Viernes, 9 de diciembre de 2016

| 1984/05/28 00:00

LA TERRIBLE MARGE

Detras del regreso de James Cagney al cine, se esconde una misteriosa mujer que le controla su vida: <BR>Marge Zimmermann

LA TERRIBLE MARGE

La acción se desarrolla en una habitación de una elegante casa de Manhattan El protagonista, un hombre de 84 años, con apariencia enfermiza, está condenado a una silla de ruedas a causa de su invalidez. El papel: Joe, un boxeador retirado y amargado. La escenografía: unos cuantos muebles en una sala sencilla y un proyector casero que empieza a funcionar mostrando temblorosas imágenes de algún clásico de los años 30, donde aparece un joven boxeador moviéndose por el ring con arrogancia y gestos amenazantes. El actor está atento a la proyección pero... de repente, su cabeza cae, sus hombros comienzan a temblar. El hombre está llorando. El director detiene la acción.
Aún cuando todo ésto parece la introducción de una película con ingredientes melodramáticos, en realidad es una escena que vivieron los que realizaban la filmación de "El terrible Joe", una película para TV, producida por la CBS, para estrenarla a finales del mes pasado. El protagonista es, ni más ni menos, que James Cagney, uno de los "grandes" de la epoca dorada de Hollywood.
Sin embargo, la acción continúa. El actor es atendido y consolado por los médicos y miembros del equipo de filmación. Después de unos instantes, su melancolía pasa y está listo para seguir. Esta vez Cagney contempla impasible la imagen de su juventud. Luego mueve con dificultad la cabeza, mientras que el asistente del director da vuelta a la silla de ruedas para que Cagney pueda hablar hacia la cámara: "¿Dónde estaba? ¡ Venga para acá!".
Así, la realidad de un hombre viejo y enfermo se mezcla y confunde dramáticamente con la fantasía de la historia que se filma. Y para cualquiera que recuerde a Cagney en alguna de las inolvidables películas que protagonizó, esta escena en la casa de Manhattan es, a la vez, sórdida y grotesca. Aunque también podría considerarse como una pequeña muestra de la idiosincrasia de un país que se resiste a perder sus mitos.
Cagney, el actor cuyos modales y caracterizaciones como el prototipo del macho, definieron toda una época de Hollywood, decidió, 22 años después de haberse retirado, volver a participar en una película, aunque en condiciones bastante desfavorables: sufre de ciática, diabetes, gota, neuritis, problemas con la tiroides y dolores en la columna. Está prácticamente ciego y no oye bien. Ha tenido varios derrames cerebrales que lo tienen reducido a una silla de ruedas y le han producido dificultades para hablar. Pero, a pesar de todo, Cagney se somete de nuevo al trajín y la presión de actuar, luchando por conservar su dignidad y haciendo lo que tantas veces había hecho antes con tanta gracia y sin tanto esfuerzo.

