Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1992/02/03 00:00

LA POESIA TIENE LA PALABRA

Más de seis siglos de producción poética son analizados con una visión contemporánea en el libro"Historia de la poesía colombiana", publicado por la Casa Silva.

LA POESIA TIENE LA PALABRA

EN 1985 LA FUNDACION DE INVESTIgaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República publicó la transcripción de uno de los mitos más antiguos de la literatura colombiana: "El vuelo de las tijeretas". Realizado y analizado por el investigador Ann Osborn, esta serie de mitos mágicos precolombinos pertenece a la ancestral cultura de los u'wa, que habitó durante muchos años la Sierra Nevada del Cocuy y la cordillera oriental antes de la llegada de los españoles y que todavía hoy subsiste en grupos reducidos.
Los mitos de los u'wa, que nombran y describen minuciosamente cada una de las regiones que hacían parte de su territorio, pueden considerarse como una de las primeras manifestaciones culturales de los habitantes primitivos del espacio geográfico que más tarde sería Colombia. Anterior incluso a la narrativa mítica de la edad del bronce griega y nórdica, la producción poética de los u'wa constituye, entre otras cosas, su origen como cultura. Sin aquellos mitos, asociados a las divinidades y a los elementos cercanos de la naturaleza, no hubiera sido posible su afirmación como grupo homogéneo.
Develado hace poco tiempo, "El vuelo de las tijeretas" es catalogado como uno de los más valiosos testimonios sobre los orígenes de la poesía colombiana y aun sobre los inicios de la historia nacional. A partir de él y de muchos otros mitos de las culturas indígenas precolombinas, se comienza a esbozar el torrente poético colombiano que durante más de seis siglos ha contribuido a solidificar la identidad nacional.
Los vernáculos mitos u'wa, referidos por William Ospina en el capítulo "Poesía indígena", inician la serie de ensayos de diferentes autores que componen la obra poesía colombiana", lanzado recientemente al público por la Casa de Poesía Silva. Más que un compendio estructurado de poemas o una síntesis totalizadora de autores y tendencias, la característica primordial de la obra es la de presentar una visión moderna, bajo diversos puntos de vista, de la evolución poética de Colombia.
Dirigido por María Mercedes Carranza, con la asesoría de Darío Jaramillo Agudelo e Ignacio Chaves Cuevas, el proyecto abarca un amplio recorrido histórico de la poesía nacional, sin pretender, de ninguna forma, hacer una clasificación original de épocas y tendencias. Por el contrario, manteniendo la clasificación de los críticos tradicionales, lo que se intenta es actuali zar la visualización histórica de la poesía a criterios contemporáneos. Por eso, a pesar de que la división de los diferentes períodos es la misma, el criterio sobre ellas varía, se recompone de acuerdo con la madurez que brinda la perspectiva del tiempo transcurrido.
No es de extrañar, entonces, que el poeta y ensayista William Ospina, autor de los primeros cinco capítulos (Poesía Indígena, Poesía de la Colonia, Poesía de la Conquista y Poesía de la Independencia), reivindique la obra de Juan de Castellanos, considerado por muchos como un poeta mediocre cuyo único mérito consistió en elaborar el poema más extenso del mundo. O que David Jiménez. autor de los capítulos "Romanticismo" y "Poesía finiseeular", reastree las verdaderas raíees del romanticismo en los poetas de la Independencia. Los autores buscan, sin otra tentativa, revitalizar los análisis anteriores sobre el desarrollo histórico de la poesía, con visiones frescas.
Además de los capítulos anteriormente mencionados, la obra abarca con precisión el Modernismo, con poetas representativos como Guillermo Valencia, José Eustasio Rivera, Eduardo Castillo, Porfirio Barba-Jacob y Luis Carlos López; la generación de "Los Nuevos", con León de Greiff, Rafael Maya, Luis Vidales y Jorge Zalamea a la cabeza; el movimiento de Piedra y Cielo, representado entre otros por Eduardo Carranza, Jorge Rojas y Arturo Camacho Ramírez; la generación de Mito, en la que se destacan abiertamente Jorge Gaitán Durán, Eduardo Cote Lamus, Alvaro Mutis, Fernando Charry Lara, Rogelio Echavarría, Fernando Arbeláez, Héctor Rojas Herazo y Andrés Holguín; el Nadaísmo, encabezado por Gonzalo Arango, Jaime Jaramillo Escobar y Jotamario Arbeláez; y la generación de Golpe de dados, que reúne los principales poetas postnadaístas.
A juicio de los editores, José Asunción Silva, Aurelio Arturo y Mario Rivero merecen capitulos individuales por causas justificadas en el prólogo: Silva, porque es -sin duda alguna- el poeta más complejo e influyente de las letras colombianas, hasta el punto de dividir la historia. Aurelio Arturo, porque su ubicación histórica queda flotando entre la generación de los Nuevos y la de Piedra y Cielo. Y Mario Rivero, porque es él quien sirve de enlace entre el movimiento nadaísta y los poetas de Golpe de dados.
A manera de epílogo, Darío Jaramillo Agudelo realiza una útil recopilación de antologías aparecidas en Colombia sobre sus poetas a lo largo de la historia, añadiendo curiosos datos estadísticos.
En general, la "Historia, de la poesía colombiana" acierta en el sentido de ilustrar, en un lenguaje pedagógico pero con un alto tono literario, la evolución de una poesía que insiste en abrirse paso en el amplio universo literario. Una poesía que más que un simple proceso narrativo, continúa siendo símbolo inequívoco del desarrollo cultural erigido en Colombia a lo largo de los años en el contexto internacional, y tabla de medición de las transformaciones de la sociedad contemporánea.

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