellos serán los grandes maestros de la poesía”, comenta Díaz-Granados.

Una de las características que cobijan a los jóvenes que están surgiendo es que no hay ningún afán en crear una ruptura abrupta con las generaciones anteriores. A diferencia de la narrativa, en la cual, sin duda, Gabriel García Márquez se constituyó en un antes y un después, en la poesía ha persistido una asimilación del legado de sus antecesores para, a través de ellos, conseguir la escritura deseada.

La otra cara

La poesía en Colombia vive una paradoja. Mientras el Festival de Poesía de Medellín edición tras edición acapara más público, en las librerías cada vez se vende menos poesía. Editorial Norma acaba de cerrar su Colección de Poesía, que durante seis años difundió la labor de notables poetas como Rogelio Echavarría, Héctor Rojas Herazo, Juan Manuel Roca, entre muchos otros, simplemente porque las ventas no eran las mejores.

En los últimos meses, incluidos autores extranjeros, muy pocos títulos superaron la venta de los 1.000 ejemplares. “Sin duda el que más se vendía era Raúl Gómez Jattin, quien alcanzó a tener más de cuatro reimpresiones. El gran problema de la colección no es nuevo: es la falta de difusión y la falsa creencia de que nadie lee poesía y que nadie la compra. Hasta las editoriales se convencen de eso y por ello no arriesgan en el género”, opina Claudia Cadena, editora de la Colección de Poesía de Editorial Norma que acaba de desaparecer.

Si para una novela es difícil alcanzar el reconocimiento, para un libro de poemas lo es mucho más. De allí que las editoriales prefieran apostar a las antologías que agrupan a varios autores. Lo cierto es que las revistas universitarias y las publicaciones literarias son el salvavidas para los poetas que esperan difundir su trabajo. Las plazas y los parques de Medellín serán durante esta semana el auditorio perfecto pero queda la duda sobre quiénes realmente están leyendo poesía.
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