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| 4/22/2002 12:00:00 AM

La senda de un pionero

Nam June Paik es la estrella de la retrospectiva de videoescultura alemana de la Luis Angel Arango.

Lo mas importante de la muestra Video escultura en Alemania desde 1963 es la presencia de un coreano: Nam June Paik, “el padre del video arte”. Paik empezó su carrera en Alemania, estudió piano y composición en Freiberg y muy pronto, entre 1962 y 1963, se unió a un grupo neonadadista denominado Fluxus, que hizo de las suyas en los recintos sagrados del arte. Iniciaron una carrera de “acciones artísticas” o performances que incluían conciertos de piano en los que Paik hacía su aparición y le cortaba la corbata y los faldones al intérprete. O concursos en los que el ganador era la persona que lograba lanzar su chorro de orina a la distancia más larga. O una acción, One for violin, en la que empezaba a tocar el violín, lo levantaba por encima de su cabeza y, al apagarse las luces, lo dejaba caer con un estruendo de los mil demonios, dejando atrás sus notas de “virtuosismo musical”. Sin embargo, en un lapso también bastante breve, dejó de ser un animador de la escena artística para convertirse en protagonista. Y su caballo de batalla era todo lo que podía producir un televisor. Cuando apareció el primer aparato de video portátil, en 1965, fue el primero en comprarlo. En 1970 fue uno de los pioneros en la construcción de un sintetizador de imágenes y lanzó una frase histórica: “Igual que la técnica del collage reemplazó la pintura al óleo, el tubo de rayos catódicos reemplazará a la tela”. Pese a toda esa cháchara futurista las obras de Paik giran más en torno a una reflexión alrededor de este medio, de una forma inteligente, clara y brillante, que en torno a todo lo que puede dar la tecnología. En la muestra de la Luis Angel Arango el contraste es lo suficientemente claro.

En la parte de arriba de la Casa Republicana hay un par de obras que apelan más al espectáculo multimedia de la tecnología que al arte. Hay un juego de cámaras en el que uno se ve la cara en un monitor cuando trata de ver algo. No hay nada, ¿el vacío de la tecnología? Hay otra en el que hay una especie de pista de aterrizaje que lleva a un televisor, a medida que el espectador se acerca, en la pantalla se acerca un collage de varias obras de arte, ¿ingenioso? Mucho, pero podría estar en uno de los pabellones de Maloka, la ficha dice algo como: “video instalación interactiva. Monitor, computadora, disco láser, sensor de posición con interfase de computador, zócalo, catorce focos azules”. En cambio… Nam June Paik. La exposición contiene una de las obras maestras del coreano-aleman-neoyorquino: se trata de un viejo televisor RCA que, en lugar de todo el aparataje técnico que necesita un aparato de estos, tiene una vela encendida en su interior. Frente a este televisor hay un Buda que no le quita los ojos de encima. La televisión como un lugar de meditación, de vacío, el Buda puede mantener la misma posición que tiene en un templo como frente a su televisor, porque el lugar en el que está el televisor en cada casa, en cada hogar, es un lugar “sagrado”. La muestra tiene un lugar común: no se trata de una exposición de videoarte sino de una muestra en la que el televisor es la materia prima para hacer una escultura. Por eso hay obras como la de Wolf Kahlen, Televisor irlandés, que consiste en un televisor hecho de piedra, una pieza arqueológica. Hay otra titulada Guillotina, en la que el espectador debe acostarse en una especie de cama para hacer abdominales y enfrentarse a lo que hay en un tubo oscuro: ‘flashazos’ de imágenes como la de una mujer cortando una zanahoria, la de un hombre que dispara un arma de fuego, la de un desfile militar en la que todos los soldados levantan el brazo, la de un estornudo, la de un tanque de guerra que aplasta algo. En otro aparte hay dos bloques compuestos por tres televisores dispuestos de manera vertical que forman la imagen de una mujer desnuda: se trata de un montaje en el que se mezcla la imagen de una mujer de mediana edad con una anciana. Todas estas obras tienen algo valioso, pero lo de Nam June Paik es para no perdérselo.
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