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| 7/18/2009 12:00:00 AM

La propuesta

Sandra Bullock suple, con su carisma del Hollywood de antes, las incontables deficiencias de esta inofensiva comedia romántica.

Título original: The Proposal.
Año de estreno: 2009.
Director: Anne Fletcher.
Actores: Sandra Bullock, Ryan Reynolds, Mary Steenburgen, Craig T. Nelson, Betty White, Denis O'Hare, Malin Akerman, Oscar Nunez.

Lo bueno de las comedias románticas es que, en el peor de los casos, son películas inofensivas. Como La propuesta. Que a pesar de sus personajes borrosos, su trama perezosa y su incapacidad para convencernos de que así tenía que terminar, sirve de lo que tiene que servir: de pasatiempo. No está a la altura de los grandes ejemplos que ha dado el género, y de muy poco se perderá aquel que no la vea en una sala de cine, pero de vez en cuando hace reír, de vez en cuando recorre el camino menos transitado y de vez en cuando le da a la actriz Sandra Bullock, curtida en romances cinematográficos tras protagonizar Mientras dormías (1995), Miss Simpatía (2000) y Amor a segunda vista (2002), la oportunidad de hacer las caras que mejor le salen.

Para que una comedia romántica funcione, para que no sólo sea una pequeña sátira social sino también una gran historia de amor, resulta indispensable que sus dos protagonistas sean personajes memorables, se vean separados por obstáculos insalvables y convenzan a los espectadores de que se han enamorado sin remedio. Un ejemplo: para ganarse el último papel que podría conseguir, el actor neurótico de Tootsie (1982), Michael Dorsey, se ve obligado a disfrazarse de mujer, y es entonces, convertido en una aseñorada intérprete de la televisión, que conoce a la actriz autodestructiva que parece ser el gran amor de su vida. Un ejemplo más: para ascender en la empresa gris en la que trabaja, y conquistar, de paso, el corazón de la ascensorista del edificio, el complaciente oficinista de El apartamento (1960), C. C. Baxter, se ve forzado a prestarle su casa, y su cama, al presidente de la compañía: no imagina que la mujer que quiere, la ascensorista Fran Kubelik, es la amante de su jefe.

La propuesta también suena bien en el papel: para no ser deportada de Estados Unidos, para conseguir la visa de residente, la editora canadiense Margaret Tate, una arpía sin dios ni ley, se ve en la necesidad de casarse con su abnegado asistente. Un alocado fin de semana en Alaska, al lado de la familia de su prometido, le abrirá los ojos justo a tiempo.

El problema es que los dos personajes se desdibujan muy pronto, los obstáculos que deben enfrentar resultan más bien ridículos, y, en el clímax del relato, cuando se dan el beso que ajusta todas las cuentas (y no me digan, ahora, que he contado el final de la historia), cuesta mucho creer que están enamorados. Repito: si se tiene en cuenta que nadie prometió una obra maestra, que Bullock suple las incontables deficiencias del guión con su carisma y que la producción hace lo mejor que puede para explorar gremios, culturas y ciudades a los que no suelen llegar las comedias románticas, La propuesta no es un mal plan para el sábado en la tarde. El punto es que, sin embargo, no tendría nada de malo que también fuera una buena película.
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