Jueves, 27 de noviembre de 2014

| 2013/07/06 03:00

La revancha de Carla Bruni

La cantante y ex primera dama de Francia presenta un nuevo disco, ‘Little French Songs’, un homenaje a la canción francesa. Felipe Restrepo Pombo, de SEMANA, habló con ella en París sobre su regreso a los escenarios y su vida después del Elíseo.

Bruni ha publicado cuatro discos. Este año volverá a hacer una gira mundial. Foto: AP

A Carla Bruni le cuesta quedarse quieta. Se levanta de su silla, se mira al espejo, fuma, se sienta, tararea una canción, se vuelve a levantar, baila un poco y luego da un pequeño salto. Después se detiene y pregunta si debe ponerse una chaqueta gris o una negra. Estamos en los estudios de Canal Plus, en el centro de París, una tarde de junio. Esta noche, Bruni es la invitada principal en Le Grand Journal, uno de los programas de variedades con más audiencia en el país. 

Bruni presentará su nuevo álbum, Little French Songs, que salió al mercado el pasado abril y se ha convertido en uno de los mayores éxitos de su carrera. La cantante cuenta que para esta ocasión decidió interpretar Mon Raymond, la canción más popular del disco, no solo por su ritmo pegajoso, sino porque está dedicada a su esposo, el controvertido expresidente Nicolas Sarkozy.

Se ve nerviosa. “Me aterran los escenarios. Soy muy tímida, así no parezca. Me da terror que no me salga la voz. A algunos no les pasa eso, pero yo nunca dejo de tener miedo”, responde la exmodelo, ex primera dama de Francia, actriz, cantante y posiblemente una de las mujeres más famosas de Europa. 

Véronique Rampazzo, su agente desde hace más de 20 años y una de sus mejores amigas, entra al camerino y le indica que ya casi es hora. Bruni prende un último cigarrillo, con un poco de remordimiento, y se dirige por un pasillo hasta la puerta que la llevará frente a las cámaras. Camina rápidamente y va rodeada de un ejército de maquilladores, peluqueros y agentes de seguridad. Antes de entrar al set de grabación se encuentra con Frédéric Beigbeder, un popular escritor, quien también es invitado. Bruni le dice algo al oído que hace sonrojar al novelista. 

Una vez empieza el programa, Bruni interpreta la canción con gracia. Luego responde hábilmente a las preguntas de los presentadores del programa, que insisten en cuestionarla sobre el futuro político de su esposo. Ella dice que ya no habla de ese tema, que el poder dejó de interesarle. Que ahora no es más que una cantante y que solo quiere hablar de música. 

La tradición francesa

Antes de su presentación en Le Grand Journal, Bruni recibió a SEMANA por unas horas en su camerino. En medio de la intimidad de los preparativos, la cantante habló sobre su gusto por la canción tradicional francesa y cómo este nuevo disco es un homenaje a sus autores favoritos: “Es un género muy particular, que solo existe en este país. 

El francés es una lengua monocorde y poco rítmica, que no es fácil de cantar. También es muy difícil de escribir por sus exigencias gramaticales y sus diferentes tiempos verbales. No permite tampoco letras ingenuas”. Entonces se detiene y canta un poco de I Will Always Love You de Whitney Houston y dice: “Es lindo, funciona bien, pero no dice nada”.

Bruni cuenta que para escribir este nuevo disco, el cuarto en su carrera, se inspiró en grandes intérpretes como Charles Trenet, Edith Piaf, Georges Moustaki, Serge Gainsbourg, Georges Brassens y Jacques Brel, entre otros: “Sentí que me correspondía hacer un disco que reflejara mi cariño por estos gigantes. Desde niña he oído sus canciones y son un referente obligatorio. Me enseñaron a querer la música en un momento muy importante de mi vida. Decidí ponerle un título en inglés al disco, porque me pareció un guiño divertido”. Algunas de las canciones del disco son covers de estos autores clásicos o hacen referencias directas a sus letras. 

