Sábado, 21 de enero de 2017

| 2006/08/26 00:00

La tanguera mayor

Susana Rinaldi es la intérprete de tango más famosa en el mundo. Se presentará esta semana en Bogotá, Cali y Medellín. SEMANA habló con ella.

Susana Rinaldi, la ‘Tana’ como es llamada en Argentina, se presentará el 31 de agosto en Jorge Eliécer Gaitán de Bogotá, el primero de septiembre en Cali, y el 2, en Medellín.

Hablar de Susana Rinaldi es hablar de tango. Es hablar de una de sus voces más internacionales y de una de sus intérpretes con más carisma y fuerza. Una mujer que incursionó en los escenarios en los años 60 y que desde entonces ha sido testigo de los altos y de los bajos de este género musical que actualmente pasa por uno de sus momentos más gratos. Ella misma lo afirma: el mundo entero se rinde ante el tango. Su carácter, su pensamiento y su manera de entregarse en el escenario la convierten en una de las figuras más emblemáticas del panorama musical de su país. SEMANA habló con ella a raíz de sus presentaciones en Bogotá, Cali y Medellín la próxima semana.

SEMANA: ¿Pasa el tango por uno de sus mejores momentos?

SUSANA RINALDI: Está en un estado óptimo. Diría que el 70 por ciento del turismo que llega a Argentina, sin exagerar, viene convocado por el tango. Vienen a aprender a bailar. Hay escuelas por todas partes y todos los lugares donde se consume tango están repletos. Pero esto no es sólo un fenómeno que se dé aquí. En Francia, por ejemplo, pasa exactamente lo mismo. Y es que muchos compatriotas que se han quedado por Europa han ayudado a difundir el tango hasta el punto de que se le tiene una fascinación impresionante, y yo me doy cuenta porque sigo despertando en esta generación la misma curiosidad de la época en que empecé.

SEMANA: ¿A qué le atribuye este auge?

S.R.: Mirá, creo que tiene que ver mucho la pasión, que el ser humano la coloca muy mal en los últimos tiempos. Es decir, la pone dentro de la guerra, que es un desenfreno apasionado en el que cada parte defiende sus razones con apasionamiento. Pero todo está mal porque la guerra no puede ser el depositario de la pasión, que puede llegar a ser un sentimiento muy noble. Ahora, por el contrario, se ha encontrado que el sustento del tango es la pasión. El tango ha despertado de las cenizas en que quisieron sepultarlo y las nuevas generaciones, que saben colocar la pasión desde otros lugares, sienten que el tango los representa apasionadamente simplemente para encontrarse con la pareja, para encontrarse con sentimientos que estaban profundamente escondidos.

SEMANA: ¿La gente se entrega de igual manera a la hora de ir a aprender a bailar tango que a la de ir a un escenario a escucharlo?

S.R.: Cuando tienen ganas, sí. Pero por supuesto antes que nada, y como es lógico, debido al egoísmo del ser humano, quiere practicarlo en sí mismo. Quiere ver primero qué es lo que ocurre, qué es lo que es. Sin embargo, acabo de hacer un espectáculo con el padre de mis hijos, que dirige la Orquesta Provincial del Tango, y ha sido una cosa impresionante. Nos hemos presentado durante varias semanas en Buenos Aires y tal ha sido el resultado, que vamos a presentarnos en el Teatro Colón el 8 de octubre próximo.

SEMANA: Esto quiere decir que el furor por el tango no sólo es un fenómeno que se da afuera de Argentina..

S.R.: No. Se vive en el interior de Argentina porque por primera vez en las provincias, que conforman lo federal del país, se gusta del tango como no se ha gustado nunca. En ciertas provincias argentinas el triunfador era la canción llamada folclórica, pero ahora es el tango. Y es el tango porque es la juventud la que lo ha determinado.

SEMANA: Actualmente hay mucha gente joven que viene detrás de usted. Háblenos un poco ellos.

S.R.: Hay una cantante que a mí me gusta por sobre todas que es Lidia Borda, como antes me gustaba María Graña, que hoy ha dejado de cantar un poco. Siento que es gente que le ha dado ímpetu a la canción, y buena cosa que sean mujeres. El hombre se ha quedado repitiendo un poco el esquema de los cantantes de los años 40 y 50 y eso me gusta menos. Se olvidan del nuevo repertorio que es el que le ha dado luz y brillantez a los últimos años

SEMANA: ¿Cómo ha sido la evolución del tango en estos años?

S.R.: Se ha dado de dos maneras muy rotundas y marcadas. En una ha tenido mucho que ver la mujer como autora y compositora. Siempre rubrico la expresión de Astor Piazzolla que decía que el verdadero cambio de la historia del tango se hizo con la incorporación de la mujer como autora y compositora. La inolvidable presencia de mujeres como Eladia Blázquez a la que hoy se le rinde homenaje como no se le rindió en vida, o Carmen Guzmán, entre otras más. Y el otro cambio se da cuando los intérpretes se permitieron pensar el repertorio que iban a presentar, cuando dejaron los café conciertos y pasaron a los escenarios. El teatro siempre te apabulla y te da una exigencia mayor, porque tienes que presentarte con un espectáculo conveniente y coherente.

SEMANA: ¿Por qué usted le atribuye tanta importancia a la interpretación en el tango?

S.R.: Porque es lo mismo del teatro. En el teatro lo importante es pensar para quiénes se actúa, en dónde se actúa. Creo que el tango, que es una expresión social, necesita ser expresado con esos valores para ser difundido de la manera correcta.

SEMANA: Pero en el caso específico del tango han sido las mujeres las que han transmitido esa pasión en el escenario...

S.R.: Es más fácil que arriesgue una mujer y no un hombre. Esto lo digo sin ninguna especulación. El hombre razona pero calcula, la mujer no calcula nada, la mujer arriesga. Tiene la misma posibilidad de razonar, pero no necesita ser jugadora para arriesgar.

SEMANA: ¿Qué va a incluir en el repertorio que mostrará en Colombia?

S.R.: Es muy mezclado. Me acompaña un sexteto, lo que me permite explorar unas nuevas posibilidades rítmicas que tienen un dinamismo diferente cada una. Voy a rendirle una vez más homenaje a la gran cantante, escritora, autora y compositora María Elena Walsh. Además, voy a cantar cosas que la gente ni imagina, pero todo dentro de un repertorio que va creciendo a un punto tal, que cuando llegue el final, la gente piense que se hizo corto.

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