DE LA QUIEBRA A LA BONANZA
Detrás de este regreso no muy glorioso, se oculta una larga historia que involucra a una misteriosa mujer en la vida de un astro envejecido. La mujer en cuestión tiene alrededor de 60 años y aunque no es la esposa de Cagney, paga sus cuentas, le administra los remedios, maneja sus propiedades, organiza su agenda y hace sus citas. Es, finalmente, su empresario, agente, mayordomo y, ocasionalmente, su chofer. Pero, ¿quién es realmente esa mujer? Su nombre es Marguerite Zimmermann, pero se la conoce familiarmente como Marge.
La historia se remonta a 1970 en Nueva York. Marge y su marido eran dueños de un pequeño restaurante, "El cuerno plateado", a donde los Cagney solían ir con frecuencia. Sin embargo, la situación financiera del establecimiento se puso difícil y se hizo ineludible su cierre. Los Cagney, apenados por la situación de los Zimmermann, resolvieron costearles unas vacaciones para consolarlos después de la quiebra . Posteriormente, y como prueba de agradecimiento, Marge empezó a visitar a los Cagney llevándoles comidas preparadas por ella y se ofreció a ayudarlos. Poco a poco, los favores se convirtieron en obligaciones y las obligaciones se transformaron en debilidades, hasta el punto de que se fue haciendo indispensable. La posición de Marge se basaba en las necesidades de una pareja de ancianos vulnerables. Pero éstos no sabían cómo tratarla, si como una intrusa o como una redentora.
Los Cagney le dieron a Marge autoridad y, gradualmente, ella fue extendiendo su influencia y poder. Hoy, ese poder se traduce en varios hechos: firma los cheques, hace las compras, contrata y despide a quien quiere, maneja a los abogados, controla el teléfono y la correspondencia y administra las amistades hasta el punto de que hace salir del circulo de amigos de los Cagney a quienes ella, por alguna razón, no aprueba. Es un circulo vicioso. Marge rechaza a la gente y, por otro lado, les dice a los Cagney que todos los han abandonado. Las consecuencias son obvias: mientras más aislados están los Cagney la dependencia de ella es mayor.
Los aires de prepotencia de Marge han llegado, inclusive, hasta la Casa Blanca. En una cena ofrecida por su viejo amigo Ronald Reagan, los Cagney se sentaron en una pequeña mesa con el Presidente y su esposa. Los Zimmermann fueron ubicados en otra y, aparentemente, Marge no estuvo de acuerdo. De repente, se levantó y se dirigió a donde Cagney para controlar lo que estaba comiendo y summistrarle unas drogas, comportamiento que, se supo, disgustó a la señora Reagan.
Pero a Marge nada la detiene. Se dedica a visitar viejos amigos del actor. intriga con productores y guionistas, aduciendo que intenta conseguir una buena oportunidad para "su protegido". Una de esas intrigas fue la que dio resultado a mediados del año pasado. Dio con un guión titulado "La terrible Tess", escrito originalmente para Katherine Herpburn, sobre una ex campeona de tennis que se reúne después de mucho tiempo con su nieta. Pero la Herpburn no se mostró interesada. Marge, que había leído el guión encontró que sería un papel perfecto para Cagney, porque el protagonista principal podía actuar desde una silla de ruedas. El sexo del protagonista original era lo de menos y la solución no tardó sino 10 dias: "La terrible Tess" se convirtió en "El terrible Joe". Luego vinieron las conversaciones con los productores y la firma del contrato en el que se estipulaba que Marge sería la coproductora.
El mayor problema para iniciar el rodaje era la salud de Cagney. Meses antes había sufrido un grave problema por causa de la tiroides y estaba postrado en su lecho de enfermo. Aún así, Marge, cuyas intenciones no tienen límite, empezó los preparativos para la campaña publicitaria de la película. Para promover la imagen de Cagney, concertó una entrevista con la ABC para su programa "Buenos dias América". La entrevista tuvo visos trágicos: Cagney, cuando leía uno de sus viejos poemas, de pronto comenzó a llorar desconsoladamente ante el estupor de millones de televidentes. Esta demostración pública de "reblandecimiento" era demasiado para alguien que siempre había encarnado la rudeza y era considerado una especie de institución nacional. Al día siguiente, Cagney sufrió una recaida. Pero de nuevo intervino Marge quien, haciendo caso omiso de las órdenes médicas y las opiniones de familiares y amigos del actor, lo sacó prácticamente a la fuerza del hospital.
A los pocos meses, Cagney se hallaba ante las cámaras de TV, listo para la filmación de "El terrible Joe", durante la cual ya se conoce el incidente de las lágrimas. Sin embargo, durante los 25 dias de filmación, nunca se lo oyó quejarse.
Pero... ¿por qué la Zimmermann hace lo que hace? Según ella, los motivos que la mueven no tienen nada que ver con el dinero, que lo único que le interesa es Cagney y que está segura que volver a actuar le produjo al actor razones para seguir viviendo. Sin embargo, lo cierto es que ella ha encontrado recompensa para ese trabajo que no muchos encuentran muy filantrópico. Aunque no recibe salario alguno por su trabajo al lado del veterano actor, los beneficios son palpables: una mansión de 600 mil dólares, 750 mil por los derechos de la biografía de Cagney, 100 por sus servicios como coproductora de "El terrible Joe", participación en las ganancias por cada aparición pública del viejo ídolo y, claro está, acceso a sus amigos famosos.
Los hijos de Cagney han afirmado que Marge está explotando a su padre y que su avidez está cosechando mucho más que los márgenes normales de ganancias de un manager, además de que le organiza apariciones en público y actuaciones que nó le hacen bien a su salud. Muy pronto se podrá saber la forma como los norteamericanos recibieron la película del viejo boxeador, si como algo conmovedor o como un melodrama que les hizo evidente la idea de los idolos con pies de barro. Pero, si en el peor de los casos, ni siquiera hay oportunidad para comprobarlo. Al menos queda el recurso de la imaginación para que "El terrible Joe" se convierta en "la terrible Marge".

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