Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1987/09/07 00:00

LA RADIOMANIA DE WOODY ALLEN

El director norteamericano confiesa pormenores de su última película "Días de radio".

LA RADIOMANIA DE WOODY ALLEN

Próximamente se estrena en Colombia la ultima película de Woody Allen "Días de radio". La cinta fue presentada fuera de concurso en el pasado Festival de Cannes. Se desarrolla a comienzos de los años 40 y es fundamentalmente autobiográfica. Por considerarlo de interés para sus lectores, SEMANA reproduce una entrevista publicada hace poco en The Guardian de Londres, en la cual Allen habla sobre su metodo de trabajo y recuerda su infancia marcada por lo que pudiera llamarse la "radiolocura"

P.:¿Cómo le va filmando una película?
WOOD Y ALLEN: Intento sumergirme en ella y rodar las primeras secuencias más bien rápido. Luego les echo un vistazo. Luego tomo escenas extras. Luego vuelvo y miro y filmo más escenas. Cuando hago el presupuesto de una película, tengo en cuenta que la filmación tiene que rodarse en varios lugares.

P.: ¿A medida que avanza cambia algunas cosas?
W.A.: ¿Quiere decir estructuralmente? Si, mucho. Si tuviera que adaptar una novela o una obra de teatro, el material tendría que haberse probado de antemano a sí mismo. Rodar una obra original, por otra parte, es tanto como hacer una gira de ensayo de una obra antes de llevarla a Broadway. Usted sabe lo que quiero decir -el tercer acto no funciona muy bien, la obra avanza lentamente en un punto, la trama no es muy clara en otro, y así... Paso todo el tiempo reescribiendo, armando y volviendo armar la obra, resolviendo sus problemas.

P.:"Días de radio " tiene una cantidad de escenas con multitudes, cantando, en secuencias de night-clubs y cosas por el estilo. ¿Normalmente usted no hace ese tipo de producciones grandes, no es cierto?
W.A.: Es cierto, fue un taquillazo.

P.:¿Fue divertido unir tantos elementos dispersos en una película?
W.A.: Diversión no es propiamente la palabra correcta. Personalmente hubiera preferido no hacer una cosa así, soy una persona bastante perezosa. Prefiero trabajar con un pequeño grupo de personas, digamos una docena, y en un solo set. Físicamente es menos extenuante.

P.: La radio parece ser lo que mantuvo unido al país cuando usted era niño.
W.A.: Sí, junto con el cine fue el gran medio de la cultura popular. Movilizaba a la nación en una forma en que la televisión no lo ha hecho casi nunca. La gente prefería reunirse en torno a sus aparatos de radio para los grandes eventos deportivos, los desastres, las radionovelas. Los personajes de las radionovelas eran míticos. Eran parte de nuestra vida cotidiana. Cuando uno de ellos tenía un bebé, le llegaban regalos por montones. Cuando alguno moría, se producía una avalancha de notas de condolencia. La gente saltó por las ventanas cuando Orson Welles transmitió su "Guerra de los mundos". La gente creyó que estaba escuchando realmente un boletín de noticias. La radio era realmente importante cuando era niño -al menos en Estados Unidos. Lo primero que uno hacía al regresar del colegio era prender la radio. Y por la noche toda la familia se reunía en torno al aparato.

P.: A juzgar por fotos de la época, parecería que la gente acostumbraba mirar hacia sus aparatos de radio.
W.A.: Es cierto. Yo realmente lo hacía. Mi padre podía leer el periódico y escuchar la radio al mismo tiempo. Mi madre cosía o tejía o pelaba las papas. Pero yo no podía hacer nada distinto. Estaba totalmente cautivado por la radio. Era una perfecta bendición cuando me enfermaba y tenia que quedarme en cama a causa de la fiebre.

P.: ¿Hacía trampa?
W.A.: ¿Quiere usted decir que si hacía subir la temperatura del termómetro poniéndolo sobre la calefacción? Eso fue algo que descubrí mucho más tarde, en el bachillerato. No, me enfermaba de verdad. ¡Qué bendición! Oía absolutamente todos los programas. Nada me cansaba. Oía radionovelas, comedias, concursos. Estaba "Superman" y "Capitán Midgnight". Y había música. Cuando era niño, la música no tenía ese ritmo atronador que tiene ahora. La gente que oiamos era Glenn Miller, Benny Goodman, el joven Frank Sinatra, Ella Fitzgerald, Duke Ellington, Cole Porter, George Gershwin.

