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| 3/19/1984 12:00:00 AM

"LA VERDAD HAY QUE DECIRLA CONTANDO MENTIRAS"

CAMILA LOBOGUERRERO

A raíz del próximo estreno de su película "Con su música a otra parte ", Camila Loboguerrero, primera mujer en Colombia que dirige un largometraje, fue entrevistada por SEMANA.
SEMANA: ¿Cómo prefiere que comencemos esta entrevista: hablando de usted, hablando de su película o hablando del cine en general?
CAMILA LOBOGUERRERO: Yo no creo tener grandes toerías elaboradas sobre el cine. Estoy aprendiendo este oficio. No me interesa la promoción personal, ni estoy haciendo un tipo de cine iconoclasta e irreverente.
Me interesa el análisis de mi película, pero evidentemente estoy yo en ella, está mi vida quiéralo o no aunque no sea una película autobiográfica. Por tanto eventualmente se tendrá que tocar la vida de la persona que la hizo. Pero no me interesa que hablemos de Camilita Loboguerrero que se graduó en el colegio de las monjas, y ta, ta, ta...
SEMANA: Muy bien. Entonces iniciemos preguntándole sobre su vinculación inicial con el cine. Se habla de que estaba haciendo una licenciatura en Historia del Arte en la Universidad de la Sorbona cuando conoció a un peruano, Jorge Reyes, que le propuso que le sirviera, de intérprete en un cortometraje y ese fue su primer trabajo en cine. ¿ Cómo se inició?
C.L.: El coqueteo con el cine en uno es desde chiquito. Desde esos experimentos de niños de hacer cine con un cajón de bocadillos. Sin embargo el encuentro con el peruano en 1966 fue interesante en el sentido de ver como ese tipo, sin hablar francés, sin tener un amigo, sin un peso, podía hacer una película. Y como inmediatamente después se vino el mayo del 68 que fue como un despertar para mi generación, de ahí sí arrancaron unas ganas espantosas de hacer cine. Fuera de ir a la calle y hechar piedra y salir corriendo cuando botaban bombas, trabajé todo el tiempo en la Escuela de Bellas Artes donde la gente estaba haciendo afiches. Allí descubrí que no existe la propiedad privada intelectual. O sea, no es que el gran artista Pérez llegaba y diseñaba su afiche, sino que Pérez proponía una cosita, y luego Rodríguez le agregaba un mono arriba y después llegaba Salazar y agregaba una frase, y resultaba una cosa hecha entre todos. Esto lo digo porque cuando eché mi primer vistazo al cine lo que me pareció fascinante eran esas diez o veinte imaginaciones puestas todas al servicio de una misma obra. Entendí, entonces, las razones por las que andaba tan distante de la pintura: era que odiaba ese trabajo aislado y que realmente lo que me gustaba era trabajar en equipo y que el cine era lo mío.
S.: Después de mayo del 68 entran a la Univesidad de Vincennes a estudiar cinematografía. ¿En ese momento qué tipo de cine le interesaba hacer?
C.L.: Quería hacer cine documental. Documentales sobre Colombia.
Me quedé dos años más en Francia estudiando cine e hice unos cursos en la televisión francesa, cursos de montaje, sonido, y cuanta cosa pude, y me vine. Quería tener un trabajo en el que me mandaran a todos los rincones del país para contarle al mundo, con el cine, como era esto. Hice algunos documentales sobre el Chocó y los llanos, trabajé con el SENA y después con el ministerio de Educación en cine educativo que era aburridísimo.
S.: ¿ Y cómo pasó del documental a un cine mucho más personal?
C.L.: Ya sobre la práctica, después de haber hecho documentales, fui necesitando la puesta en escena, la ficción, pues me di cuenta que el documental como la mejor forma de mostrar la realidad era sólo un mito.
Sentí entonces la necesidad de tener el control total de la escena. En el documental está uno traicionando lo que quería decir. Muchas veces termina uno diciendo cosas que nunca quiso expresar por no poder manejar la totalidad de los elementos. En últimas, como quien dice, para decir la verdad hay que decirla contando mentiras; la realidad se cuenta a punta de ficciones.
S.: ¿Eso la llevó a realizar argumentales?
