Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 1989/02/27 00:00

LA SEGUNDA MUERTE DE DALI

El pintor murió la semana pasada, pero su pintura murió hace medio siglo.

LA SEGUNDA MUERTE DE DALI

Salvador Dalí murió hace uno días, y agonizaba desde hace cuatro o cinco años. Pero ¿cuántos años llevaba muerto como pintor? Tal vez cincuenta. Precisamente el medio siglo del crecimiento arrollador de su fama, que hizo de él --junto con Picasso--el artista más conocido de nuestra época. A fines de la década de los treinta, con grande cuadros como "El gran masturbador" o la "Premonición de la Guerra Civil", terminó el gran Dalí de la pintura, nacido diez años antes Durante esa década fue el más audaz de los surrealistas, el más consecuente de todos en el rigor de la incoherencia (pues de eso se trataba e surrealismo), y, de todos ellos y de los herederos de Dadá, el más grande de los provocadores. Después vendría otro Dalí: el gran simulador. "No sólo soy un agente provocador--advertia él mismo con su lucidez habitual- sino también un agente simulador".

Pero en esos diez años, con su manera pictórica deliberadamente realista y académica y sin preocupaciones formales (porque para él la pintura debía ser simplemente "fotografía a mano y en colores" para reproducir con la mayor fidelidad posible los delirios deliberados de la imaginación, del inconsciente y del sueño), Dalí creó (o elaboró, si se prefiere) algunas de las imágenes más impresionantes, más perturbadoras, más hipnóticas (cretinizadoras, diría él) de la pintura de este siglo.

Imagenes visuales: pintura sobre tela, de laboriosa construcción y técnica impecable dentro del relamimiento académico. Pero antes que visuales, imágenes literarias. La pintura de Dalí, tanto la mala como la buena, fue siempre una pintura conscientemente literaria, y por eso entroncó tan fácilmente dentro de un movimiento tan explícitamente literario (hecho de manifiestos y posturas) como el del surrealismo. Imágenes oníricas (esa palabra tan propia del discurso surrealista) producidas gracias a la invención de un método novedoso y genial: el "método paranoico crítico". Como muchas de las actitudes y declaraciones de Dalí, el nombre de ese método parece una mera parodia de lo científico, pero más allá de esa apariencia hay una densidad de fondo. Se trata --en sus propias palabras--de "un método espontáneo de conocimiento irracional basado en la asociación interpretativa crítica de los fenómenos delirantes". Lo cual tampoco suena a serio, pero es la descripción escueta de la estratagema que le sirvió a Dalí para capturar en imágenes el mensaje en bruto del inconsciente, la lógica de su propio delirio, sin dejarse dominar por él: guardandolo a distancia, controlándolo.
Manipulándolo.

Porque Dalí fue, entre todas las cosas a que dedicó su vida, un gran manipulador. Antes que eso, sin embargo, y antes de que él mismo hubiera caído en las redes de su propia manipulación, era un poeta no automático como lo querían los surrealistas ortodoxos, sino, de nuevo, "paranoicocritico": el de los tensos poemas surrealistas de algunos de sus libros --"La Mujer Visible", o "La Metamorfosis de Narciso". (El Dalí comercial, que es la mayor parte de Dalí, ha dejado en la sombra al Dalí escritor, que es el mejor Dalí. Textos poéticos, como "La mujer..." o "La metamorfosis...", ensayos críticos como " La conquista de lo irracional" o "El mito trágico de "El Angelus" de Millet", autobiografias fingidas y provocadoras como "La vida secreta" o el "Diario de un genio". Dali fue un genio, si, como él mismo lo proclamó sin pausa ni pudor. Un genio literario, sobre todo. Pero ante todo, un genio comercial. "Soy un genio catalán, es decir, comercial", explicaba él mismo.

Sabía lo que era, y sabía usarlo.
Por eso después de su etapa de gran blasfemador, de gran escandalizador del surrealismo parisiense de los años veinte y treinta, se convirtió en el gran simulador, el gran mistificador, el gran comercializador de su propio personaje. "Como pintor soy mediocre--reconocia hace veinte años. Pero como payaso soy más importante que Charlot". Como Oscar Wilde, Dalí hubiera podido decir que habia puesto solamente su talento en su obra, pero su genio lo habia puesto en su vida: en la construcción y manejo de un personaje (a veces una marioneta) que era el personaje de Salvado Dali.

Un personaje bufonesco, publicitario, superficial, y lucrativo. Tal vez en otros tiempos Dalí hubiera tenido que forzarse a ser un artista o un escritor serio, y en serio, porque no le hubiera quedado otro camino. Pera cayó en un siglo cuya constante es el simulacro, y que mide la grandeza exclusivamente en dólares . Avida dollar, fue el anagrama célebre que le inventó a Dali el papa del surrealismo, el poeta francés André Breton, para cobrarle su ruptura con el movimiento y su expulsión. Pero para Dalí el insulto se convertia en un premio y un elogio. Su propósito--habia escrito en un ensayo publicado a los veinte años en una revista de Barcelona- era "sistematizar la confusión y contribuir al descrédito total del mundo de la realidad".