P.: Pero usted es completamente libre en la forma como decide comenzar un episodio o devolverse a otro.
W.A.: Es porque yo soy el guionista al mismo tiempo que el director. Eso es lo que hace la diferencia. Es muy frecuente que en las películas se produzcan discusiones interminables sobre conceptos entre el director, el productor y el guionista. La gente con frecuencia me pregunta: usted escribe, usted dirige, usted actúa: ¿Cómo puede hacer todo esto al mismo tiempo? Mi respuesta es que eso siempre es más fácil. A veces produce stress, pero hace que las cosas sean más sencillas.
P.: ¿Es la familia de "Días de radio " su familia?
W.A.: La película es completamente autobiográfica. Eramos una familia muy grande y muy cerrada. Todos viviamos juntos, porque no éramos ricos y acabábamos de salir de la depresión de los años treinta. La casa siempre estaba llena de tíos, de primas y de abuelos. Había siempre por lo menos tres mil personas en la mesa del comedor. Un día teñi el sobretodo de mi mamá y escondi la caja de dientes de mi abuela. En otras palabras, tuve una niñez normal.

P.: Ya que usted admite que su película es autobiográfica, déjeme preguntarle algo más: ¿Fue el colegio hebrero realmente una pesadilla?
W.A.: Para mí si. Desde el kinder hasta la universidad yo siempre odié el colegio. Y el colegio hebrero aún más que el resto. Completábamos nuestro día de cinco horas de clase y entonces los otros se iban a jugar fútbol o hacer cualquier cosa que les gustara. Nosotros, en la otra orilla, éramos obligados a aprender otro idioma en el cual no estábamos interesados, un idioma muy complejo con un alfabeto diferente. Nos embutían toda clase de preceptos religiosos, nos gustaran o no. Como si fuéramos racionalistas, humanistas seculares. Las historias que nos contaban nos sonaban a pura "carreta". Y consecuentemente cuando crecimos no nos quedaron sino recuerdos desagradables de las cosas religiosas.

P.: ¿ Usted realmente robó plata de la alcancía para la Fundación Nacional Judía?
W.A.: ¡Claro! Y de los boy scouts ¡Y de la lotería! Vendiamos tiquetes en las calles y la gente echaba monedas en los tarros que llevábamos. Cuando volviamos a casa contábamos lo que habiamos recogido, algunas veces casi dos dólares. No entendiamos cómo esa suma iba para la creación de un nuevo estado en Palestina. Pensábamos que era mejor gastar la plata en un bate de béisbol que queriamos, digo, que necesitaba el equipo.

P.: ¿Era usted una especie de Daniel el travieso?
W.A.: No, era un niño relativamente bien portado, tranquilo, dócil. Y un gran fanático de los deportes. Cada vez que tenía tiempo libre -y en la medida en que no hubiera nada que me atrajera de la radio- jugaba béisbol o fútbol y a veces corría. Inclusive gané medallas.

P.: Entonces no había empezado a escribir, supongo...
W.A.: Si había intentado hacerlo, pero no con particular entusiasmo. No tenía ambiciones o aspiraciones intelectuales. Sólo leía comics, iba al cine y oía radio. Nunca abrí un libro. Mucho más tarde, cuando salia con una muchacha muy linda que, a diferencia mia leía mucho, me sometí a un curso de "choque" en cultura, para no sentirme tan avergonzado de mi mismo. Pero naturalmente no me sentía inclinado en esa dirección.

P.: ¿ Cuando era niño realmente existía un show llamado "El vengador enmascarado "?
W.A.: No. Me decidi por no usar shows reales, sólo queria recrear un cierto tipo de espectaculo. Pero escribir pastiches es muy divertido. Era una maravilla pescar frases cliché. Eran como señales, como guias para nosotros: sabiamos que el malo tenía que pagar su fechoría y que el bueno ganaba y salía caminando en el crepúsculo -y por favor, sintonicenos mañana. Esos eran tiempos maravillosos y se han ido para siempre.

P.: ¿Una especie de época dorada de las estrellas de la radio?
W.A.: Si, fue realmente un buen tiempo para las estrellas -y para las estrellas de radio solamente. Estábamos convencidos de que eran los más altos, los más fuertes, las personas más bellas del mundo. Los adorábamos y los venerábamos, aunque sólo los conociamos por sus voces. Cuando lográbamos verlos -casi nunca- era realmente un choque.

P. ¿Cuándo fue su primera frustración?
W.A.: La primera vez que vi al hombre que hacia de Superman en el radio. Tenía una de las voces más maravillosas de la historia de la radio americana -profunda, reverberante, poderosa (Woody Allen hace una imitación) ¡Era Superman mismo! Me lleve una sorpresa grande cuando lo vi: un hombre pequeño de apenas un metro treinta de estatura y como de 20 toneladas de peso. Con frecuencia lo empleo en mis películas. Es el narrador en Take de Money and Run. También hace varias de las voces en "Días de radio". Se llama Jackson Beck. Si alguna vez conoce a Jackson Beck entenderá lo que quiero decir.

