Viernes, 19 de diciembre de 2014

| 2013/04/13 00:00

La puerta del infierno

Un grupo de arqueólogos italianos afirma haber hallado la entrada al inframundo, según lo indica la mitología romana. Un misterio rodea el lugar.

Arqueólogos dicen que encontraron en Turquía la puerta al inframundo. Foto: .

“Por mí se va a la ciudad del llanto; por mí se va al eterno dolor; por mí se va hacia la raza condenada (…)” (Canto tercero, Infierno, La Divina Comedia de Dante).

Así comienza el canto tercero de la Divina Comedia, en el que el poeta italiano narra, de forma alegórica, su encuentro con la entrada al infierno, la puerta de Plutón. En la antigua ciudad de Pamukkale, Turquía, un equipo de arqueólogos dirigidos por Francesco D’Andria, profesor de arqueología clásica en la Universidad de Salento en Lecce, Italia, indican que encontraron dicha  puerta o entrada al inframundo.

Según D´Andria, el sitio era un lugar idóneo para los ritos de iniciación, ya que los peregrinos tomaban en primer lugar el agua en las piscinas, luego dormían cerca de las cuevas, y gracias a una dosis adecuada de esos gases recibían durante el sueño alucinaciones que luego convertían en una experiencia casi de ultratumba.

El emblemático lugar fue localizado mientras inspeccionaban la ruta de un manantial termal. De hecho, los manantiales que producen las famosas terrazas blancas de Pammukkale se originan en la cueva descubierta por los arqueólogos. En sus alrededores se encontraron las ruinas que forman un gran complejo ceremonial.

Para los antiguos romanos, el infierno era un lugar físico que se encontraba comunicado con el mundo de los vivos y al que, por tanto, se podía acceder a través de una puerta. Durante años, encontrar la entrada al inframundo ha sido el objetivo de muchos arqueólogos.

De esa forma el equipo de arqueólogos llegó a una cueva, celebrada por la mitología greco-romana como un portal hacia el inframundo: las puertas del infierno. Desde Cicerón se ha mencionado la puerta al infierno situada en el antiguo emplazamiento de Turquía, pero hasta ahora nadie la había podido encontrar.
 
Según los documentos históricos, esta entrada al Averno estaba rodeada de vapores letales, de forma que cualquier animal que pasara a su interior encontraba una muerte instantánea, tal y como escribió el geógrafo griego Estrabón en el siglo I a. C.  “Este lugar está tan lleno de vapor que es muy neblinoso y denso. Se puede ver el suelo con dificultad. Cualquier animal que pasa encuentra la muerte instantánea”.

Además, encima de unas columnas situadas en la entrada de la cueva podía leerse una inscripción dedicada a los dioses del inframundo. Según narra el arqueólogo, durante la excavación vieron cómo varios pájaros morían asfixiados cuando trataban de acercarse a la entrada de la cueva, de la que emanan abundantes gases letales. Quizá sea una advertencia para que nadie cruce la puerta y se rompan casi dos milenios de tranquilidad.

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