Para eso era necesaria, probablemente inevitable, su traición.
Traición permanente (como la "revolución permanente" de los trotskistas). Traición a sus amigos de juventud (Lorca, Buñuel), a sus compañeros del surrealismo (Breton, Eluard, Tanguy), a sus propias ideas, y a si mismo. Aunque, ¿puede un traidor ser traidor a si mismo? Dali plantea con su larga vida de simulacro, de trampa, de traición, en el arte, en la literatura, en la vida personal, una paradoja lógica: la del bufón de si mismo.

Y para terminar, esa larga agonia de cinco años. Estas largas agonias con fotógrafos y tubos de suero y agentes de prensa que nos depara el siglo XX. La unidad de cuidados intensivos, las enfermeras, los marcapasos, las ambulancias: una inmortalidad vegetal y grotesca. Y todos los homenajes de la España oficial, los titulos de marqués, las condecoraciones, el entierro plagado de arzobispos en torno a alguien que era ya un cadáver, convertido ya por la vida en uno de esos que en su juventud llamaba los "grandes putrefactos".
Un entierro de gloria oficial para rematar su vida con una traición a la blasfemia.-

¿QUIEN SE QUEDA CON LA HERENCIA?
El misterio sólo se develará la semana entrante. El próximo lunes, cuando se cumplan 15 días de su fallecimiento, toda España estará pendiente de los últimos deseos del pintor catalán Salvador Dalí. Ese día, mientras más de uno cruzará los dedos para salir beneficiado, se leerá el testamento del excéntrico pintor y quedará claro el destino de sus obras y de su fortuna.

El asunto es ya todo un problema de Estado y son pocos los que no han tenido que ver con el famoso testamento. Las disputas, intrigas y declaraciones insidiosas comenzaron en 1980 cuando a su regreso de Nueva York, una gripa puso al borde de la tumba al hasta entonces imbatible Dali. En ese momento, el artista aún no habia definido claramente cuál seria el destino de su legado, lo que ocurrió en 1982. Desde entonces, el secreto se ha mantenido celosamente guardado y fuera de su abogado, Miguel Doménech, son pocas las personas que conocen el contenido, que pudo sufrir cambios en en los últimos meses.

En el centro de la polémica están instituciones como el gobierno español, la Generalitat y el ayuntamiento de Figueras, y la misma Cataluña.
Dalí no tuvo hijos, su esposa, Gala, murió en 1982 y su hermana Ana María fue sacada del testamento como consecuencia de su oposición a la union del artista con Gala. Es así como, al no haber familiares que se beneficien de la fortuna se explica que instituciones como las citadas anteriormente y otras muchas de carácter netamente comercial, esten a la espera de una buena tajada de tan suculento pastel. A los centenares de obras de arte que conforman la herencia, hay que sumar varias fincas como el castillo de Púbio, el chalet de Port-Lligat y numerosas cuentas bancarias en varios países. Calculos extraoficiales hablan de una herencia que se puede lasar en cerca de 800 millones de dólares, suficientes para justificar cualquier esfuerzo.

Entre las personas más opcionadas para salir favorecidas en esta especie de lotería, están el abogado Miguel Doménech, el pintor Antoni Pitxot -amigo de muchos años de Dali-y el fotografo Robert Descharnes. Fue este último quien fundó en Amsterdam en 1986, la sociedad Demart Pro Arte B.V. que detenta todos los derechos de autor del pintor hasta el 11 de mayo del 2004, fecha en que se cumplirá el centenario del natalicio de Dalí. La fundación también se encarga de la comercialización de las obras y de luchar contra las falsificaciones, con un costo anual cercano a los 420 millones de pesos sólo en trámites jurídicos. Parece claro que, hasta la fecha de expiración del contrato, será esta fundación la que se beneficie de los nada despreciables derechos de autor.

La madeja también se enreda por el lado de sus más cercanos amigos, ya que Doménech, Descharnes y Pitxot son patronos perpetuos. Lo único claro es que, por voluntad del maestro, todas las obras que están actualmente en la torre-residencia Galatea en Figueras, se quedarán es España. El problema estriba en cómo se van a repartir. Un hecho que podría arrojar luz sobre este asunto fue el deseo de Dalí y de Gala, expresado ante notario en noviembre de 1977, con motivo de una donación de obras a Figueras, según el cual era su voluntad "poner a disposición del Excelentísimo Ayuntamiento de Figueras -como representante genuino de la comunidad vecinal-, donándolos, para que de una manera permanente y para la posteridad sea expuesta y albergada la obra y toda su realización de ideas en el edificio del Museo Dalí, incrementando con ello el patrimonio cultural y artístico de la ciudad, juntamente con las futuras donaciones".

En fin, todos están interesados, y con mucha razón. La ciudad de Barcelona quiere entrar en el reparto, y desde ahora se especulación que el Centro Reina Sofía, de Madrid, cargará con uno que otro lienzo. Las opiniones, por supuesto, tambien están divididas. El trío de amigos que lo acompañó hasta último momento está seguro-y si el abogado, uno de esos amigos, lo dice, por algo será de que algo les llegará. Por lo menos, a Doménech, España le debe el favor de haber logrado repatriar buena parte de las obras de Dalí dispersas en el resto de Europa y de los Estados Unidos. Esto le daría derecho a meterse en el bolsillo, si el maestro asi lo decidió, algunas de las más de 600 obras que ahora están esperando nuevo dueño. -

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