Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 1988/03/21 00:00

LA SUPER-MAMA

Madre o ejecutiva, el drama de Diane Keaton en Baby boom.

LA SUPER-MAMA


El personaje de Diane Keaton en su nueva película, Baby Boom, se llama J.C. Wiatt y es una yuppie, una muchacha muy hermosa que viste muy bien, sostiene una apática relación con otro ejecutivo, es respetada en la empresa donde trabaja, conoce las finanzas como pocos, maneja las cuentas publicitarias más difíciles e importantes, no quiere tener hijos, hace el amor a determinada hora y determinado día, cuida su figura, sale del "metro" calzada con tenis para poder correr por esas aceras tan anchas de Manhattan por donde, también hermosas y también en tenis, corren miles y miles de mujeres yuppies quienes, al llegar a sus oficinas alfombradas, cambiarán los tenis por zapatos altos y se enfrentarán a ese mundo acerado, aceitado y perfecto de las empresas norteamericanas donde ellas reinan con gestos elegantes y displicentes.

Este mecanismo sin sobresaltos que es la vida de una mujer como J.C. Wiatt se ve atascado, alterado y profanado el día que sale al aeropuerto en busca de una mujer quien le trae un paquete dejado por unos primos lejanos, que han perecido en un accidente. Apenas con el tiempo indispensable para no llegar tarde a la cita con un cliente importante a quien tendrá que convencer de entregarle el manejo de su presupuesto publicitario, siente que el mundo se derrumba al descubrir la verdadera naturaleza del envío: una bebé, rosada, tibia y sonriente.

Baby Boom, escrita por Charles Shyer y Nancy Meyers, y dirigida por el primero (antes habían realizado "La pícara recluta" y "Diferencias irreconciliables"), es un retrato auténtico, divertido y preocupante también sobre ese mundo de la mujer contemporánea (puede ser colombiana o norteamericana), la ejecutiva que no tiene tiempo para los sentimientos, que echa mano de las relaciones sexuales como una forma simple de retener al compañero de turno, que sólo se preocupa por seguir hacia arriba, trepar por encima de los demás, devolver las zancadillas que le colocan, ganar mucho dinero, tener un apartamento lleno de porcelanas y muebles caros, que no peligran porque no hay niños que los ensucien ni los habrá porque la maternidad es la más remota de sus habilidades. Y dentro del retrato de esa mujer contemporánea, robotizada, exhausta de analizar cifras y estadísticas, presionada por el acoso sexual de jefes y compañeros, mirada como una auténtica computadora muy elegante, dentro de esa visión de una mujer deshumanizada, salta una historia llena de ironía y ternura, con esta yuppie obligada a convertirse en lo último que ella hubiera deseado...una super-mamá.

La película está dividida en 2 grandes zonas narrativas, antes y después de la aparición de la bebé Elizabeth. La forma cómo la muchacha analiza su situación, cómo sus actividades cotidianas se ven alteradas (el amante, interpretado por el director y cómico Harold Ramis, el que hizo "Cazafantasmas", tiene que salir corriendo ante la invasión de biberones, pañales y potes de leche), cómo reaccionan sus compañeros de oficina y cómo entabla una relación curiosa y profunda con la bebé, conforman la parte más emotiva de la película. Después vendrá su encuentro con un personaje espléndido, un veterinario interpretado por el dramaturgo y director Sam Shepard.

Baby Boom (en Colombia tiene un título espantoso, cursi), es la película que resume mejor los sentimientos y la actitud de la mujer de los ochentas, la mujer que trabaja, gana mucho dinero y tiene poder entre los hombres. Con una enorme carga de humor negro que manipula los sentimientos y la soledad de estas mujeres, es una oportuna lección de buen cine y Diane Keaton, con su lenguaje, con su ropa diseñada por Susan Becker (los vestidos de la actriz se inspiraron en los modelos usados por Rossallind Russell y Kathie Hepburn en los cuarentas), con la fotografía llena de vida y luz del veterano William Fraker y con la música del compositor Bill Conti (la canción-tema Everchanging Times de Bacharach es muy expresiva), se convierte en uno de los símbolos más claros de esta generación de mujeres que triunfan y un día, sorpresivamente, descubren que aparte de las estadísticas y los encuentros casuales en la cama y la ropa elegante y las comidas sofisticadas, también existen el llanto y la fiebre y los primeros dientes y el gatear y los bucles y la ansiedad de una pequeña que no sabe todo lo que está causando, un auténtico terremoto donde antes sólo había cosas exactas -

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