Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1980/12/11 00:00

La resurrección de La Cueva

Reabre sus puertas un sitio que honra la memoria de una generación de cazadores, pintores, cineastas, fotógrafos, 'camajanes', escritores y 'roneros': el Grupo de Barranquilla.

La resurrección de La Cueva

Para referirse al Grupo de Barranquilla, el escritor Álvaro Cepeda Samudio, después de aspirar su tabaco y lanzar al aire una bocanada del humo, decía: "Lo que pasa es que en Barranquilla no le ponemos misterios a nada. tenemos otro lenguaje más franco y directo. Por eso hay gente como Cecilia Porras, Enrique Grau, Alejandro, Gabo, Norman, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor. ¿Tú crees que allá en la Costa nos toman en serio? Allá no nos paran bolas a ninguno".

Es muy probable que 35 años después no sólo nadie les parara bolas sino que nadie los recordara, de no ser porque el escritor y periodista Heriberto Fiorillo guardó en su memoria sus pasos infantiles camino al circo en el barrio Boston. Una vez su padre le señaló que en ese lugar, un bar restaurante de propiedad de Eduardo Vilá, se reunían los que más adelante serían sus superhéroes. "Pasé de Batman y Acuaman a García Márquez y Cepeda Samudio", dice Fiorillo.

Esos héroes le dieron vida al libro con el que Fiorillo honró el lugar en el que se desarrollaron sus historias, legados y aventuras. Ahora se convierte en una especie de museo interactivo en el que las viejas y nuevas generaciones recrearán lo que fue el refugio durante 15 años, de 1955 a 1970, del Grupo de Barranquilla, integrado por Gabriel García Márquez, Álvaro Cepeda Samudio, Germán Vargas, Alfonso Fuenmayor y Alejandro Obregón. Y también por Enrique Grau, Juan Antonio Roda, Orlando Rivera, Noé León, Rafael Escalona, Nereo López, Cecilia Porras, Fernando Botero, Juan García Ponce, Luciano Jaramillo, Marta Traba, Feliza Bursztyn, Angel Loochkardt, Marvel Moreno, Plinio Apuleyo Mendoza y Gonzalo Mallarino, entre otros intelectuales costeños y cachacos y de otras latitudes.

Aun cuando la reconstrucción de La Cueva se hizo bien en serio y a través de la constitución de la Fundación que ahora dirige Fiorillo, todo parece haber salido de un cuento de ficción. Como él mismo reconoce, "nada se hizo en serio, todo fue una mamadera de gallo". Lo primero fue buscar que cada rincón contara una historia, como la babilla que sale hambrienta de un mural de Félix Fuenmayor o las huellas del elefante de circo que pretenden recordar al estrepitoso pintor Alejandro Obregón en una noche de juerga, o la escotilla que muestra al ahogado cuya historia sirvió para que se escribieran tres cuentos.

La Fundación La Cueva logra que esas historias vividas hace más de cinco décadas ahora se recreen de una manera natural, con la posibilidad de reinventar la historia del Grupo de Barranquilla y muchas de las historias inéditas y desconocidas que guardan una estrecha relación con este sitio. "Vale la pena que todas las historias que aquí se contaban sean verdad y que sucedieran aquí", señala el director de la Fundación.

Para Fiorillo, La Cueva es el símbolo de la transformación del grupo, que tuvo en el Café Colombia y la Librería Mundo una primera etapa ligada a la literatura, y que al llegar a La Cueva pasaron al cine y la pintura. Por eso esta recreación de La Cueva será un escenario audiovisual. En cualquier rincón los visitantes podrán encontrar a Gabito, Cepeda y todos sus amigos, gracias a una exposición de fotografías tomadas al Grupo de Barranquilla por dos de sus miembros, Enrique Scopell y Nereo López; también se restauró el mural pintado por Obregón en 1957 y se reprodujo un cuadro perdido de Juan Antonio Roda en el que pintó a sus amigos de La Cueva.

Lo que será La Cueva

Después de escribir el libro La Cueva y el Grupo de Barranquilla, a Fiorillo le quedó el reto de reconstruir el sitio. Fiorillo recuerda que "cuando los Char -propietarios del predio- me proponen que reconstruya La Cueva, si me echaba para atrás me hacía corresponsable de que se hubiera perdido, como ocurrió con el bar Japi, la Librería Mundo o la casa donde durmió Simón Bolívar en Soledad".

La Cueva fue declarada bien cultural por el Ministerio de Cultura. Y una buena cantidad de recursos para restaurarla y reconstruirla se reunió con el apoyo de empresas amigas y otros cómplices como Carulla-Vivero, la Fundación Mario Santo Domingo, la Cámara de Comercio de Barranquilla, Cementos del Caribe, la Universidad del Norte, Electricaribe, Suramericana, Bancolombia, la Compañía Nacional de Chocolates, Corfinsura, Cunit, Conavi, la Fundación Visión Cultural, Triple A, la Zona Franca de Barranquilla, Cerveza Águila, Metrotel, Dupont de Colombia, Almacenes Éxito y el diario El Heraldo.

Primero que todo volverá a ser en esencia un restaurante bar, en donde cualquiera podrá tomarse una cerveza y leer un libro. Pero también será un centro cultural que tendrá salón multimedia, galerías de fotos y pinturas, videoteca, editorial, un tabloide bimestral, un programa de radio y televisión. Además se ofrecerán conferencias, exhibiciones de pintura, presentaciones, y recitales de prosa y poesía contemporánea.

Fiorillo espera que sea el refugio de creadores como lo fue alguna vez, "pero no sólo contando las historias del Grupo, sino dando a conocer su obra para que las nuevas generaciones se alimenten y tengan que decir nuevas cosas", dice.

Precisamente con la noticia de su reapertura, algunos personajes que se mantenían anónimos han ido apareciendo, como Vidal Echeverría, un barranquillero que tenía dos apellidos de nombre, que estuvo en la Guerra Civil Española y era uno de los pocos poetas surrealistas colombianos, asiduo contertulio de La Cueva.

Vidal se daba por desaparecido hasta hace poco, cuando su biógrafo escribió un e-mail a la Fundación. "Por el tono y la forma de escribir, quién sabe si no es el mismísimo poeta", dice Fiorillo, que se reunirá con él en unos días.

También ha reaparecido el pintor Alfonso Melo, que ahora vive en Miami y que en las mejores épocas del Grupo de Barranquilla acompañó a Alejandro Obregón y a Figurita Rivera como ilustrador de la revista Crónica. Melo resucitó con un regalo para la Fundación: un cuadro del Carnaval de Barranquilla.

Con este primer sitio surge la idea de recuperar otros que también hacen parte de la memoria cultural de Barranquilla. En este sentido, Fiorillo reclama más interés y compromiso de la Nación y los entes gubernamentales. "Hay que promover sociedades responsables que preserven el patrimonio de las ciudades para las generaciones futuras", dice.

Mientras tanto, en Barranquilla se espera que La Cueva se convierta en un lugar para que se reúnan los amigos, para 'mamar gallo', para tomar cerveza, cazar algún poema o un amor y sobre todo para hablar de la entrañable amistad que unió a un grupo muy singular y que hizo posible que 35 años después la historia del Grupo de Barranquilla se siga contando.

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