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| 2/23/1998 12:00:00 AM

LA VERDADERA HISTORIA

El drama del Titanic ha sido uno de los más grandes mitos del siglo XX. ¿ Qué fue lo que pasó en realidad?

Que es lo que hace que el Titanic se mantenga vivo a través de los años? ¿Qué es lo que determina que su encanto, su misterio, su lujo, las historias personales de sus pasajeros y los detalles del catastrófico desenlace de su viaje inaugural sigan siendo material de libros, de películas, de investigaciones, de expediciones al fondo del mar, de controversias históricas, de permanente fascinación, en fin, para millones de personas a todo lo largo del siglo XX?Nadie tiene una explicación totalmente convincente. Pero hasta que sus restos aparecieron en el fondo del mar, en 1985, se creía que parte del encanto del Titanic radicaba en su pasado fantasmagórico. Era una historia con sustancia pero sin cuerpo. Cuando ese cuerpo fue encontrado, sin embargo, las dudas no solo no se resolvieron sino que se incrementaron. Desde 1912 ha habido peores desastres marítimos que el del Titanic. Pero la historia de este último se ha llevado todas las demás por delante. La gente, sencillamente, no se cansa de oír hablar del Titanic y de los pasajeros que se llevó consigo al fondo del mar, en la mitad del Atlántico. Su existencia está colmada de ironías: la más lujosa embarcación construida en la historia, a prueba de naufragio, según sus constructores, se hundió en su viaje inaugural. A bordo viajaban algunas de las familias más ricas y prominentes de dos continentes. Entre sus pasajeros estaba el director de la compañía naviera a la que pertenecía el Titanic, y su propio constructor. Y su capitán era uno de los más experimentados y veteranos de la época. Sin embargo, el exceso de confianza del capitán y de su tripulación los llevó a ignorar las innumerables advertencias de otras embarcaciones sobre la abundancia de hielo en las aguas sobre las cuales se deslizaba el Titanic.Y mientras éste se hundía, poco después de la media noche de su quinto día de travesía, historias que no terminan de contarse sobre el coraje y valentía de algunos de sus pasajeros, o la cobardía y debilidad de muchos otros, se desarrollaban en su cubierta, durante las dos horas y media que duró el naufragio. Parte del encanto del Titanic radica en que cada vez que se escuchan esas historias es inevitable ponerse en el caso de esos pasajeros y preguntarse qué habría hecho cada uno en su lugar.Uno de los que primero y más insistentemente se hizo esa pregunta fue el autor y editor de la época, Elbert Hubbard. Dedicó gran parte de sus investigaciones a resaltar el valor con el que muchos de los millonarios y celebridades que viajaban en primera clase _Strauss, Stead, Astor, Butt, Harris, Thayer, Widener, Guggenheim, Hays_ se negaron a hacer uso de su privilegiada situación, y en lugar de salvarse en los primeros botes salvavidas que se alejaban del Titanic, permanecieron valientemente en su cubierta en espera de que fueran evacuados los demás para después pensar en su propia seguridad. Hubbard le dedicó especial atención al caso de la pareja que conformaban los dueños de Macy's, famoso almacén de departamentos de Nueva York, que prefirieron ahogarse juntos, unidos por los vínculos de muchos años de vida matrimonial, antes que salvarse apenas uno de ellos. "La forma como perdieron la vida los Straus fue gloriosa. Pocos tienen ese privilegio", escribió Hubbard en su momento. Irónicamente, tres años después de haber escrito estas palabras, Hubbard y su esposa se ahogaron en el Lusitania, cuando este fue torpedeado durante la guerra por un submarino alemán. Esa es apenas una de las formas con las cuales el Titanic se las ha arreglado después de su hundimiento para seguirse renovando a sí mismo. La siguiente es la historia de lo que pasó en la fatídica noche del 11 de abril de 1912, vista a través de los ojos de sus protagonistas.