P.: ¿Realmente peleaba su familia por el radio?
W.A.: No hasta el punto de tener que llamar una ambulancia, pero claro que peleábamos. Sucedía con menos frecuencia si había varios aparatos en la casa, lo cual era posible porque no eran tan costosos como los televisores. Habia, por lo menos, uno en la cocina y uno en la sala. El gran día fue cuando tuve mi propio aparato.

P.: Claramente un síntoma de que ya era un niño grande.
W.A.: Si, como otros niños lograban tener su primera bicicleta.

P.: ¿La música en "Días de radio" fue grabada en vivo?
W.A.: Los números de Sinatra, Carmen Miranda y Duke Ellington fueron obviamente tomados de las grabaciones originales. Pero el tema musical de "El vengador enmascarado" fue especialmente compuesto para el filme y la mayor parte de las veces grabado en vivo. Hay algo menos perfecto, pero mucho más vital en las grabaciones en vivo.

P.: ¿Qué hay sobre la canción de Cole Porter interpretada por Diane Keaton?
W.A.: La hizo en vivo o... casi en vivo. Sólo tuvo acompañamiento de piano, y la pista se le agregó después. No se le olvide que ella también cantó en vivo en Annie Hall.

AL OIDO
Enormes, aparatosos, feos y con una curiosa tendencia a captar señales que nadie podia identificar, asi son los receptores Philco que protagonizan la nueva película de Woody Allen, "Días de radio". Narrada por un niño, ante cuyos ojos asombrados y bien abiertos pasan las penas y las alegrías de su familia judía, con un lenguaje que ya anticipa el cinismo y el humor negro del Allen más adulto, la película es un calidoscopio de la influencia de los aparatos receptores en la vida doméstica norteamericana de los treintas, cuarentas y cincuentas. En un tono zumbón que no quiere respetar nada, asistimos a ese ritual en el cual los mayores buscan las noticias, los más jóvenes los partidos de béisbol y los pequeños, las aventuras seriadas con héroes que después se multiplicarán entre el sueño y la realidad.
Para los amantes del jazz, el cine, el music-hall y las revistas chismosas ésta es su película. Aquí están, con otros nombres pero en las mismas circunstancias que protagonizaron, las estrellas que tuvieron en la radio un apoyo para sus carreras. Las situaciones ridículas, los triunfos y los fracasos, las pesadillas de esa muchacha que vendía cigarrillos y bombones en un club nocturno e intenta seguir una carrera artística o la pareja que se queda encerrada en una azotea mientras los demás se divierten o la grabación de los mensajes comerciales cantados o las películas de Bogart y Katie Hepburn o las voces de los presidentes y los candidatos todo ese universo descomunal reducido al ámbito doméstico de la tía que tiene un nuevo pretendiente y para que los dejen salir sin problemas, se llevan al niño a dar un paseo o, las discusiones de los padres o, la pelea porque cada uno quiere escuchar su programa favorito.
La verdad es que la carrera cinematográfica de Woody Allen, con algunas excepciones, ha sido una especie de alegre harakiri en presencia de los espectadores quienes, asombrados y a veces asustados, miran cómo los complejos religiosos y morales y sexuales del guionista y director afloran en una corriente continua, o cómo habla de sus directores favoritos (encabezados por Bergman), o de las mujeres que sigue amando (Diane Keaton, Mia Farrow, Mariel Hemingway Diane Weist entre otras, utilizadas reiteradamente en sus comedias: ¿se puede llamar comedias a estos dramas dolorosos y tensos sobre un hombre angustiado y solo?), o cómo cita sus platos favoritos, todo eso, sin el menor asomo de pudor, un pudor que le ha permitido según algunos críticos, convertirse en el más delicioso de los desvergonzados. "Días de radio" es una pieza alegre, nostálgica y hermosa en ese complejo síquico del artista. Es el espejo en el cual Allen se mira, recuerda cómo los aparatos de radio eran la obsesión de millones de norteamericanos, antes de la aparición de la televisión, cómo situaciones como el hambre, la pobreza, la guerra, la segregación, los amores traicionados, la soledad de las mujeres sin marido, todo se matizaba mientras la voz de Frank Sinatra hablaba sobre lunas trepadas en colinas azules.
Para algunos, ésta es una simple repetición de personajes, circunstancias, lugares y temas, una repetición tan inteligente que el espectador en ocasiones no siente las costuras inevitables. Para otros, es una mirada nueva y lúcida a un entorno doméstico que sigue pesando sobre la obra de Allen: la niñez. Los recuerdos han remplazado al diván del siquiatra y los programas de radio con sus idolos, con sus fantasmas, con sus triunfadores y perdedores reflejan la obsesión de este artista con un pasado que sigue atormentándolo. Que el humor negro y la nostalgia y la música y los personajes ridículos sigan sorprendiendo en todos los idiomas, demuestra que Allen, lo mismo que Mazurski, Benton y Altman, además de Coppola y Stan Dragoti, sigue siendo muy norteamericano, es decir, muy doméstico y también cursi y lleno de fobias.

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