Domingo, 11 de diciembre de 2016

| 2007/09/15 00:00

La pianista que salió del armario

Gabriela Montero recupera una tradición perdida en el siglo XIX: improvisar sobre las partituras de los grandes compositores.

Los recitales de la venezolana Gabriela Montero son uno de los platos más apetecidos del panorama musical internacional.

Esta pianista es diferente a sus colegas. Se llama Gabriela Montero, nació en Venezuela en 1970 y a los 12 años tocó en público el Concierto de Tchaikosvki. Es diferente. Porque no se plantea ataduras. Hasta se parece más a los grandes del siglo XIX que a los de su tiempo. En el pasado sus colegas no tenían límites porque entre sus prerrogativas y obligaciones estaba imponer un sello personalísimo a lo que hacían: podían y debían agregar pasajes de su propia invención e improvisar; y el público lo disfrutaba. Claro, algunos abusaban de esa libertad que ciertos compositores encontraban irritante.

Con el advenimiento del siglo XX se inició el proceso del literalismo, es decir, limitarse a tocar la nota impresa. No muchos pianistas se atrevieron a contravenirlo, entre otras cosas porque el público no lo acepta de buen grado. Algunos tratadistas, como Harold Schomberg y Jeremy Siepmann, se lamentan de que esa tradición haya desaparecido de los escenarios.

Gabriela Montero parece ser la primera que de nuevo se atreve a hacerlo. Desde sus inicios cultivaba en secreto su talento innato para la improvisación, hasta que la pianista argentina Martha Argerich, le animó para hacerlo en público. "La improvisación es algo tan natural para mí, que sentí cierto alivio al poder, por fin ¡salir del armario!".

Ha conseguido un justo punto de equilibrio: cuando toca una obra la respeta y lo hace asombrosamente bien, pero cuando el recital llega a su fin, mira al público y le pide un tema para improvisar, entonces el auditorio se convierte en un griterío: "Me proponen temas que va desde una sinfonía de Haydn a la Guerra de las Galaxias: ¡todo es posible!", dice. Hoy en día sus presentaciones son uno de los platillos más apetecidos del mundo musical: una pianista que en cierta medida hace lo que quiere y toca lo que el público quiere oír.

En estas dos grabaciones del sello EMI está el testimonio del talento de esta mujer, que entre otras cosas es la segunda pianista venezolana que logra reconocimiento mundial. La primera fue Teresa Carreño (1853-1917) la Valkiria del piano, de quien se dice fue la pianista más temperamental y dotada del siglo XIX, compositora, pionera en la dirección de orquesta, cantante de ópera y con cuatro maridos, lo que generaba suspicacias por su cercanísimo parentesco con Carreño… el de la Urbanidad.

En la primera grabación muestra sus condiciones literalistas en obras de colosal dificultad: Rachmaninov, Scriabin, Granados, Ginastera, Chopin y el Vals Mefisto de Liszt en el primer compacto del álbum, porque el segundo trae improvisaciones sobre temas de los anteriores compositores, de Bach y dos de su autoría.

El segundo disco, Bach and beyond, es bastante más arriesgado. Son improvisaciones sobre temas de Bach: "Pienso que se puede improvisar sobre cualquier compositor; pero en el caso de Bach hay una perfección que se presta particularmente bien a la improvisación; hay una sencillez en su música que esconde, bajo la superficie, una complejidad increíble".

Si vemos el panorama internacional hoy en día, Venezuela ha instalado en el mundo dos estrellas de talla universal: el director Gustavo Dudamel y esta mujer, que parece llamada a continuar un capítulo de la historia que ya parecía cerrado.

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