Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/12/11 00:00

LA PELEA ES PELEANDO

Ahora Michael Douglas es un policía solitario y salvaje en "Lluvia negra".

LA PELEA ES PELEANDO

"Lluvia negra" Dirigida por Ridley Scott - Policíaca Con Michael Douglas y Andy García.
En japonés existe una palabra que encierra la esencia de la nueva película del realizador británico Ridley Scott ("Los duelistas ", Blade Runner, " Leyenda" "Alien", entre otras), una historia policíaca que transcurre entre Nueva York y Osaka: Gaijin, es decir, extranjero, que no entiende las costumbres, ni las normas, ni las confusiones caracteristicas de una sociedad a la que acaba de llegar, pensando que se convertirá en el amo, en el conquistador. Gaijin también significa bárbaro, incapaz de comprender y apreciar lo que está descubriendo.
Nick Conlin, el policía interpretado por Michael Douglas, un personaje que enloquece con las motos, la velocidad suicida, las competencias bajo los puentes de Manhattan, la ropa de cuero negro,se parece demasiado a otros dos policías del cine contemporáneo, protagonistas de "Arma mortal" y Blade Runner.
Como ellos, Conlin es un lobo solitario que aplica sus propios métodos, que emplea la violencia como única manera de averiguar la verdad cuando captura un sospechoso y quien, como el inspector Harry, primero dispara y después pregunta.
Las primeras escenas le cuentan al espectador qué clase de héroe tendremos que soportar durante las próximas dos horas. Nick corriendo en moto, apostando, ganándose un billete de 50 y más tarde, acompañado por su pareja Charlie (Andy García, el policía latino de "Los intocables"), en un restaurante, asistiendo al momento en que la cena de un grupo de norteamericanos y japoneses, sentado a la mesa, es interrumpida por varios asesinos. Nadie se mueve. Nada se oye. Nadie hace nada por salvar al anciano japonés, a quien esculcan y luego deguellan. La guerra ha comenzado. Los dos policías tendrán que abandonar su hábitat de Nueva York y embarcarse hacia Osaka.
Es entonces cuando una palabra mágica, Yakuza, descubierta varios años atrás con la triste película de Sidney Pollack, cobra vigencia. Douglas y García, perdidos en esa selva de neón, caminando por calles cargadas de humedad, contaminación, basuras y enemigos que recuerdan las calles de Los Angeles en Blade Runner, observados por miles de ojos que atraviesan el humo gris, comiendo fideos en ventas callejeras, son como extraterrestres en esa nación donde los oficiales y los policías son educados, bien vestidos y pacientes.
Poco a poco, en medio de golpes, tiros, navajazos y cadáveres diseminados, mientras los dos extranjeros atan los hilos sueltos, el espectro de la Yakuza,la mafia japonesa que está falsificando dólares internacionalmente, emerge como el enemigo principal y el espectador siente que uno de los propósitos iniciales del director profundizar en la hostilidad y el temor que acerca y separa a ambos países, está logrado.
Por supuesto, si alguien busca los trazos intelectuales, existenciales y hasta poéticos de esa gran obra maestra que es Blade Runner, no los encontrará aquí. Existe en el realizador una curiosa obsesión por los escenarios, por la descomposición ambiental, por el humo contaminador que se mezcla con la lluvia y el reflejo de las calles mojadas y los haces de luz que entran por las rendijas de las ventanas: pocos directores tan plásticos, tan preocupados por la composición visual como Scott, y en esta película aun en escenas de física acción, como ese camión que persigue a Douglas y por poco lo aplasta en plena calle, se siente un lenguaje cuidadoso y personal, como en esos paisajes campestres, donde será la batalla decisiva (filmada, curiosamente, no en Japón sino en Napa Valley, California). Por eso la sensación de que Scott se ha preocupado más por el entorno que por los seres humanos y cuando estos hablan, en ocasiones, dicen tonterías que nada tienen que ver con la realidad.
Los japoneses usan la expresión "Lluvia negra" para referirse al desastre dejado por las bombas en Hiroshima y Nagasaki. Cuando supieron del título de esta película,lo objetaron. En dos ocasiones la expresión es utilizada y es clara la intención en señalar todos los conflictos que los dos gaijines encierran para esos japoneses que ni siquiera cuando matan o mueren dejan de sonreir cortésmente. Como el espectador.

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