Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1988/11/07 00:00

LA "SAGRADA" FAMILIA

En un montaje que reune cartas de triunfo, el Teatro Nacional pone en escena el eterno triángulo amoroso.

LA "SAGRADA" FAMILIA

Quienes decidan acudir al Teatro Nacional para ver "La Mujer del Domingo", estrenada el viernes pasado, se van a llevar muchas y agradables sorpresas: el regreso a las tablas de Pepe Sánchez, después de 7 años de ausencia; el encuentro con una señora actriz, Fanny Mikey, quien esta vez no hace de femme fatale, sino de madre esmerada y esposa ingenua y, por último, la ratificación de la calidad de un joven director, Manuel José Alvarez, quien con su anterior trabajo en "Hay que deshacer la casa", demostró que es uno de los mejores en su oficio.

La reunión de estos personajes parecía garantizar el éxito. Sin embargo, la carta del triunfo se basaba en escoger una obra que permitiera el lucimiento y, sin duda, con "La Mujer del Domingo" se dio en el blanco. La idea de escoger esa pieza fue de la cantante y actriz argentina Susana Rinaldi, quien considera la obra del escritor inglés Ted Willis, como una pieza para "exponer nuestras debilidades y proyectar nuestras mejores esperanzas".

La historia de "La Mujer del Domingo" es simple: Una mujer, Gloria (Fanny Mikey), un hombre, Jorge (Pepe Sánchez) y el hijo, Andrés (Juan Fischer), durante 20 años han disfrutado de un hogar agradable y amoroso, rondado-eso si-por el inevitable fantasma de la costumbre, de la rutina. Un dia cualquiera llega a la oficina de Jorge, una secretaria, Sandra (Alejandra Borrero), joven y bonita y, como en la canción "Caballo Viejo", el amor llegó sin darse cuenta y como un huracán, movió el piso sobre el cual estaba construido el hogar de los Torres.

Los personajes no son caricaturizados, son como sacados de esas miles de familias que día a día repiten la historia: una mujer cuya única pretensión en la vida es la de ser buena madre y buena esposa; un hombre que quiere a su esposa y a su hijo, pero que no puede resistirse a ese nuevo amor, que lo saca de la rutina y le promete conquistar el mundo; la amante, que quiere dejar de ser "La Mujer del Domingo" para ser la mujer de todos los días; el hijo que pierde la serenidad y es incapaz de detenerse a analizar los elementos del problema, y reacciona instintivamente para defender a su madre.
La historia de esta familia, con toda su carga de celos y rencores que va dejando el paso del tiempo, lleva al público a moverse entre la alegria y la t risteza. Los personajes no son buenos ni malos, y es precisamente esa humanización-que los hace presa de sus virtudes y defectos-la que le imprime una gran carga dramática a la obra.

Para la mujer, lo único importante es el amor de su hijo y de su esposo.
Vive en su propio mundo, en el que la música y el desorden son su contacto con el mundo real. Por eso, cuando el esposo le plantea la separación, su primera reacción es la de escudriñar su comportamiento para tratar de encontrar la falla. El desorden en que vivía y la música que escuchaba son sustituidos por un orden aparente y por un triste silencio. Pero va más allá, se le ocurre sugerir compartir el marido: ella seguirá siendo la mujer de todos los días y la amante, "La Mujer del Domingo". Pero al final, la esposa sufrida se crece y con firmeza decide que ella podrá vivir sola con su hijo. Esta actitud hace tambalear al marido y la amante prefiere retirarse.

Sin embargo, según Fanny Mikey "el hombre regresa no por cobardia ni por costumbre. Es amor y, ante todo, el descubrimiento de una mujer desconocida para él", dice la actriz.
Pepe, por su parte, admite que esto puede ser cierto porque "a pesar, de la convivencia de 20 años, está en muchas ocasiones tan pobre que sólo en los momentos difíciles las personas se reconocen".

Seguramente, esta historia se seguirá repitiendo una y mil veces y los protagonistas reales serán un poco los de la historia de Ted Willis, pues hasta el espectador más desprevenido sentirá que el cuento le mueve las fibras íntimas. Para algunos, la actitud de la mujer puede ser pasiva, débil y resignada, al punto que ella llega a culpabilizarse. Para otros, el hombre carece de carácter y no se llega a saber a quien quiere de verdad. Sucede como en la vida misma.

La puerta grande del Teatro Nacional vuelve abrirse con "La Mujer del Domingo", uno de los mejores montajes que se hayan realizado en esa sala. Constanza Duque, en su papel de vecina, logra una buena actuación y Karin Noack, como compañera de apartamento de la amante, logra arrancar carcajadas aun cuando por momentos sobreactúa. De otra parte, el joven Juan Fischer compite en buena lid con Pepe Sánchez y Fanny logra una de sus mejores actuaciones en los útimos tiempos. --

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