Desde que se convirtió en primera dama de Francia, en 2008, Bruni no había hecho una gira. Por eso, dice, está tan ansiosa. “Sin embargo, me siento más profesional, conozco un poco más mi oficio. Estoy mucho más preparada y tengo una lista más amplia de canciones y un repertorio más sólido”, dice. En efecto, desde su lanzamiento, Little French Songs ha tenido muy buenas críticas y ventas. Los especialistas coinciden en que la voz de Bruni es más profunda, que sus letras son más complejas y que la mezcla entre la canción francesa, el jazz y el pop funciona bastante bien. 

Ella confirma que trabajó mucho en la potencia de su voz para prepararse en su nueva gira de conciertos que  se inicia en Francia en septiembre y va a recorrer el país. Luego pasará al resto de Europa, Estados Unidos y Asia. Dice que le encantaría incluir países latinoamericanos y aprovecha para declararse una fanática de la música brasileña. De nuevo se levanta del sofá y canta una canción de Vinicius de Moraes, para probar su punto.    

Estrella natural

Carla Bruni-Tedeschi Borini nació en Turín, en 1967. Su padre, Alberto, era un próspero industrial y compositor de ópera. Su madre, Marisa Borini, es actriz y pianista. Carla tuvo dos hermanos, Virgilio, que murió en 2006, y Valeria, quien es una reconocida directora de cine. Cuando Carla tenía ocho años su familia se mudó a París y ella se hizo ciudadana francesa. Al poco tiempo se enteró de que su padre biológico era en realidad Maurizio Remmert, un brasileño con quien su madre tuvo un romance.

La belleza de Bruni fue evidente desde muy pronto y a los 18 años ya era top model y musa de diseñadores como Yves Saint-Laurent. La joven recorría el mundo, era portada de todas las grandes revistas de moda e invitada a las fiestas más glamurosas del planeta. Se rumora que en esa época fue amante del líder de los Rolling Stones, Mick Jagger –cuando ya estaba casado– y tuvo un corto romance con el guitarrista Eric Clapton.

En 1999, cuando estaba terminando su carrera como modelo, conoció al célebre compositor Julien Clerc y le confesó que quería ser cantante. Clerc quedó asombrado con la voz de Bruni y le propuso hacer un disco. Fue así como nació Quelqu’un m’a dit, su mayor éxito hasta el momento, que vendió más de un millón de copias. Bruni sorprendió con canciones como Raphaël, Le plus beau du quartier, Chanson triste o Quelqu’un m’a dit: melodías sencillas, casi susurradas y acompañadas solo por una guitarra. “Fue un debut maravilloso, inolvidable. Pero en estos más de diez años han pasado muchas cosas, he cambiado mi manera de escribir y, claro, de ver el mundo”, dice. Luego vinieron dos discos más: No promises, de 2007, y Comme si de rien n’était, de 2008, que no tuvieron el éxito esperado. 

A los 34 años Bruni tuvo su primer hijo, Aurélien, con Raphaël Enthoven, un filósofo y escritor. La relación con el padre de su hijo se acabó y Bruni se convirtió en una de las madres solteras más cotizadas del mundo. Una condición que duró poco, pues en 2007 fue invitada a una cena en casa de unos amigos. Ellos le querían presentar a un hombre misterioso, que se acababa de separar y que se sentía solitario. El personaje resultó ser Sarkozy, el presidente en ejercicio. Bruni cuenta que de inmediato hubo una enorme empatía y que, desde esa noche, empezaron a salir formalmente.

Un poco menos de un año después, Bruni y Sarkozy se casaron y ella se convirtió en primera dama. Por primera vez en la historia del país la pareja del presidente generaba tal fascinación. La unión de Sarkozy y Bruni supuso, en efecto, una ruptura: tradicionalmente la vida privada de los políticos franceses no se discutía y no era un tema para la opinión pública. Pero en este caso era imposible ignorar a una figura como Bruni y los medios empezaron a perseguir a la pareja.

