Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1989/06/12 00:00

LA PUNTA DEL ICEBERG

Frente a la obra de Fernando de Szyszlo el espectador tiene que poner mucho de su parte.

LA PUNTA DEL ICEBERG

Sin duda alguna el nombre de Fernando de Szyszlo es uno de los más conocidos dentro del mundo de la plástica latinoamericana. Su obra se ha presentado en los centros artisticos más importantes del mundo, con bastante éxito, y ahora, desde el pasado 11 de mayo, 12 de sus trabajos más recientes están expuestos en la galería Alfred Wild de Bogotá.

De Szyszlo es el pintor abstracto más importante del Perú. Y no lo es en vano. En una corriente en la que es posible echar mano de todo tipo de artificios y de encontrar fórmulas facilistas para disimular la ausencia de elaboración intelectual, la obra de este hombre de 64 años sorprende por su sobriedad y riqueza. Sus lienzos implican un trabajo, una lectura profunda para el espectador que, en un primer momento, se ve atraido por su colorido o por su trazo fuerte y definido, pero que poco a poco va descubriendo que hay cosas que no son obvias y que hay un contenido más profundo.

Dentro del conjunto que actualmente se presenta en Bogotá, llama la atención una serie de cuatro obras que, bajo el título de "Mar de Lurin", descubren a un artista que lleva el trabajo de elaboración hasta sus últimas consecuencias. En esta serie varios motivos se repiten de lienzo en lienzo, pero su desarrollo es cada vez diferente. El color, la luz, la profundidad varían en cada obra y muestran las diferentes evoluciones que puede tener un mismo tema. Pero, también, son diferentes formas de abordar una misma realidad. Y es así como surge en el espectador el interés por jugar con las diferencias, grandes y pequeñas, y el de dejarse llevar por las muchas voces que narran la historia. Porque hay mucho de literatura en la obra de este peruano.

Así, enfrentarse a la obra de Fernando de Szyszlo no es un ejercicio fácil. "Una pintura que no se entrega, replegada sobre su propia intimidad, que desdeña la complicidad sensual y exige al espectador una contemplación más ascética", dijo de ella el escritor mexicano Octavio Paz. Para su compatriota Mario Vargas Llosa, "la pintura de De Szyszlo no se entrega ni fácil ni rápidamente y, tal vez, una de sus mayores constantes es la de dejar siempre al espectador con la impresión de que algo esencial le ha sido escamoseado". Porque, como pasa con las buenas obras, queda siempre la sensación de que hay algo que no se le entre&o al espectador, una historia detrás de la historia que esta fuera del alcance del público.-

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