Jueves, 8 de diciembre de 2016

| 1989/07/24 00:00

LA VIDA EN VERSO

Doce años de poesía en el reciente libro de Fernando Garavito.

LA VIDA EN VERSO

"Ilusiones y erecciones" De Fernando Garavilo Poesía Editorial Oveja Negra 96 páginas
Fernando Garavito como periodista se le conoce más que como poeta. Sus entrevistas polémicas y mortalmente incisivas, que Nalizó en "Cromos" bajo el seudónimo de Juan Mosca, crearon en su momento toda una escuela de ese arte de la pregunta inopinada, con su impaciencia de siempre ir más al fondo.

De tal manera que, como lo hace el verdadero reportero, creaba un diálogo abierto y avenlurado en el que sabía llevar a su interlocutor, inexorablemente, del plano de las anécdotas al de la exposición de las ideas. Este es el Fernando Garavito que se conoce, que se admira, al que se le reprocha o al que se le teme, el periodista. Pero tras este inquisidor audaz hay un poeta secreto, un poeta provocador. Y como su obra poética escapa fácilmente a las clasificaciones y a las escuelas, es por ello muy improbable que encontremos con frecuencia su nombre en las previsibles antologías. La de Fernando Garavito es una poesía que no hace concesiones a los bellos sentimientos, es más bien una poesía de los sentimientos heridos, de la aspereza de sus crudos desajustes del desencuentro, la soledad, a veces del amor fugaz tantas más de la monótona sordidez de la gris cotidianidad. Es muy probable que esta práctica poética se imponga a su autor como un antídoto contra la retórica y el lugar común, la pompa verbal y el tornasolado formalismo sin originalidad creadora, hay en ella un animo iconoclasta y una vindicación poetica en su inmediala evocación de la sencilla constatación de los actos, heroicos o anodinos, de cada día.

Su libro "Ilusiones y erecciones" recoge su producción de cerca de 12 años, en donde se pueden reconocer cuatro etapas bien diferenciadas. En los primeros tres, un mismo escenario, un solo molivo, una fuerza impugnadora, el grito de un rebelde: la ciudad, esa feroz confrontación entre eros y tánalos, el alarido contra la crueldad, la frialdad y la indiferencia y, siempre en el limite de la derrota, el poema llevando al interior y profundizando sus movimientos animicos.

El poeta, con su informalismo sin reservas, da cuenta a si propio de cada uno de esos movimientos estremecedores cuando se compromete forzosamente consigo mismo en el poema.
De ahi que surjan con tanta violencia sus crisis, sus visiones apasionadas, obscenas, en el limite de la brutalidad. Son respuestas estremecedoras ante un mundo hostil, pero que en el fondo no deja de fascinarle. Y es que al cabo sus temas son los de todos los hombres, estan hechos de esas pequeñas-violencias cotidianas, de las heridas recibidas en el amor y en el desamor, de la desesperanza que dejan los malos encuentros y las infructuosas esperas.

Con un estilo poético inusual y anticonvencional, en un tono que va desde la iracundia hasta la melancolia, estos poemas, que no subliman nada, son en su sensibilidad hacia los estados de ánimo un reflejo fiel de una busqueda al borde del abismo.

En las primeras etapas del libro la lectura resulta impulsada como por rios iracundos que sorprendentemente desembocan en un espacio menos turbulento, en donde todo se recoge con un nuevo lenguaje y otro sentido de lo poético. En efecto, la cuarta parte del libro realiza una ruptura, un corte radical. Más claramente intencional, menos vehemente, quizás, pero con una emoción mucho más profunda, el poeta ahora habla de si mismo, perplejo y abandonado al tumultuoso fluir de la memoria, que impone sus imágenes.

La infancia con sus desdichas, la ramilia, el hogar, los primeros asombros y el estallido de los vastos terrores. Un retrato dramático, sin duda, una confesión instintiva con los rásgos concretos y nitidos de lo vivido, que evoca una larga lucha. Estos poemas representan una vuelta al pasado, no para explicarlo ni pedirle cuentas, más bien como el repliegue a un mundo triste que hoy transfigura su poesia en una visión de las catástrofes que fueron configurando sus ilusiones perdidas. Es el recuerdo lacerante de las esperanzas que abrieron caminos y que el tiempo cerro.

En esta ultima época la poesia de Fernando Garavito se ha decantado enormemente, haciéndose mucho más narrativa. Con su emoción contenida, los conjuntos se despliegan como cuadros complejos y vivos, llenos de intensidad y dramatismo, en su perfecta tensión poética.-

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