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| 12/2/2006 12:00:00 AM

La resistencia

Aunque la radio comercial y la televisión no los tienen en cuenta, decenas de músicos mantienen viva la diversidad del folclor colombiano, ya sea desde el purismo o a través de fusiones. Estos son apenas algunos de ellos.

Nunca suenan por las emisoras comerciales ni los mencionan en la sección de entretenimiento de los noticieros. Pero sus discos se divulgan en circuitos alternativos y almacenes especializados, y sus conciertos provocan revuelo entre los miles de seguidores que han adquirido. Desde los tiempos de Los clásicos de la provincia y La tierra del olvido, de Carlos Vives, un cada vez más grande número de músicos colombianos se interesa más y más en viajar a los remotos confines donde viven los viejos juglares para investigar, aprender sus ritmos y sonoridades y fusionarlos para adaptarlos a un entorno urbano.

El reciente lanzamiento de Raza, el segundo álbum del grupo de culto Mojarra Eléctrica, pone de presente que, a pesar de que estos músicos trabajan con las uñas por fuera de los circuitos del tropipop, el reggaeton y el vallenato romántico, esta tendencia es mucho más que una moda pasajera. En Mojarra Eléctrica conviven instrumentos tradicionales del folclor, como el alegre y la marimba, con la batería, la guitarra eléctrica, el bajo e instrumentos de viento. El grupo funde tradiciones afro de Colombia, las Antillas y Norteamérica, como el funk y el jazz, el patacoré, el currulao, el porro chocoano, la chirimía, el bullerengue y la timba cubana.

Muchos de estos músicos vienen de la escuela del jazz que, además de ser muy rigurosa en su formación académica, invita a la improvisación, la investigación y la búsqueda. Además, muchos tocan o han tocado en grupos de salsa, reggae, rock, incluso de balada romántica, lo que les facilita empaparse de ritmos de selvas remotas y municipios lejanos y adecuarlos a su entorno citadino. En el caso de los músicos que viven en Bogotá, se suma que la ciudad no tiene una música fuerte que la identifique, como puede ser el tango para Buenos Aires. Por estar acostumbrada a recibir ritmos ajenos (desde cumbias y vallenatos hasta merengues y lambadas), sus músicos se sienten identificados con temas tan diversos como La saporrita y Stairway to heaven. "Bogotá es una mixtura de razas y culturas. Uno encuentra chocoanos que hablan como rolos, bares de guapireños... Gracias a ese sancocho, todo el tiempo salen sonidos nuevos", señala Jacobo Vélez, director de Mojarra Eléctrica. Dentro de la corriente de esa banda se inscribe Tumba Catre, agrupación que toma su nombre de una bebida tradicional de Chocó. Al igual que Mojarra, combinan instrumentos folclóricos con contemporáneos y también giran alrededor de los ritmos negros.

Por su parte, la banda chocoana Choc Quib Town conjuga hip hop, electrónica e instrumentos tradicionales. En Somos Pacífico, su primer álbum, presentan un sonido muy propio, pegajoso, un llamado al orgullo de un pueblo que por siglos ha aprendido a sobrellevar las dificultades.

En Nueva York, bajo la sombra del sello independiente Chonta Records, también se desarrolla una escena muy activa, que va desde las aproximaciones al jazz de Ricardo Gallo y Samurindó, hasta la propuesta mucho más purista de la Cumbiamba Eneyé, quienes lanzaron recientemente el álbum Marioneta. Este grupo utiliza también instrumentos modernos, pero está mucho más apegado al folclor y a la tradición.

En estos tres meses también han aparecido varios álbumes de grandes maestros del folclor afrocolombiano: Un fuego de pura sangre, de Los Gaiteros de San Jacinto; Tengo amores con la gaita, de la agrupación Gaitas y Tambores de San Jacinto; Ayeyá, de La Tambora de Gilbert, y Gaita negra, de Sixto Silgado 'Paíto', una grabación de campo que se llevó a cabo en las Islas del Rosario con 'Paíto' y sus hijos y que, como comenta el músico e investigador Irian Sarmiento, del grupo Curupira, "también es un homenaje a Encarnación Tovar, 'El Diablo', quien fue tamborero de 'Paíto' y quien nos inicio a los curupiros en la música de gaita".

Capítulo aparte merece la música del interior. Entre las grabaciones más recientes está Colombitos, del Trío Colombia, donde intercalan composiciones de autores tradicionales con temas propios y experimentan con las posibilidades del bambuco, la guabina, el torbellino y, también, de la cumbia. Caminata es una agrupación que dirige Jorge González Virviescas, requintista del grupo Jorge Velosa y los Carrangueros. En su reciente álbum Caminata en la música carranguera incluyeron nueve composiciones de Jorge Velosa y le rinden homenaje a Calixto Ochoa (Los Sabanales), Adolfo Pacheco (El viejo Miguel) y Homero Aguilar (La carta No. 3) adaptados al estilo de la música carranguera.

Estos son apenas algunos ejemplos de un mosaico mucho más grande de propuestas a músicos que se resisten a dejar caer al país en las garras de la música comercial.
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