1. El director de la empresa
Una de las escenas más impactantes de la nueva versión cinematográfica del hundimiento del Titanic es aquella en la que el director de la empresa propietaria del barco aprovecha el descuido de un miembro de la tripulación que organizaba la evacuación de los pasajeros _dándoles prioridad a las mujeres y a los niños_, para colarse en un bote salvavidas. Su nombre era Bruce Ismay, director de la línea White Star, posición que había negociado cuando vendió la firma que había fundado su padre. Fue de su cabeza que surgió la idea de construir un barco mayor que el Lusitania, el más grande de cuantos por aquella época transitaban por el mar. El proyectado Titanic competiría por su extraordinario lujo con cualquier barco existente hasta el momento. Pero también sería lo suficientemente rápido como para cruzar de Inglaterra a Nueva York en el término de una semana. La obsesión de batir ese récord acompañó a Ismay y al capitán Smith durante los cinco días que duró la travesía del Titanic. Varios sobrevivientes recuerdan a Ismay hablando del tema a la hora de la cena, en el comedor principal de primera clase, y llevando a diario las cuentas del trecho recorrido. Entre la tarde de abril 11 y la tarde de abril 12 el Titanic había avanzado 484 millas, y entre la tarde del viernes y la del sábado avanzó 519. Sin embargo, el récord de velocidad para una embarcación de la época seguía sin superarse, e Ismay confiaba en poderlo hacer durante la travesía inaugural del Titanic. Sobre este tema conversaba Ismay con frecuencia en tono dictatorial con el capitán del Titanic, quien solo aprobaba con la cabeza. "Las calderas están demostrando que aguantan la presión", se le escuchó decir. "Eso significa que lograremos la hazaña de llegar a Nueva York el próximo martes".
2. El barco
Cuando los primeros pasajeros subieron al Titanic el viernes 11 de abril de 1912, día en el que comenzaba su viaje inaugural, no podían creer lo que estaban viendo. No sólo era el barco más grande que se hubiera construido hasta el momento, sino también el más lujoso. La decoración del recibidor de primera clase imitaba el Palacio de Versalles. Las paredes del salón de fumar estaban forradas con paneles de madera con incrustaciones de madreperla. La escalera principal estaba decorada con barandas de hierro forjado y bronce dorado. Los salones públicos de segunda clase, decorados en maderas finas, eran tan suntuosos como los mejores hoteles de primera clase. Aun la tercera clase, con sus brillantes paredes blancas, estaba muy por encima de las comodidades de otros barcos de la época.Los rumores sobre el derroche de lujo del Titanic habían atraído a varios pasajeros famosos. Los de primera clase _con el ejército de servidumbre que los acompañaba y las torres interminables de equipaje con el que viajaban_ representaban lo más sobresaliente de la sociedad angloamericana. Entre ellos estaban Isidoro Strauss y su esposa, fundadores de la tienda de departamentos Macy's, pareja que le dio un ejemplo de amor al mundo hundiéndose con el Titanic. Viajaba también _con su amante_ el play boy norteamericano Benjamín Guggenheim, cuya familia había hecho su fortuna en minería. George Widener, heredero de la más grande fortuna de Filadelfia, viajaba con su esposa e hijo. Y entre los ingleses más prominentes se encontraban sir Cosmo Duff Gordon y su señora Lucile, una exitosa diseñadora de modas de gran fama en las sociedades inglesa y norteamericana. El viaje inaugural del Titanic se inició bajo un clima estupendo, que se prolongó durante todo el día viernes e incluso durante todo el sábado, a medida que la embarcación se adentraba en las calmadas aguas del Atlántico.