Hasta el momento lo más revelador que se había visto era una famosa foto en la que la esposa del general De Gaule, Yvonne, le servía una sopa a su marido. Pero con las pareja Bruni-Sarkozy las cosas cambiaron por completo: empezaron a aparecer en sus viajes, saliendo de restaurantes o incluso en su habitación privada en el Palacio del Elíseo: algo nunca antes visto. Los franceses recibieron con muy malos ojos este cambio de estilo y empezaron a llamar a Sarkozy el “presidente bling-bling”.

Sin embargo, y gracias al carisma de Bruni, las cosas empezaron a cambiar. La primera dama transformó su imagen –algunos dicen que de manera muy estudiada– y se presentaba como una mujer discreta, amable y elegante. Intervenía muy poco en los asuntos de Estado y dedicaba la mayor parte del tiempo a su fundación, que apoya a jóvenes músicos con pocos recursos.

Francia se enamoró de Bruni y, con el paso del tiempo, se convirtió en una figura mucho más apreciada que su esposo.

Un nuevo camino

Es fácil entender por qué un presidente, un país entero o cualquiera se puede enamorar de Carla Bruni. A sus 46 años, y después de tener dos hijos sigue igual de bella que cuando empezó su carrera de modelo. En su cara, blanca e iluminada por unos enormes ojos azules, no parece haber rastro de las cirugías plásticas de las que tanto se habló hace un tiempo. La cantante es además un ícono de la moda e imagen de marcas como Bulgari.

Ella insiste en que tiene una vida normal y que muchas veces pasa desapercibida. Que se dedica gran parte del tiempo a cuidar a Aurélien y a Giulia, la niña que tuvo en 2011 con Sarkozy. Cuenta que a veces camina hasta el colegio de sus hijos y que nadie la reconoce. “La fama empezó muy pronto en mi vida, cuando era apenas una niña y ya me acostumbré a vivir con ella. Sería incoherente rechazar la celebridad”, dice. 

Aunque no le gusta hablar del tema, también tiene buenos recuerdos sobre su época como primera dama: “Claro que tenía una agenda compleja y muchos viajes, pero siempre encontré tiempo para hacer lo que de verdad quería, nunca dejé de componer. Fue además un gran honor y una aventura extraordinaria. No fue de ninguna manera un sacrificio”. Pero dice categóricamente que no quisiera volver a esa posición.

Algunos dicen que desde que Sarkozy perdió las elecciones en 2012, la relación con su esposa no va tan bien. Ella también lo niega. Tanto así que en Mon Raymond lo describe como “una bomba atómica”, “el patrón” y “pura dinamita”.

Es imposible no preguntarle por qué decidió escribir una canción así en un momento en que su esposo se encuentra en medio de una encrucijada legal, por la supuesta financiación ilegal de su campaña presidencial. “No me gusta poner a las personas que quiero en posición de objetos. Pero quería hacer una canción sobre mi esposo. Ya existía una balada clásica llamada ‘Nicolas’, así que me pareció divertido reemplazar su nombre por Raymond, un nombre muy tradicional. Fue algo que me nació hacer y no tiene ninguna intención oculta”, responde.

Otra de las canciones que ha dado mucho de qué hablar es Le pingouin en la que supuestamente compara al presidente actual, François Hollande, con un pingüino mezquino y sin estilo. También algunos han leído en canciones como Pas une dame y Liberté (No soy una dama y Libertad), una crítica a su posición como primera dama. Pero ella lo niega y dice que sería tonto hacer algo así.  

Muy pocos dudan de que Sarkozy tiene intenciones de presentarse como candidato a la presidencia en las próximas elecciones. Porque, a pesar de sus problemas legales, la mayoría de franceses –que se han derechizado- lo extraña. Ante la crisis económica, una tasa de desempleo sin precedentes y una muy cuestionada labor de su sucesor, Sarkozy parece el mejor candidato para sacar al país adelante.  Todos los expertos coinciden que en ese escenario Bruni es una figura clave. La buena imagen que tienen ante la opinión pública sería definitiva para un triunfo. Es decir, en este momento Sarkozy necesita a Bruni mucho más de lo que ella lo necesita él. 

Pero esas son solo suposiciones. Carla Bruni, por el momento, solo piensa en una cosa: su revancha sobre los escenarios. 

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