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| 8/21/2000 12:00:00 AM

La quintaesencia del arte de Bach

Esta colección de 26 compactos recoge en algo más de 30 horas de música lo más significativo de Bach en los 250 años de su muerte.

Bach es pala bra mayor y comprometerse a realizar esta especie de juicio de méritos sobre su legado es terreno peligroso, pero necesario, así el bachiano crea, con mucha razón y buena fe, que toda la obra del Cantor de Leipzig esté guiada directamente por la mano de Dios. Y un sello discográfico de la importancia de la Deutsche Grammophon no podía permitirse pasar por alto, ni la responsabilidad ni la oportunidad de conmemorar con bombo y platillos los 250 años de la muerte del más grande compositor de todos los tiempos.

Por razones de toda índole: la Deutsche es por excelencia el sello alemán de la música clásica, el redescubrimiento de Bach durante el siglo XIX jugó un papel definitivo en la reafirmación del llamado orgullo nacional alemán, Bach —y esto también pesa— fue uno de los pilares musicales sobre los cuales la empresa construyó su prestigio artístico. Además, en el complicado proceso de búsqueda de la verdad estilística e interpretativa de la música antigua, Bach ha sido pilar fundamental y el papel que el sello alemán ha jugado en este proceso resulta tan decisivo que hasta crearon un sello especializado para el tema: Arkiv.

De manera que esta colección, Meisterwerke, es el gran homenaje en los 250 años de la muerte del maestro que el mundo conmemora el próximo 28 de julio: Bach (1685-1750) murió en su casa de Leipzig cuando trabajaba una de sus obras más ambiciosas y profundas, el inconcluso Arte de la fuga.

Bien, aunque aficionados y expertos, cada uno, tendrán su visión personal al respecto, la selección de 26 compactos sí logra recoger la quintaesencia de lo que significa la palabra Bach. Porque todos los aspectos y momentos significativos de su vida y obra están excelentemente ilustrados sin caer ni en el batiburrillo ni en la selección pedante, extremos igualmente peligrosos. Y esa no era tarea fácil, ni siquiera para una empresa que como la Deutsche posee uno de los archivos sonoros más completos imaginables.

Entre otras virtudes tuvieron el buen tino de incluir obras completas, lo que significa que las más de 30 horas de música recogen, por ejemplo, los seis Conciertos brandenburgueses y la Misa en Sí menor (Karl Richter con la orquesta y coro Bach de Munich), la Ofrenda musical y el Arte de la fuga (Musica antiqua Köln). En casos como El clave bien temperado, está completo el Libro I (Wilhelm Kempf, piano), tres Suites para violonchelo (Pierre Fournier), dos discos recogen obras para órgano con tres intérpretes: Ton Koopman, Simon Preston y Helmut Walcha, otros tres están dedicados a nueve Cantatas dirigidas por Richter con la orquesta y coro Bach de Munich y un elenco de solistas de alto vuelo: Edith Mathis, Anna Reynolds, Trudeliese Schmnidt, Peter Schreier, John van Kesteren, Keith Engen y Dietrich Fischer-Dieskau.

Adicionalmente se ofrece el panorama de las corrientes y tendencias interpretativas más aceptadas, pues al lado de posturas de absoluto rigor, como pueden ser la Obertura francesa, Partita Nº1 y Fantasía cromática y fuga con el clavicembalista Trevor Pinnock, las suites para orquesta y cuatro conciertos para violín a cargo de The English Concert, dirigido también por Pinnock, también obras originales para clavecín, se prefirieron en interpretación de grandes pianistas, es el caso de las Variaciones Goldberg que toca Andrei Gabrilov (uno de los grandes del siglo XX), o el Concierto italiano con una especialista: Angela Hewitt. Caben en este apartado las Partitas Nº2 y 3 y la Sonata Nº1 para violín solo con Shlomo Mintz.

Ese mismo debe ser el argumento que anima las dos Pasiones y el Oratorio de Navidad (únicas obras que por su extensión están en selecciones): La pasión según San Juan tiene el monumental aparato sonoro y vocal de la Filarmónica de Berlín con la Musikverein de Viena (Herbert von Karajan), el Oratorio de Navidad con la Orquesta y coro Bach de Munich (Richter) pioneros en la búsqueda de la interpretación ‘de época’ y la Pasión según San Juan en el rigor de instrumentos y estilo del coro Monteverdi y The English Baroque Soloist (John Elliot Gardiner).

Bueno, y finalmente también hay cosas menos populares, si es que cabe la palabra, como una inteligente selección de música de cámara (Musica Antiqua Köln), las Suites para laúd (Narciso Yepes) y Motetes (Hans-Martin Schneidt).

Con un compositor de la talla y trascendencia de Bach la colección recoge y pone sobre el tapete, claro, la trascendencia, importancia y complejidad de su legado. Pero también, y esto es quizás lo más importante, queda claro que su obra no excluye, ni siquiera cuando persigue contenidos didácticos y musicológicos (El clave, la Ofrenda musical, El arte de la fuga), porque todo está al alcance de cualquier oyente, siempre y cuando esté en manos de un gran intérprete. Y este es el caso.
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