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| 5/21/2011 12:00:00 AM

La rebelión de los veteranos

Con carreras musicales consolidadas, Robert Plant y Bob Geldof se dedican ahora a hacer lo que se les antoje: discos caprichosos y sobresalientes.

A sus 56 años, y luego de un lustro dedicado más a cuestiones administrativas que propiamente musicales, el rockero irlandés Bob Geldof lanzó un álbum de título provocador: How To Compose Popular Songs That Will Sell (Cómo componer canciones populares que vendan). Justo ahora que las disqueras cierran y la música se cuenta entre los negocios de menor rentabilidad, Geldof pone el dedo en la llaga de quienes todavía esperan el milagro de un éxito arrollador.

El espíritu burlón de ese nuevo álbum ha sido respondido con iguales dosis de ironía. El periodista musical Peter Robinson publicó hace poco una lista de cinco consejos para, según su experiencia, componer una canción popular que venda. El primero de ellos reza: "No intente imitar a Bob Geldof". Francamente cínico, pero no desajustado si tenemos en cuenta que compuso su último número uno en 1984.

Por supuesto, a estas alturas, Geldof no necesita demostrar su talento en cifras de ventas. Lo que de fondo despierta un álbum así es una pregunta más compleja: ¿son las ventas millonarias la única medida de éxito de una carrera musical? Un artista como Juanes jamás titularía así uno de sus discos, aun cuando lo suyo sí parece aplicar los consejos del manual de Robinson: "Sea breve" o "Si no es bueno con las letras, recurra a un ritmo bailable". Porque difícilmente el pop revela sus verdaderas intenciones.

Puede ser que, en realidad, los artistas obsesionados con el número uno desconocen otros caminos que ofrece la música. El nuevo disco de otro veterano, el cantante Robert Plant, es un ejemplo magnífico de esas otras posibilidades. La gente clama a rabiar por un reencuentro de Led Zeppelin, en tanto que el exvocalista prefiere pasar todo el tiempo con su nueva agrupación, Band of Joy. El nuevo álbum (que se llama igual que la banda) le ha permitido explorar lo que él define como "las raíces celtas, sajonas y bretonas en la música".

Con ese repertorio, Robert Plant se interna a sus 62 años en otras posibilidades de canto y otros manejos para su voz. El hombre que fue sinónimo de una laringe poderosa, el grito más penetrante del rock de comienzos de los setenta, ahora prefiere cantar armonías y hacer voces de fondo mientras le deja, a ratos, el micrófono central a Patty Griffin o a Darrell Scott. El disco es una rara exploración de la belleza, plagado de ecos en la voz e instrumentos campiranos como el acordeón y la mandolina. No es, definitivamente, la tempestad sonora que solía ser Led Zeppelin. "La gente con la que trabajo ahora no tiene el tiempo o la inclinación de hacer cosas colosales. Salir en la portada de la revista 'Billboard' no es parte del plan", explicó hace poco en una entrevista.

La búsqueda de la popularidad no es exclusiva de la música pop ni de los tiempos actuales. El productor de música clásica Christopher Raeburn recuerda en un documental que "Rossini intentaba que los gondoleros de Venecia escucharan sus ensayos, para que empezaran a cantar las arias por todos los canales y se hicieran populares desde antes del estreno de sus óperas". La diferencia, claro, es que Rossini hacía lo que quería. No pensaba en llenar una casilla de un listado de ventas. Ahora que la música afronta una fuerte crisis, tal vez la lección de Bob Geldof y Robert Plant sea la de escribir y cantar más allá de las fórmulas. ¿Componer canciones populares que vendan? Nadie ha dicho que sea fácil. La buena noticia es que no es la única opción.
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