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| 10/30/2011 12:00:00 AM

La quietud del viajero

Una reflexión sobre el viaje con personajes reales y ficticios y en un género que mezcla la prosa poética y el cuento breve.

Pablo Montoya

Viajeros

Tragaluz Editores, 2011

105 páginas

Viajeros, el hermoso libro de Pablo Montoya editado bellamente -como siempre- por Tragaluz Editores, resulta, en la primera lectura, un libro raro en el panorama de la literatura colombiana. Incluso en la literatura latinoamericana, si tales distinciones siguen siendo válidas. Y cuando digo raro, lo digo en el sentido de Rubén Darío al referirse a aquellos autores que escapaban a los moldes: Villiers de L'Isle-Adam, el conde de Lautréamont, Edgar Allan Poe e Ibsen, entre otros. Viajeros "escapa a los moldes" de lo que actualmente se está escribiendo en el ámbito de nuestra lengua. ¿Pero qué tanto lo hace con respecto a la tradición? En su comentario a Viajeros, el poeta mexicano Marco Antonio Campos encontraba sin dificultad su filiación: "En el linaje de libros de Schwob y de Borges (quizá sus principales influencias), de Julio Torri y Juan José Arreola, de Julio Ramón Ribeyro y Antonio Tabucchi, los poemas en prosa de Montoya pueden ser leídos asimismo como biografías imaginarias y aun a veces como minificciones. Montoya conjunta espléndidamente en la escritura la imaginación del narrador y el poeta con la lucidez del ensayista".

Ciertamente hay ecos de Borges y de su ilustre antecesor, Marcel Schwob. No conozco a Julio Torri, pero no estoy de acuerdo con las influencias de Julio Ramón Ribeyro, Antonio Tabucchi y Juan José Arreola. A cambio, incluiría más bien a Álvaro Mutis y, por qué no, a Marguerite Yourcenar. Claro que no avanzamos mucho por el camino de las influencias. Dedicarse a rastrear influencias es dedicarse a una tarea a la larga inútil. Es concluir algo que ya sabíamos de antemano: nada viene de la nada. O todo viene de Shakespeare, como dice Harold Bloom, lo cual es otra forma de decir lo mismo. Acudir a las influencias es casi una reacción instintiva de la crítica ante la dificultad de reconocer algo que es nuevo, que no se sabe nombrar. ¿Qué es Viajeros como texto literario? ¿Cuál es su propuesta? Es mejor, mucho mejor, intentar responder esa clase de preguntas.

Más estimulante que el rastreo de las influencias es la taxonomía. ¿Qué clase de viajeros hay en el libro de Pablo Montoya? Viajeros míticos o religiosos como Noé, Ícaro, Jonás, Ulises, Eneas, Teseo, Bochica, un argonauta, Moisés; viajeros literarios o de la literatura como Lao Tsé, Simbad, Dante, Gulliver, Montaigne, Robinson, Dostoievski, Stefan Zweig, Alonso Quijano, Ovidio; viajeros históricos como Heródoto, Alejandro, Enrique el Navegante, Américo Vespucio, Magallanes, Ponce de León, Bartolomé de las Casas, Gonzalo Guerrero, Pigafetta, Schopenhauer, Caldas, Bolívar, Darwin; viajeros anónimos e impersonales como un melanesio, un súbdito, un cautivo, un papús, un macuá, un cruzado, un mercader, un peregrino, un marino holandés, un esclavo, un judío, un bosnio, un astronauta; viajeros fotógrafos de guerra como Robert Capa o pintores como Edward Hopper; viajeros autobiográficos como el autor, inmigrante en París.

Los personajes reales o ficticios que en este libro aparecen han sido moldeados libremente, ellos simplemente han sido un pretexto o un detonante para la escritura. Al hablar de ellos, el autor está hablando de sí mismo. Versiones libres, relecturas, interpretaciones de personajes reales o ficticios. Se trata más de un viaje a través de una biblioteca que de un viaje real a la manera de Marco Polo o Bruce Chatwin. Más un viaje espiritual que real. No importa, es igualmente excitante y desconocido. O más excitante, si se quiere: viajar en la actualidad es comprobar que todos los países son monótonamente iguales. Qué extraño y qué interesante el Dante que nos presentan. El Ulises, el Heródoto, el Alejandro. Viajeros nos invita a momentos decisivos, reveladores, epifánicos. Son poemas en prosa, lo cual quiere decir que cabalgan entre el cuento y la poesía. Tienen ese corte transversal que el cuento le hace a la realidad y esa voluntad de hacer insoportable un instante del ser, que es la poesía. "Viajamos, aunque los dos estamos quietos", dice aquí Lao Tsé. E Ibn Batuta, el gran viajero árabe del siglo XIV: "Viajar es ignorar el punto de llegada".
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