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| 9/22/2003 12:00:00 AM

La primera noche

La primera película de Luis Alberto Restrepo, director de 'La costeña y el cachaco', es una buena historia bien contada.

Los efectos de la violencia -que gracias al artículo "la", dice el antropólogo Ambrogio Adamoli, se convierte en un monstruo que vive fuera de nosotros- han dado origen a las mejores películas de la historia del cine colombiano. Pensemos en Cóndores no entierran todos los días, en Confesión a Laura, en El río de las tumbas: las tres descubren gestos humanos en el fuego cruzado de la confusa guerra que, desde el principio de los tiempos, ha llenado de fronteras al mapa del país. La primera noche no es, quizás, un largometraje tan afortunado como los mencionados unas líneas arriba, pero sin duda es un relato necesario, lleno de personajes reconocibles, que nos recuerda que en los semáforos de todas nuestras ciudades tratan de abrirse paso miles de biografías modificadas a la fuerza.

No sólo seguimos, como señala el título de la producción, la dura llegada a Bogotá de una familia de campesinos desplazados. Gracias a una serie de escenas del pasado nos enteramos, además, del recorrido de sus dramas: el protagonista, Toño, un hombre joven dedicado a sus estudios, se ha enlistado en el Ejército porque esa, dice, es la única manera de entrar algún día a la universidad; la mujer que viaja con él hacia la capital, Paulina, pudo haber sido su esposa, pero su hermano mayor, Wilson, en las filas de la guerrilla en esos momentos, la ha dejado embarazada antes de tiempo; el rancho en donde hasta hace unas horas vivieron los dos, Toño y Paulina, en el centro de una zona selvática cercana a la vereda La Esperanza, se encuentra amenazado por las invasiones de los guerrilleros y por la paranoia de los militares. Sí, ese viaje por la primera noche en la gran ciudad tiene otra historia detrás. Y narrarla, sin perder de vista el enfrentamiento con las calles, es uno de los grandes aciertos de esta producción.

Si es verdad que durante la última media hora aquel ir y venir del pasado se hace tan constante que entorpece la resolución, también lo es que la vemos con interés, con dolor, con cierta angustia, porque nos hemos dado cuenta, para ese momento, de que estamos ante una película bien hecha. Para comenzar, cuenta bien una buena historia sin caer, del todo, en simbolismos que en verdad son lugares comunes. El respeto de Luis Alberto Restrepo, el director, por la situación imposible de los personajes -que sólo se pierde, creo, en aquellos minutos finales-, le abre paso a las estupendas actuaciones de Jhon Alex Toro, Carolina Lizarazo y Julián Román, y éstas, contenidas pero sugerentes, hacen verosímiles todos los pasos de la tragedia. La excelente edición del sonido, a cargo del músico Ricardo Escallón, nos hace olvidar y recordar, al mismo tiempo, que estamos viendo una ficción.

Como si no bastara, La primera noche le quita el artículo "la" al motor de nuestra historia, y nos recuerda, así, que el monstruo duerme adentro de todos. Que despierta. n\
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