3. El capitán.
El capitán Edward J. Smith no había tenido un solo accidente naval serio en sus 25 años de carrera en la línea White Star. Y parecía ser la elección natural para comandar al Titanic en su viaje inaugural. Apodado el 'capitán de los millonarios', era favorito de la sociedad y del mundo de las finanzas, cuyos principales exponentes con frecuencia viajaban en sus barcos. Como consecuencia, ganaba un salario dos veces superior al de cualquier otro capitán de la época. Era un hombre jovial y risueño, igualmente popular entre sus pasajeros que entre su tripulación. Sería su último viaje como comodoro de la línea naviera, y consideraba el crucero como la mejor manera de terminar una carrera distinguida y exitosa. A pesar de toda su experiencia, sin embargo, Smith todavía estaba capacitándose para comandar un barco de las dimensiones del Titanic.

4. Los AstorJohn Jacob Astor era el más rico de los pasajeros del Titanic, pero no el único millonario. Regresaba de luna de miel con su segunda esposa, Magdalena. Astor era el nieto de un exitoso comerciante en pieles, y había logrado acrecentar su fortuna en negocios en finca raíz. El escándalo de su divorcio y segundas nupcias con una mujer más joven que su hijo había sido tan grande que los recién casados viajaron a Europa y a Egipto para escapar un tiempo de él. Ahora, Magdalena Astor regresaba a Estados Unidos embarazada de cinco meses.
5. El constructor
En el camarote A-36 de primera clase viajaba Thomas Andrews, quien había sido el responsable de la exitosa transformación de las fantasías de Bruce Ismay en esa realidad flotante que era el Titanic. Una verdadera hazaña, tratándose de alguien que todavía no cumplía los 40 años. Andrews era una figura muy popular y un hombre extremadamente trabajador, que con frecuencia llegaba antes de las cuatro de la mañana al lugar de construcción del Titanic, para supervisar los trabajos. De los bolsillos de su saco siempre asomaban docenas de planos y diseños. Viajaría a bordo del Titanic para monitorear su efectividad, y para hacer las modificaciones que fueran necesarias. Entre los cambios que ya planeaba hacerle al Titanic estaba el de ampliar el área de camarotes de primera clase, y el de aclarar el color de los corredores que conducían a la cubierta.
6. Los Allison
Hudson J.C. Allison era un exitoso inversionista de Montreal, quien regresaba de Inglaterra después de haber pasado allí una temporada dedicado a la compra de caballos. Viajaba en compañía de su esposa Bess, y de sus pequeños hijos Loraine y Trevor.Allison había reservado dos camarotes contiguos en primera clase. En uno viajaba la pareja y la pequeña Loraine, y el otro era ocupado por la enfermera Alice Cleaver, encargada del cuidado del pequeño Trevor, de 11 meses. Para otros tres sirvientes de los Allison _además de una cocinera y de un chofer_, se habían hecho reservaciones en segunda clase. La inexperiencia de la enfermera Alice Cleaver era evidente. La señora Allison tenía que repetirle permanentemente las instrucciones y asistirla en el cuidado de los niños. Pero la inexperiencia no era el secreto más oculto de Alice Cleaver. Tres años antes había asesinado a su propio hijo bebé, arrojándolo por la ventanilla de un tren. A pesar de haber sido juzgada y condenada, fue posteriormente puesta en libertad con el argumento de que su crimen había sido cometido en un acto de desesperación luego de ser abandonada por el padre del niño. La anterior enfermera de los Allison había renunciado unos pocos días antes de zarpar, y Alice fue contratada precipitadamente.
