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| 3/31/2007 12:00:00 AM

La suerte de haber nacido en español

El IV Congreso de la Lengua Española en Cartagena fue mucho más que la apoteosis de Gabo. Fue una gran fiesta incluyente alrededor del idioma que superó todas las expectativas.

El tema a analizar en esa mañana de miércoles calurosa y húmeda, en el Centro de Convenciones de Cartagena, era La ciencia, la técnica y la diplomacia en el español. ¿Cómo hacer para que el castellano que hablan más de 400 millones de personas tenga mayor trascendencia en todo el mundo? ¿Cómo hacerlo poderoso? ¿Cómo tener mayor presencia en el ciberespacio? Esas son algunas de las preocupaciones de los académicos de la lengua y fue uno de los aspectos principales que se discutieron durante el Congreso.

El salón Getsemaní, como todos los días, estaba lleno de estudiantes, académicos, periodistas y demás. Una de las particularidades de este evento es que las casi 6.400 personas acreditadas (se esperaba la mitad) jamás dejaron espacios vacíos. No importaba el tema, ni que entre los panelistas estuvieran presentes figuras famosas o poco conocidas. Los salones siempre estaban llenos y muchas veces la gente se tenía que sentar en el piso. Las ponencias eran aplaudidas y las preguntas no se hacían esperar. Que el homenaje a Gabriel García Márquez estuviera a reventar (hubo graves problemas en la organización, que se vio desbordada), no fue sorpresa. Pero que los eventos que siguieron a continuación lo estuvieran, eso sí fue una gran noticia para los 350 periodistas que cubrían el evento. El congreso, en conclusión, fue mucho más que el homenaje al escritor colombiano. Fue la semana en la que toda Cartagena respiró en torno al idioma. La semana en que la que había tantas actividades al mismo tiempo que los asistentes quedaban con la sensación de haberse perdido casi todo.

A la misma hora, en la misma ciudad pero a 25 minutos del Centro de Convenciones, en el barrio Nuevo Bosque, el tema era otro: '¿Se está creando un nuevo 'boom' latinoamericano?'. El hecho de que en Cartagena se hayan reunido casi 100 autores que escriben en lengua castellana, ya fueran invitados por el Congreso o por sus editoriales (la Editorial Planeta llevó a más de 60 de sus autores y a casi todos sus editores) era una buena oportunidad para hacerse la pregunta. En esta oportunidad los que hablaban eran tres escritores latinoamericanos y los que escuchaban eran un par de decenas de alumnos y maestros de la Escuela Normal Superior. La conclusión es que no se busca encasillar a los escritores bajo una etiqueta específica, pero que la literatura en español sí pasa por un momento de mucha vitalidad.

"¿Cómo incentivar la lectura en los niños?", preguntó con firmeza una niña de grado 11 después de escuchar las ponencias de la uruguaya Carmen Posadas, el colombiano Jorge Franco y el argentino Marcelo Birmajer, que se encontraban en el salón de actos del colegio. Franco, entonces, habló sobre cómo un escritor amigo se había interesado por los libros. "Su padre le contaba historias todas las noches y una vez no llegó al final del cuento. El niño le rogó que terminara, y el padre, hábilmente, le dijo que si quería saber qué pasaba la respuesta estaba en ese libro (se lo señaló) que tenía en la biblioteca".

Y el tema social no estuvo ausente. La dura realidad de la pobreza latinoamericana fue objeto de análisis desde el punto de vista de la lengua, y la conclusión que pareció imponerse es la necesidad de que el idioma sea una verdadera herramienta de entendimiento de todas capas. "La indigencia verbal es una amenaza para la democracia", dijo en su ponencia Pedro Luis Barcia, presidente de la Academia Argentina. Ya había puesto este asunto sobre la palestra el escritor chileno Antonio Skármeta, que dijo: "Sólo me preocupa el español de los que están más cerca del silencio que de la palabra, de los que no pueden expresar sus ideas porque les han robado los libros y la cultura, porque no hay política cultural".

Que la población latinoamericana tenga más acceso a la lectura es, sin duda, uno de los grandes retos del español en las próximas décadas. En Cartagena quedó demostrado que las personas quieren leer y que la población responde cuando se habla de temas como la literatura.

Porque este evento no se quedó encerrado en el Centro de Convenciones. Salió a las calles y para nada fue el encuentro elitista que denuncian algunos de los participantes en los foros de Internet.

Por el contrario, las editoriales se preocuparon de que los habitantes de la ciudad pudieran aprovechar al máximo esta oportunidad. Durante el día había múltiples actividades en universidades, bibliotecas y escuelas públicas. En la noche la ciudad vieja se convertía en una especie de feria de pueblo donde en cada esquina había una atracción. Que Bernardo Atxaga por aquí, que el concierto de Carlos Vives y Fito Páez por acá, que los poetas más allá. Toda una ciudad sitiada por el español. Al finalizar cada tarde, por ejemplo, debajo de los árboles de la Plaza de Bolívar se sentaban varios escritores a conversar. Gran cantidad de personas se acercaban para escucharlos. "La experiencia de compartir tus impresiones con el público fue muy enriquecedora", dijo uno de los escritores que participaba en la tertulia. Quedaban, especialmente los extranjeros, muy impresionados por la motivación de la gente a escucharlos y por las preguntas que les hacían. Antonio Muñoz Molina, miembro de la Real Academia Española de la Lengua y uno de los más importantes escritores de España, quedó tremendamente conmovido después de oír a los estudiantes de la Institución San Francisco de Asís, en el barrio Olaya Herrera. Y así la mayoría de ellos. Esta también fue una gran oportunidad para que los autores hispanoamericanos se conocieran y pudieran encontrar sus puntos de unión y desencuentros. "De aquí va a salir algo muy positivo en un futuro", dijo uno de los escritores invitados por Planeta.

Durante la semana Cartagena parecía la gran capital iberoamericana. Todos los acentos posibles estaban representados. Es difícil creer que en ocasiones anteriores se hayan reunido en la ciudad tantas personas y de tan variados lugares de habla hispana. "A ese no le entiendo", dijo uno de los asistentes a las tertulias al oír a un autor español. Quedó demostrado que uno de los puntos clave del castellano es su diversidad, que en muchas ocasiones crea la dificultad de comunicarse. La escritora chilena Marcela Serrano, lo tiene muy claro: "Muchas cosas nos separan en el habla pero no en la escritura. La maravilla de este idioma es que, una vez publicado, un cuento en español puede ser leído por más de 400 millones de personas". Es que se trata de la lengua que más fronteras atraviesa y comparte. Una que, como quedó demostrado en este congreso, es capaz de crear la conciencia de un ser hispanoamericano. Por eso el poeta argentino-mexicano Juan Gelman concluyó: "Es una suerte haber nacido en español".
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