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| 11/7/1988 12:00:00 AM

LA VOZ DEL CAFE

Con su estilo descomplicado, el profesor Yarumo ha logrado una audiencia sin precedentes para el mensaje del campo.

Hay un programa de televisión que alcanza en ciertas zonas un rating que no tiene antecedentes. Pero no se trata de ninguna telenovela, ni muchos menos de un programa de acción y suspenso. El programa que más se ve en las zonas cafeteras de 8 departamentos del país, donde se ha llegado a medir una audiencia superior al 85%, tiene un título que a muchos colombianos no les resulta familiar: "Las aventuras del profesor Yarumo".

El profesor Yarumo se ha ido convirtiendo, sin mayores aspavientos, en un verdadero Juan Valdés del interior del pais. A diferencia de éste, que es una figura promocional para el extranjero, y a quien no se le conoce la voz, el profesor es un personaje que proyecta una imagen asombrosamente real. Un héroe de carne y hueso que es hoy por hoy el símbolo de las campañas de conservación de suelos y de educación agropecuaria de la Federación Nacional de Cafeteros. Con un estilo campechano y bondadoso, Yarumo recorre semana a semana las regiones cafeteras, hablando con los lugareños sobre la importancia de conservar las cañadas, los procedimientos para controlar la broca o la mejor manera de preparar el sancocho, con una naturalidad tal, que en muchas ocasiones salen a flote hasta las habilidades ocultas de sus ocasionales interlocutores, que la mayoría de las veces jamás han visto una cámara de video tape.

La idea de hacer un programa de extensión agropecuaria de las características del Profesor Yarumo se pierde en la historia de su protagonista, el agrónomo Héctor Alarcón. Graduado de la Universidad Nacional de Medellín, Alarcón, quien hoy tiene 45 años, se dedicó desde el comienzo de su carrera a la labor educativa. Nacido y criado en Chinchiná (Caldas), desde su infancia, cuando acompañaba a su padre agrónomo también dedicado a la extensión agropecuaria, adquirió las vivencias campesinas que le convirtieron en pez en el agua en las veredas y caminos del país. Graduado como agrónomo, trabajó en el Ministerio de Agricultura, el ICA y el Inderena, siempre en su especialidad: la comunicación social. Por fin, en 1973 fue llamado por la Federación Nacional de Cafeteros para que dirigiera el programa de conservación de suelos recién creado por el Congreso del gremio.

Pero ya hacía algunos años que la pasión de Héctor Alarcón era el cine en particular y los medios audiovisuales en general. Desde que trabajaba en el ICA había fundado una pequeña productora cinematrográfica con el sueño de hacer documentales sobre la vida en los campos y selvas colombianos, una especie de Cousreau criollo. En la época del sobreprecio alcanzó a realizar un par de documentales, "Los peces viajeros", sobre la subienda del Magdalena y "La hormiga loca". Pero pronto el estimulo a la producción de cortometrajes desapareció, y con él buena parte de las ilusiones de Alarcón.

Pero seguía convencido de la bondad de los medios audiovisuales para difundir el mensaje del campo. Hace aproximadamente cuatro años, dentro de sus funciones en la Federación, logró que esta entidad se interesara en producir un programa de difusión, aunque ya no a través del cine, sino del video. La idea era aprovechar las posibilidades de esta nueva tecnología para dotar las oficinas de los Comités Cafeteros con los medios necesarios para presentar el programa. En asocio de Jorge Otálora su productor -con quien ha formado lo que él mismo llama "una llave idealista por Colombia"-produjeron un programa piloto que fue presentado a los directivos de la Federación.

Recibido el respaldo de la entidad, todavía quedaba mucha tela por cortar. La figura del profesor fue añadida posteriormente, bajo la premisa de hacer más atractivo el programa.
Su misma apariencia física fue el resultado de un profundo análisis, que llevó a Héctor a dejarse el bigote y usar siempre sombrero y botas. El nombre del personaje salió de un árbol conocido en todo el país, que recibe diferentes variaciones del mismo nombre: Yarumo, Guarumo, Urumo, Gurumo.

El resto de los elementos del programa también corresponde a un propósito determinado: Yarumo usa sombrero, pide tinto, come bastante -como referencia a la hospitalidad tradicional de los colombianos-, y la música de carrilera le acompaña por todas partes. Inicialmente el programa era más bien descriptivo y se orientaba hacia la botánica del entorno. Era la época en que la Cadena 3 carecía de programación fija, y Yarumo salía al aire cuando "había espacio". Hoy el programa está plenamente institucionalizado, su orientación está en el aspecto agropecuario y enmarcado dentro del objetivo fundamental de la conservación de suelos. Con apariciones los jueves en la cadena 1, los miércoles en Teleantioquia y los sábados en la Cadena 3, el cubrimiento del mensaje naturalista es realmente impresionante.

Sin embargo, lo más curioso es que, tratándose de un programa sumamente estudiado, su mensaje es transmitido a través de diálogos completamente espontáneos que el protagonista sostiene con las gentes de los lugares que visita. Las correrías se llevan a cabo sin plan preconcebido, para recoger material, y la edición se encarga de compaginar los temas.
Tal vez allí radica el éxito de este nuevo Juan Valdés, que ha logrado cautivar la audiencia rural del país, mientras gana cada vez más adeptos en las ciudades. Porque como acota Héctor Alarcón, "todos los colombianos somos, o queremos ser, un poco campesinos".--
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