7. Los telegrafistas
Acargo de la sala de telegramas se encontraban dos empleados de la companía Marconi: Jack Phillips de 25 años, y su asistente Harold Bride, de 21. Mientras la mayoría de pasajeros del Titanic se encontraban almorzando al mediodía del domingo, Philips y Bride se allaban ocupados en la oficina de telegramas tratando de ponerse al día con las necesidades de comunicación de los pasajeros. Los mensajes se encontraban represados porque el equipo había estado dañado todo el sábado. Los telegrafistas luchaban afanosamente por ponerse al día, cuando fueron interrumpidos por el mensaje de otra embarcación, el Báltico: "Capitán Smith, Titanic. Hemos tenido vientos moderados y buen clima. Hemos divisado icebergs y gran cantidad de hielo en el día de hoy en la latitud 41.51 norte, longitud 49.52 oeste. Exitos para usted y para el Titanic". El mensaje del Báltico fue entregado de inmediato al capitán Smith, quien en lugar de circularlo entre sus oficiales encargados de la vigilancia se lo puso en su bolsillo. Smith le había mostrado un mensaje semejante del buque Caronia a su segundo oficial Charles Lighttoller, quien luego lo había colocado en la cartelera. De acuerdo con el testimonio posterior de Bruce Ismay, el capitán le enseñó horas más tarde la advertencia del Báltico. Ismay la ojeó, y también la metió en su bolsillo. Para ese momento circulaba entre los pasajeros la versión de que los motores del Titanic estaban funcionando a toda marcha. Una pasajera, Catherine Crosby, recuerda que uno de los marineros le dijo que la temperatura del océano se había reducido drásticamente, lo cual indicaba la cercanía de icebergs. Llegaron telegramas de otras embarcaciones. La Touraine se comunicó con el Titanic reportando hielo. Lo mismo el Rappahannock, que envió su mensaje en morse a través de una lámpara, reportando que acababa de transitar en medio de grandes bloques de hielo. El Titanic logró pasar por el área de hielo reportada por las dos embarcaciones sin divisar ningún iceberg, pero todo hacía suponer que el hielo continuaría siendo una amenaza durante la travesía. A las nueve y media de la noche del naufragio del Titanic, Phillips recibió un nuevo telegrama, esta vez del Mesaba, con otra contundente alerta sobre la presencia de gigantescos icebergs en la zona. En vista de su estado de cansancio y de todos los mensajes semejantes que se habían recibido en las últimas horas, no le dio importancia, y jamás se lo entregó al capitán.
8. Los RyersonArthur y Emily Ryerson habían recibido hacía pocos días en París la noticia de la muerte accidental de su hijo, que vivía en Pensilvania. Cuando lograron conseguir reservaciones en el Titanic, Ryerson tomó la decisión de realizar el funeral de su hijo el 19 de abril, dos días después de la fecha en la cual llegaría a Nueva York. Debido a su duelo, los Ryerson habían preferido la soledad de sus camarotes a la intensa vida social del Titanic. Pero Emily recuerda una significativa conversación mantenida con Bruce Ismay en una de sus pocas salidas a caminar sobre cubierta. "Espero que dentro de sus penosas circunstancias usted se encuentre bien y cómoda", le dijo Ismay. Ella no estaba con ánimo de hacerle conversación al director de la compañía marítima, pero él parecía estar dispuesto a todo lo contrario. Así que Ismay prosiguió: "Nos encontramos entre icebergs", dijo, mientras sacaba de su bolsillo el telegrama que le había entregado el capitán. "No estamos avanzando muy rápido, máximo a 21 nudos. Pero esta noche aumentaremos la velocidad". De vuelta en su camarote, Emily Ryerson le contó la conversación a su marido, y discutieron qué harían en caso de que el Titanic lograra llegar a Nueva York la noche del martes en lugar de la mañana del miércoles.
