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| 2/3/2007 12:00:00 AM

La viñeta iraní

El cómic más galardonado de los últimos años, 'Persépolis', ha sido llevado al cine. La película animada narra la vida de una niña iraní, Marjane Satrapi, que se va haciendo mayor durante la Revolución islámica.

Marjane Satrapi tenía 10 años cuando la Revolución Islámica iraní se entrometió en su vida y marcó para siempre su futuro. En 1979 el sha Reza Pahlevi abandonó Irán presionado por un pueblo que, entre otras cosas, estaba hastiado de su régimen controlador y asesino, de su subordinación a Estados Unidos y Gran Bretaña, y de sus lujos excesivos mientras parte de la sociedad vivía en una pobreza absurda.

Marjane, única hija de una familia progresista, celebró aquella liberación con la pasión de una niña inteligente que ya ha leído bastantes libros. La huida del dictador era una gran victoria para ellos. Pero, como les pasó a millares de familias iraníes, la felicidad no duró. La Revolución llegó con cientos de prohibiciones. Había que usar velo, los colegios bilingües se acabaron, la música extranjera iba en contra de la moral islámica y se mató y encarceló tanta o más gente que en tiempos de Pahlevi.

Los revolucionarios de antes se convirtieron en enemigos de la República Islámica y tuvieron que exiliarse o fueron asesinados. Como el tío de Marjane: ella fue la última persona que lo visitó en la cárcel antes de que lo mataran. Para completar, el país se vio involucrado en una sangrienta guerra de desgaste contra Irak. Los misiles caían sobre Teherán, la gente vivía atemorizada e incluso uno estalló en la esquina de su casa y mató a su amiga. Lo supo porque vio su brazalete "unido a algo", tirado en la calle.

De ser una niña a la que sus padres formaban para sobresalir en un mundo dominado por los hombres, pasó a convertirse en una joven problema en la nueva Irán de los ayatolas. No se quedaba callada ante nada y llegó a pegarle a una maestra. No se comía el cuento de los principios de la Revolución, como tampoco caía en el juego de añorar la época del sha. Con ánimo de protegerla, a los 14 años sus padres la enviaron a estudiar a Viena. Allí experimentó de todo: drogas, vida de vagabunda en las calles, sexo... Volvió a Irán y ya nunca más se sintió de allí. Era demasiado occidental para ser iraní y demasiado iraní para ser occidental. Después de vivir momentos difíciles, entre ellos un intento de suicidio y un matrimonio que nunca funcionó, decidió irse de su país para siempre.

Estas historias se las contaba Marjane a sus compañeros del estudio de artes gráficas donde trabajaba en París a finales de la década de los 90. Sus vivencias resultaban apasionantes y a la vez inauditas para estos franceses que, al igual que la gran mayoría de los occidentales, tenían la idea de que, entre otras cosas, en Irán todo el mundo era un fanático religioso, las mujeres eran sumisas y llevaban el velo con alegría. Tan sorprendidos estaban con lo que ella les contaba que le insistieron en que lo escribiera. Decidió dibujarlos, dice, porque estaba cansada de que en Occidente nadie supiera cómo era la sociedad iraní. De que nadie supiera que en Irán las cosas no son negras o blancas, sino que existen las mismas incongruencias que en cualquier otro lugar del mundo.

A través de unos dibujos minimalistas en blanco y negro y unos diálogos profundos, reconstruyó el pedazo de su vida que estaba ligado a Irán, a Teherán, donde creció. La mirada inocente de la niña protagonista del cómic evoluciona hacia la mirada curtida e inconforme, algunas veces feliz y otras triste, de la joven que descubre que el precio que tiene que pagar para ser libre es dejar a atrás a su familia. Lo hizo tan bien, que Persépolis se convirtió en uno de los libros más exitosos de los últimos años y ella pasó a ser considerada como el nuevo gran talento de la novela gráfica en el mundo. Desde cuando se publicó en Francia en 2000, y hasta la fecha, este libro en cuatro tomos, se ha traducido a 20 idiomas y se han vendido más de un millón de copias. En Estados Unidos es lectura obligatoria en 118 colleges, entre ellos la academia militar de West Point.

No es casualidad entonces que la versión cinematográfica sea uno de los estrenos más esperados en Francia y Estados Unidos el próximo verano. La película fue hecha en su totalidad en París, pero los productores norteamericanos, conscientes de la gran historia que es Persépolis, decidieron apostar por ella. Y es que el éxito de la idea es tal, que Satrapi consiguió que Catherine Deneuve aceptara grabar la voz de su madre. Deneuve ya había expresado hace unos años su admiración por el trabajo de Satrapi. Ella forma parte del contingente de miles de personas más en el mundo que han creado la Persepolismanía.

La película, a diferencia de los comics, no cuenta toda la historia sino que selecciona episodios concretos. "De ninguna manera quisimos traicionar el libro, pero tuvimos que hacer elecciones. La idea era mantener el espíritu y la energía del libro y tratar de encontrar la manera de interpretarlo de una manera diferente en una película", explicó hace poco Vincent Paronnaud, codirector de la película, quien también es autor de comics. La película, como el cómic, es en blanco y negro y las representaciones de los protagonistas son las mismas, pero aquí adquieren vida. "Las personas piensan que si sólo se filman las viñetas del libro, ya se tiene una película. Pero estoy convencida de que si sólo se filma el libro, sería extremadamente aburrido", dijo Satrapi.

Dice, incluso, que debe reconocer que la adaptación a la pantalla es mejor que el libro. Que aceptarlo es duro para su ego porque en el libro trabajó sola y en la película con 80 personas más. Pero ella no está del todo en lo cierto. Persépolis nunca será aburrida. Ahora, cuando se convierta en película, muchas más personas podrán conocer de cerca la realidad iraní y enamorarse de esta maravillosa historia.
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