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| 7/12/2014 1:00:00 PM

La revolución filarmónica

A finales del año pasado, nacieron la Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá y cinco agrupaciones musicales más. Algo pasa en el escenario de la música culta colombiana. El analista Emilio Sanmiguel lo explica.

No nacen orquestas todos los días, ni en Colombia ni en ningún otro lugar del mundo. Por eso la aparición de la Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá es sin duda alguna una de las noticias musicales más importante de las últimas décadas en el país.

A diferencia de otras orquestas de carácter juvenil, la nueva agrupación es una entidad estable, con seguridad laboral y nivel profesional que trabaja desde principios del año con actuaciones semanales; nace como un nuevo brazo musical de la Filarmónica de Bogotá, hoy por hoy, la orquesta más importante del escenario musical, por su categoría artística, trayectoria y acogida del público.

El hecho no debe sorprender, porque el talante de la Filarmónica fue revolucionario desde su fundación en 1967 cuando surgió como una disidencia de la Sinfónica de Colombia, que se distanció del tradicional escenario de la vida sinfónica capitalina, el Teatro Colón, para instalarse en el recinto más democrático del auditorio León de Greiff de la Universidad Nacional.

No la tuvo fácil en sus primeros años, pero todo cambió a finales de los años setenta: se puso a la altura de la Sinfónica, luego la superó y sus actuaciones convocaban multitudes. La situación hoy es muy diferente y la nueva Filarmónica Juvenil no genera controversias, pues su irrupción es vista como la respuesta natural a la nueva realidad cultural de Bogotá.

Durante los últimos 20 años, la Filarmónica fue la favorita del público, abandonó su espíritu original y buscó otras prioridades, como realizar giras internacionales o postularse, con éxito, a los premios Grammy; pero resultaba imperante regresar al espíritu innovador de sus orígenes. De eso se ha encargado David García, su nuevo director ejecutivo.

Porque Colombia cambió radicalmente durante esos 20 años, el oficio de músico, que en el pasado era casi una extravagancia, está a la orden del día: las universidades más importantes, con sus conservatorios y programas de música, ofrecen hacer de la vocación musical una profesión. Pero el mercado laboral y las políticas culturales del Estado no parecían sintonizarse con esa realidad.

Las nuevas iniciativas 

Cuando el alcalde Gustavo Petro le ofreció a García la dirección ejecutiva de la Filarmónica, a principios de 2013, este le manifestó su convicción de que había llegado la hora de desbordar el limitado espacio de los conciertos y convertir la entidad en un verdadero brazo musical del Distrito, capaz de llevar la música a todos los rincones de la ciudad, aprovechando esa coyuntura sin antecedentes de los centenares de jóvenes músicos que cada semestre se gradúan. Cifras en mano demostró la viabilidad del proyecto al reorganizar el presupuesto y modificar las prioridades.

Así nacieron, a finales del año pasado, la Orquesta Filarmónica Juvenil de Bogotá y cinco agrupaciones musicales más. Para dirigir la primera llamó a Carlos Villa, el más brillante violinista que ha dado el país y con experiencia en la dirección, pues en la década del setenta se desempeñó como director de la Filarmónica: los resultados de su trabajo son la mejor prueba de lo atinado de su nombramiento.

Para ocupar los 36 atriles se presentaron 120 aspirantes de los conservatorios del país. Tras una preselección, de las audiciones finales se encargaron los jefes de grupo de la Filarmónica. Una oportunidad, además, para observar la situación de los conservatorios nacionales: 13 plazas fueron ocupadas por músicos egresados del Conservatorio de la Universidad Nacional, cinco por la del Tolima, cuatro por la Javeriana, tres por la Juan N. Corpas. Estas son las cifras más significativas. Se evaluó la capacidad para trabajar en conjunto y como solistas.

Un hecho es bien diciente: el concertino (primer violín de la orquesta) Samuel Jiménez, hace tres semanas tocó, con absoluto éxito, el Concierto para violín de Mendelssohn y luego la orquesta, dirigida por Villa, hizo una excelente interpretación de la Sinfonía nº 4 de Beethoven. Son jóvenes y también profesionales de lo suyo.

Las otras agrupaciones

Además de la Orquesta juvenil, se han creado cinco agrupaciones adicionales.

La Orquesta Juvenil de Cámara (20 músicos) que dirige Federico Hoyos está en condiciones, por sus características, de desplazarse con suma facilidad por toda la ciudad. La Filarmónica Juvenil de vientos (24 músicos) bajo la dirección de Francisco Cristancho, trabaja el repertorio para presentaciones al aire libre y, cuando las circunstancias lo demandan, puede unirse a la Filarmónica Juvenil. Diana Cifuentes es la directora del Coro Filarmónico Juvenil y María Olga Piñeros del Coro Filarmónico Infantil.

Finalmente se creó el Grupo Vocal Filarmónico, encargado de conectarse con manifestaciones musicales urbanas como el rap y el hip hop. “Son realidades musicales que no podemos ignorar, dice García.

Hacia el futuro

Cuando la Filarmónica de Bogotá se aproxima al medio siglo de existencia, por increíble que parezca, la orquesta carece de sede y está sometida a los vaivenes de los disturbios en la Universidad Nacional o a presentarse en los escasos auditorios con características idóneas para sus presentaciones.

Ese, y la creación de un Colegio Filarmónico, donde los jóvenes puedan formarse musicalmente, para ingresar con bases sólidas a los conservatorios, son el paso siguiente. La administración del Distrito ha cerrado filas para que en el futuro próximo sea una realidad, además del Colegio Filarmónico, el Auditorio Filarmónico de Bogotá, que se construiría en el sector del estadio El Campín, una ubicación conveniente para todos los bogotanos. Una revolución musical en do mayor.
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