9. El icebergMientras tanto, en el puente de mando los oficiales a cargo calculaban que el Titanic estaría entrando en firme en la zona de hielo a las 11 de esa noche.A las 9:20, confiando en el buen clima y en lo despejada que estaba la noche, el capitán Smith anunció que se retiraba a dormir en su camarote. Nunca se ha podido entender por qué lo hizo, sin embargo. Un capitán tan experimentado como él sabía que el Titanic comenzaba la etapa más crítica de su travesía. Para curarse en salud, se comunicó con los marineros de la atalaya, para pedirles que estuvieran atentos ante la presencia de icebergs en la zona.Lentamente, los pasajeros del Titanic regresaban a sus camarotes. Algunos de los sobrevivientes recuerdan que la vibración que producía la velocidad del barco era más fuerte esa noche que nunca. A las 11 de la noche casi no quedaban pasajeros despiertos, y solo permanecían abiertos los cuartos de fumar de las clases primera y segunda.A las 11:30 los marineros de la atalaya divisaron una sombra en la distancia. Solo podía ser una cosa: un iceberg. Tocaron la campana de alerta tres veces, indicando la presencia de hielo, y se comunicaron telefónicamente con el puente de mando.A pesar de que los oficiales al mando del barco tuvieron oportunidad de comunicarse con el cuarto de máquinas para ordenar un rápido viraje, y por un momento les pareció a los marineros de la atalaya que el Titanic podría lograrlo, a las 11:40 de la noche se escuchó un intenso ruido, a medida que el iceberg pasaba a un costado de La embarcación. El capitán Smith se hizo presente de inmediato en el puente, y ordenó una evaluación de los daños. La primera respuesta que recibió fue suficiente: el Titanic estaba haciendo agua. Sin decir una palabra, el capitán dio vuelta y se marchó. En cubierta, se encontró con Bruce Ismay, quien estaba en pijama. "Hemos golpeado hielo", le informó el capitán. "Y me temo que el daño es muy grave". No se tiene registro de ningún otro detalle de esta conversación, pero internamente Ismay debió estar destruido. Sus sueños de grandeza se estaban convirtiendo en una espantosa pesadilla.

10. El daño
Muy pronto se tuvo una idea aproximada de lo que había sucedido. El iceberg había perforado los seis primeros compartimientos a prueba de agua, uno de ellos el que sellaba el cuarto de la caldera. Cerca de 200 pies del interior del Titanic habían quedado expuestos al mar. Con el daño de estos primeros compartimientos, de los 16 que tenía, el Titanic estaba condenado. El primero en ser consciente de la desesperada situación fue el constructor del Titanic, Thomas Andrews. Más que nadie, él sabía que los barcos salvavidas eran insuficientes para una evacuación general de los 2.200 pasajeros. Y según sus cálculos, el barco no se mantendría a flote más de una hora, máximo dos.Para la mayoría de la tripulación y de los pasajeros, sin embargo, la situación era desconocida. El choque con el iceberg había pasado inadvertido, y sólo pensaron que algo raro sucedía cuando los motores de la embarcación se pararon de súbito. El capitán, probablemente de manera deliberada, fue negligente en dar un aviso general sobre la emergencia. Pero durante la siguiente media hora comenzó a propagarse el rumor de que algo estaba pasando, y sin ninguna organización inicial muchos pasajeros comenzaron a llegar a cubierta con sus maletas a mano, para encontrarse con una tripulación que insistía tercamente en que todo era normal.
11. La evacuación Apartir de la media noche el capitán ordenó preparar los botes salvavidas, pero aún no se decidía a dar la alarma general. Mientras tanto, algunos de los pasajeros, particularmente los de tercera clase, comenzaban a percibir una leve inclinación en la superficie del barco. Y cuando notaron que el agua comenzaba a inundar los corredores, cientos de ellos se volcaron a los pasillos, intentando encontrar un camino hacia cubierta. Hudson Allison fue despertado en su camarote con unos golpes en la puerta que desde el cuarto de al lado dio uno de sus sirvientes, preocupado porque los motores se habían detenido. Allison se puso bravo, y después de asegurar que el Titanic era inhundible, ordenó a su sirviente que volviera a la cama. Para entonces, apenas una parte de la tripulación _que por fin había recibido una orden del capitán_, comenzó a alertar a los pasajeros para que se pusieran los chalecos salvavidas. Pero otra parte de la tripulación se mantenía en la ignorancia, por lo que muchas veces los pasajeros