Lunes, 23 de enero de 2017

| 1988/08/08 00:00

LA TIERRA PROMETIDA

La tragedia de los inmigrantes latinos en los EE.UU. en "El secreto del milagro".

LA TIERRA PROMETIDA

La historia tiene todos los elementos de una fábula tercermundista, con el millonario norteamericano --gordo, vulgar--, con una amante sensual y posesiva, y con los campesinos desposeídos que ocupan las tierras que el otro, apoyado en las autoridades locales, quiere arrasar para construir un magnífico condominio para turistas que quieran recuperar el olor del campo. Esos personajes, esa historia, esas circunstancias ya las hemos encontrado en películas, novelas, cuentos, programas de televisión y proclamas en los cuales, los pobres siempre salen perdiendo. Pero, con "El secreto de milagro", la nueva película producida y dirigida por Robert Redford, aunque los elementos sean los mismos, hay un tratamiento, un lenguaje y un sentido de la magia, el humor, la desmesura y el ridículo que al espectador aun el más indiferente ante estos conflictos humanos y sociales, algo se le conmueve. Le provoca alguna reacción asi sea la ternura, así sea la risa.

Basada en la novela de John Nichols, The Milagro Beanfield War, publicada en 1974 (en ese momento el autor ya tenía 15 novelas escritas y dos publicadas, con poco éxito), la pelicula refleja la preocupacion de Redford por los problemas de las minorias políticas y étnicas en Estados Unidos, un fenómeno que ha venido estudiando con cuidado y que ha provocado, desde el Sundance Institute que dirige en el corazón del desierto de Utah, varias películas que enfrentan esos problemas: "La balada de Gregorio Cortés" y "El Norte", entre otras. Con "El secreto de milagro", Redford logró salvar la inevitable trampa ideológica y prefirió, a la manera de ciertas peliculas cubanas de humor, encarar el tema específico de los campesinos maltratados por el terrateniente gringo, en Nuevo México,-pero mezclando elementos mágicos y surrealistas que le dieran otra visión a ese infierno que viven José Mondragón, su mujer, sus hijos y los habitantes del pueblito de Milagro a quienes les prohiben utilizar el agua para regar sus sembrados de fríjoles mientras las excavadoras, los ingenieros, los arquitectos y los policías bien armados, ponen en marcha la construcción del soñado condominio.
Es una guerra que se desata cuando Mondragón, una noche de ebriedad social, decide regar su parcela, la misma que sus antepasados han ocupado durante más de 300 años (esa es una de las tesis fundamentales de la historia, en la novela y la película: esos labriegos analfabetos, torpes e ingenuos, estaban ahí antes que los otros los rubios de ojos azules que hablan inglés y tienen la ley en la mano, y es la realidad que millones de norteamericanos no han querido aceptar), y pone en marcha una atmósfera hostil, violenta, desagradable y caótica en medio de la cual, como si se tratara de un cuento de García Márquez o Singer, surge un ángel que ayuda a los campesinos en su pelea, un ángel que se sienta a sostener largas conversaciones en la oscuridad con otro anciano, mientras un cerdo descomunal tumba cercas y se lleva parte de la ropa tendida.

A la gente le fascina esta película y la clave está en lo que piensa Redford de su realización: "Era el pueblo, era su cultura lo que más me interesaba.
La política está ahí, no se puede evitar, está formada por los negociantes que amenazan incluso la vida misma comunitaria, la tradición y la cultura, heredadas desde hace muchos años, pero elegí insistir más en la gente y en los personajes. A pesar de todos los comentarios que han aparecido sobre el alcance político de mi película, soy algo escéptico sobre el poder del cine para cambiar políticamente a la gente. Creo que lo que cambia a la gente son las modas, así que tienes que estar a la moda para cambiar algo. Pero me gustaría creer que al presentar esta cultura del norte de México al resto de Estados Unidos, la gente sintiera que le están formulando una pregunta concreta: ¿Es usted consciente de que esto ocurre, ahora, en los confines del imperio?, y si tengo que hacer alguna crítica política es esa: que nuestros compatriotas y nuestro gobierno tienen un conocimiento muy pobre de otras culturas que están ahí nomás, a pocos pasos de nosotros. En ese sentido mi película tratados elementos políticos: uno, hacer consciente a la gente de lo que ocurre con otras culturas y dos, la de hacerlos conscientes de nuestra propia historia. Los espectadores tienen que comprender que esos personajes humillados y golpeados estaban en esas tierras antes que nuestro país se llamara siquiera Estados Unidos. Si hay espectadores, especialmente norteamericanos, que aceptan esto después de ver la película, me sentiré muy satisfecho ". --

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