C.L.: Sí. Pero me sentía muy insegura con respecto a los actores porque nunca había hecho teatro, ni lo había dirigido, ni nada. Entonces me conseguí una beca y me fui a París otra vez, durante cuatro meses, en un plan como rico que era mirar hacer películas. Me tocaba estar,me diez horas diarias, parada, muda--porque lo mejor que uno puede hacer en ese caso es no hacer preguntas indiscretas--, mirando todo, devorando todo con los ojos. Fue una buena experiencia, regresé e hice "Soledad de paseo" que es mi primer argumental. Es la historia de una mujer que cuida un inválido. Fue mi inicio con los actores.
Después hice tres cortos más y fui perdiendo el miedo a manejarlos en escena.
S.: Pero en el argumental, además del problema de los actores también está el del guión, escribir la historia, hacerla coherente, dramatizar situaciones, etc. ¿Cómo lo resolvió?
C.L.: Eso fue terrible. Yo vengo del mundo de la imagen. Mi formación fue en las Bellas Artes que estudié durante cuatro años. El mundo de las letras es un mundo que no es el mío.
Pero resulta que los guiones son como muy difícil de mandarlos a hacer como quien manda a hacer un vestido.
Así que hice ese primer guión de "Soledad de paseo" cuya idea central me sigue gustando. Sin embargo, después de hacer la película la reacción general fue que la película era muy linda pero que al final había un corte brusco y existía un problema de guión. Un problema esencialmente dramatúrgico por haber desarrollado hasta un punto la película y no haberla desanudado correctamente. Comencé a estudiar la dramaturgia, la acción, el héroe. Trabajé un segundo guión sobre un tipo encarcelado y fue más fácil porque era una narracción en primera persona. Para mis dos últimos cortos dos amigos fotógrafos me hicieron los guiones: Camilo Lleras y Jaime Ardila. Eran buenos guiones, mejor que los que yo había hecho. A la hora de hacer "Con su música a otra parte" los llamé de nuevo, pero no pudieron dedicarle tiempo y me tocó emprender finalmente a mi sola la escritura del guión, lo cual para mí fue un dolor de cabeza. El guión es mi dolor de cabeza, y no sólo para mí sino también para la mayoría de los cineastas colombianos.
S.: Y ya que salió a relucir "Con su música a otra parte", ¿Cuál es la historia de esa película?
C.L.: Para mi la historia de la película es la de una niña desarraigada que somos también los colombianos, que no sabemos lo que tenemos, que lo buscamos por todas partes menos donde está y que solamente se encuentra a través de mirar nuestra realidad. Es una niña que canta en inglés, que dice toda clase de maricadas, que no sabe donde está parada, que vive soñando en pilotos divinos, que quiere hacer música, pero que no es consciente de que tiene una gran tradición musical en su país que está repesentada en la figura de su abuelo.
Ella no quiere mirar eso. El enfrentarse a la realidad, el salirse de eso y no seguir en su campaña de cristal y mirar el país en que vive es como ella puede encontrar sus raíces, su cultura. Mientras ella siga cantando en inglés jamás tendrá una identidad cultural propia. Es un poco eso, es mirarnos al espejo y tratar de contar cómo somos. Esta nueva etapa de Focine (hablo de dos años para acá) donde la plata se la han dado a realizadores de oficio y no a comerciantes que no tenían ninguna intención de mirar la realidad de un país, a esta última generación de personas que pasamos por la universidad, que estudiamos cine, que somos cinecluberos, que nos gusta este oficio, en mi sentir hay una cosa honesta por buscar un poco lo que somos.
S.: Sin embargo esta última generación también se ha dado un poco contra la pared y el cine colombiano sigue en veremos.
C.L.: Claro, porque se nos pide que hagamos la película que salve la historia del cine colombiano de un sólo plumaso. Es como quijotesco y pionero de nuestra parte y es duro.
Pero bueno, no importa que llueva piedra, lo importante es que se haga cine. Asumiendo eso si todo lo que es la primiparada -
Rafael Parra Grondona -
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