recibieron órdenes encontradas. Por orden del capitán, la banda había comenzado a tocar. Aunque la leyenda de que tocó hasta que el barco se hundió es exagerada, los músicos sí fueron unos verdaderos héroes. No existe ningún registro de que intentaran subir a ningún bote salvavidas, y su música indudablemente contribuyó a calmar a los pasajeros. Ninguno sobrevivió.Lo que siguió después fue el caos. El primer bote salvavidas en zarpar llevaba 12 ocupantes, cuando su capacidad era de 50. De ellos, solo cinco eran pasajeros, y solo dos mujeres. Era el bote número uno. En él lograron acomodarse con espacio de sobra Sir Cosmo Duff Gordon y su señora Lucile. Varios testigos relataron más tarde que a pesar de los gritos, los gemidos y las llamadas de auxilio que escuchaban, Sir Cosmo y su esposa se opusieron a que el bote salvavidas regresara a rescatar a otros náufragos, que habrían podido ser no menos de 30. Incluso se comentó que Sir Cosmo había sobornado a algunos de los marineros que viajaban con él para impedir que el bote regresara al lugar del naufragio. Los Gordon fueron llevados a juicio en Londres y el caso fue uno de los más sonados de la época. Pero fueron absueltos, y la fama de Lucile Gordon como diseñadora de modas se acrecentó. Para la 1:20 de la mañana seis botes salvavidas habían zarpado, ninguno de ellos en el límite de su capacidad.En su cómodo camarote de primera clase, Hudson Allison comprendió finalmente que algo estaba pasando y fue a investigar, dejando a la enfermera Alice Cleaver acompañando a su esposa y sus pequeños hijos. Ambas mujeres comenzaron a entrar en pánico. La enfermera, que muy pronto comprendió la gravedad de la situación, envolvió al bebé Trevor en una cobija, le prometió a la señora Allison que no lo soltaría bajo ninguna circunstancia, salió del camarote y desapareció. En su afán por regresar al lado de su esposa e hijos, el señor Allison pasó al lado de la enfermera sin reconocerla. Esta siguió derecho hacia cubierta y subió al bote salvavidas número 11. El resto de la familia Allison se hundió con el Titanic. Entre tanto, los pasajeros de tercera clase luchaban por abrirse paso hacia cubierta. El hecho de que menos de una cuarta parte de ellos sobreviviera ha llevado a la conclusión de que fueron sacrificados en pro de la seguridad de los pasajeros de primera y segunda clase. Pero la leyenda de que las puertas de acceso a la superficie fueron cerradas con llave no está confirmada. Parece más factible que la tripulación hubiera intentado poner orden durante el ascenso de los pasajeros de tercera clase a cubierta, exigiendo que pasaran primero las mujeres y los niños. Pero la mayoría de ellas no estaban dispuestas a dejar detrás a sus maridos, y cuando lograron finalmente alcanzar la cubierta ya casi todos los botes salvavidas habían zarpado.Al bote número cuatro subió con mucha dificultad Magdalena Astor. El coronel Astor preguntó si podía acompañar a su esposa embarazada, pero aceptó la explicación de que solo mujeres y niños serían evacuados en ese momento. Sin embargo, se aseguró de preguntar el número del bote, para encontrar más tarde a su esposa, a la que jamás volvería a ver.Emily Ryerson subió al mismo bote salvavidas. Su esposo se quedó en la cubierta del Titanic. A su regreso a Nueva York, la señora Ryerson ya no solo asistiría a los funerales de su hijo, sino también a los de su esposo. Uno que logró saltarse la prioridad de evacuar primero a mujeres y niños fue el director de la compañía, Bruce Ismay. Cuando el naufragio se hizo inminente, decidió salvar su pellejo, subiendo a uno de los botes. Pero la desgracia lo perseguiría toda la vida. Después de un sonado juicio en Londres en el que finalmente fue absuelto, la fama de su cobardía lo persiguió hasta la tumba. La gente lo señalaba en la calle, y los periódicos lo ridiculizaron inclementemente durante varios años.En cambio el diseñador y constructor del Titanic, Thomas Andrews, suplió valientemente la falta de autoridad del capitán Smith, y se hundió con el barco.A las 2:20 de la mañana el Titanic naufragó, después de haberse quebrado en dos. Con él se ahogaron 1.517 personas, incluyendo al capitán. Solo pudieron salvarse 706, evacuados esa madrugada por el Carpathia, una embarcación que logró ser alertada con respecto a la emergencia, pero que se encontraba muy lejos del Titanic, a 40 millas, para haber logrado rescatar más sobrevivientes antes de que estos se congelaran en las heladas aguas del Atlántico.
