Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2009/08/08 00:00

La pasión de Gabriel

La segunda película de Luis Alberto Restrepo nos invita a reflexionar sobre este país acosado por el 'desempleo armado'. **1/2

El padre Gabriel (Andrés Parra) se enfrenta a los peligrosos líderes del pueblo en el que vive

Título original: La pasión de Gabriel.
Año de estreno: 2009.
Género: Drama.
Director: Luis Alberto Restrepo.
Guión: Diego Vásquez y Luis Alberto Restrepo.
Actores: Andrés Parra, María Cecilia Sánchez, Jorge Rodríguez, Isabel Gaona, Diego Vásquez Camayo, Hernán Méndez, Miguel Torres, Jimmy Vásquez, Álvaro Rodríguez.

Sabemos, desde las primeras escenas, que el cura Gabriel no es más que un hombre: juega al fútbol con la misma entrega con la que lo juega el hijo de Dios en El día en que murió Cristo (1980), sostiene un romance escandaloso semejante al que manda al infierno al protagonista de El crimen del padre Amaro (2002) y enfrenta a los peligrosos gamonales del pueblo con la mezcla de miedo y de valentía con la que alguna vez lo hizo Don Camilo (1952). Sí, el Gabriel del título no es más que un hombre. Y no quiere nada más que el bien de una comunidad acorralada por los ejércitos turbios que se disputan el territorio colombiano. Y sin embargo, todo, desde los 33 años que acaba de cumplir hasta la mirada traicionera de un grupo de negociantes amigos de la guerrilla, parece decirnos que pronto será otro redentor crucificado.

La pasión de Gabriel es una parábola que retrata una comunidad con el alma en vilo: es cierto que, como cualquier alegoría, en los momentos cumbre parece mucho más interesada en lo que dice que en el drama que se ha propuesto contar, pero sin duda hace lo mejor que puede (recrea sin afectaciones la vida en los pueblos, confía en un gran elenco comandado por el brillante Andrés Parra) para no dejar de ser, sobre todas las cosas, una mirada compasiva a un grupo de personajes que se han quedado atrapados en un mundo sin dios ni ley. Su director, Luis Alberto Restrepo, ya había probado que esa es su gran virtud: el amor por los personajes era el punto fuerte de su primera obra, la decorosa La primera noche (2003), que ha resistido bien el paso de los años.

La pasión de Gabriel también tiene un corazón que late todo el tiempo. Pero, atrapada a medio camino entre la fábula bíblica y el cuadro de costumbres, olvida montar las secuencias de suspenso que la narración requería (las sombras ocultas, que pisan los talones, que la trama necesitaba) para llevar al espectador al borde de la silla, anuncia dificultades que jamás acaban de llegar y deja a medio resolver los conflictos dramáticos que el guión le hace vivir al cura Gabriel desde el principio. ¿La resignación o la ira?, ¿el amor por Silvia o la vida en la iglesia?, ¿el trabajo caritativo o la liberación social?: el sacerdote avanzará por la película, de rollo en rollo, sin que nadie lo obligue a decidirse.

Un pie de página: qué bueno es ver a Miguel Torres, fundador del teatro El Local, creador de la novela El crimen del siglo y autor de esa obra magistral titulada La siempreviva, en un pequeño papel en La pasión de Gabriel: como lo ha hecho siempre la obra de Torres, la de Restrepo, que hace algunos meses dirigió la serie de televisión El cartel, ha querido enfrentarnos con la realidad de este país en el que el principal problema sigue siendo lo que la columna de Antonio Caballero llamaba, hace apenas unos meses, "desempleo armado".

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