12 Los huérfanos
La leyenda también incluye docenas de huérfanos que fueron evacuados dejando a sus padres en el Titanic. La verdad es que solo hubo dos pequeños que llegaron solos a Nueva York en el Carpathia, sin que nadie supiera a ciencia cierta quiénes eran sus padres. Se requirieron varias semanas para que el misterio de la identidad de Edmond, de dos años, y de Michel, de cuatro, se esclareciera. Su padre, un sastre de la ciudad de Niza, Francia, acababa de separarse de su madre, apenas una adolescente. Aprovechando las vacaciones de Pascua, éste desapareció con los niños sin dejar rastro. Eran tres de los pasajeros de tercera clase que viajaban a bordo del Titanic. Los pequeños fueron entregados por su padre a los ocupantes del último bote salvavidas que zarpó. Cuando la foto de los niños recorrió el mundo publicada en los periódicos, la madre los reconoció y viajó hasta Nueva York para rescatarlos. Las dudas que dejaron los acontecimientos sucedidos a bordo del Titanic el 14 y el 15 de abril de 1912 jamás serán absueltas en su totalidad. Las que más torturan a los investigadores se refieren a la posible negligencia del capitán Smith y del director de la compañía, Bruce Ismay. ¿Permitieron éstos que el Titanic viajara más rápido de lo que las normas de seguridad marítima aconsejaban en unas aguas infestadas de bloques de hielo? ¿Era realmente el inhundible Titanic un barco seguro, teniendo en cuenta lo rápido que se hundió? ¿Por qué no había suficientes botes para salvar a la totalidad de los pasajeros? ¿Estuvo la tripulación a la altura de las circunstancias? ¿Cuántas vidas dejó de salvar el egoísmo de muchos de sus pasajeros? ¿Hizo mal Bruce Ismay al haber salvado su vida? ¿Cómo se permitió que Sir Cosmo Duff Gordon, su esposa y su secretaria terminaran en un barco con solo dos pasajeros más y siete miembros de la tripulación? ¿Realmente se impidió que los pasajeros de tercera clase llegaran a tiempo a cubierta? ¿Será cierto que otro barco, el California, se encontraba en cercanías del Titanic en el momento de su naufragio, pero negligentemente confundió las señales de auxilio con luces de celebración? Ninguno de estos interrogantes ha sido resuelto a satisfacción.
14. El legado
Probablemente el legado más importante que dejó el naufragio del Titanic fue la mejora de las normas mínimas para la seguridad marítima. Todas las embarcaciones con 50 o más pasajeros fueron obligadas a partir de entonces a mantener sus sistemas de comunicación encendidos las 24 horas. Se creó la Patrulla Internacional de Hielo, con la misión de detectar icebergs y advertir a tiempo sobre ellos a las embarcaciones. Desde entonces, en el área que monitorea la patrulla, no ha vuelto a haber un solo naufragio como consecuencia de un iceberg. El Titanic también demostró la criminalidad de las regulaciones existentes hasta el momento en materia de botes salvavidas, que se contentaban con que hubiera apenas la mitad de los botes necesarios. A partir de entonces se hizo obligatorio llevar el mínimo necesario para evacuar a todos los pasajeros. Inmediatamente después del naufragio, las compañías productoras de botes salvavidas vieron agudamente incrementada la demanda e, irónicamente, una de las beneficiadas con ello fue una sobreviviente del Titanic, la señora Tillie Taussing de Nueva York. Su marido, una de las víctimas del Titanic, le dejó como herencia varias acciones sin ningún valor en una de estas compañías. Cinco meses después del naufragio, vendió sus acciones en 2.000 dólares, una considerable suma para el año 1912.
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