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| 1/26/2004 12:00:00 AM

La voz del poeta

Considerado el poeta colombiano más importante del siglo XX, Aurelio Arturo sigue siendo un hombre sin descubrir. La Unesco acaba de publicar el estudio más completo que se haya hecho sobre su obra.

Pocos meses antes de su muerte, ocurrida el 23 de noviembre de 1974, Aurelio Arturo anotó en su diario: "Creo que ahora debo dedicarme a escribir. No hay pretexto para dilatar.". El sabía que no había escrito ni una mínima parte de los versos que tenía en mente. Su rigor lo llevó a publicar en 1963 Morada al sur, su único libro, con sólo 14 poemas. Años después, en las ediciones que hoy se conocen, agregó 19 más, cifra suficiente para que, a pesar de su breve producción, hoy sea reconocido como el poeta colombiano más importante del siglo XX.

Morada al sur recrea distintas sensaciones de ese mundo que vivió en La Unión, Nariño, lugar donde nació en 1906. "Te hablo también: entre maderas, entre resinas,/ entre millares de hojas inquietas, de una sola/ hoja:/ pequeña mancha verde, de lozanía, de gracia,/ hoja sola en que vibran los vientos que corrieron/ por los bellos países donde el verde es de todos los colores,/ los vientos que cantaron por los países de Colombia". Ese mundo está cargado de nostalgia, de belleza, de las nodrizas que lo acompañaron cuando era un niño. Pero también de hechos que lo marcarían profundamente: la muerte de su madre, cuando el poeta tenía 18 años, y la de su hermano menor, Luis Guillermo, que falleció cuando apenas tenía 2 años de edad. Poemas como Canción del ayer o Canción del niño que soñaba aluden a ese dolor: "Esta es la canción del niño que soñaba/ caminando por el salón penumbroso/ de brisa lenta que estremecía sus pequeñas alas,/ y oía, afuera, entre los árboles las arpas de la noche,/ y voces, por qué tantas voces en el silencio?/ Y cuando ya en el lecho su estrella descendía/ y se quedaba temblando en un rincón como un/ sollozo,/ el niño salía por la ventana como un pajarillo/ pero su cuerpo muerto se estremecía en el sueño".

Y aunque hay decenas de estudios sobre los versos de Arturo, el escritor R. H. Moreno Durán se puso al frente de una minuciosa investigación para no sólo encontrar hasta el último rastro de su obra sino también para recopilar textos críticos y las diferentes versiones que tuvieron los poemas antes de llegar a su punto definitivo. El resultado es un completo libro de más de 700 páginas publicado por la Unesco y en el que participaron Hernando Cabarcas, Fernando Charry Lara, Rafael Gutiérrez Girardot, Graciela Maglia, Beatriz Restrepo, Enrique Santos Molano y Oscar Torres Duque.

El material recogido muestra cómo se fue gestando la obra de Arturo desde la publicación en el suplemento del entonces diario El Espectador de su primer poema La balada de Juan de la Cruz, el 27 de octubre de 1927, hasta su muerte. Lo sorprendente es que se encontraron casi 100 poemas -muchos de ellos inéditos- que habían quedado por ahí, escondidos, entre manuscritos que guardaba la familia Arturo y en suplementos y revistas literarias. También están compiladas las traducciones al español que Arturo hizo de otros poetas, sus tímidos acercamientos al cuento -género que le gustaba mucho-y los ensayos que escribió sobre algunos de los temas que más lo apasionaron.

Es sin duda un completo estudio sobre la obra de un poeta que siempre estuvo lejos de la vida bohemia, del escándalo o de los intentos de suicidio, como suele suceder en la vida de tantos escritores. Arturo llevó una vida muy normal en medio de una aparente timidez: después de terminar su bachillerato en Pasto, estudió derecho en la Universidad Externado de Colombia, donde conoció al intelectual Baldomero Sanín Cano, su director de tesis de grado, trabajo que se perdió en un incendio. Ejerció su profesión de abogado, vivió la mayor parte de su vida en el barrio El Polo, de Bogotá, leyendo, traduciendo y, como tantos otros poetas, también visitando con frecuencia los cafés Automático y Victoria.

"Aunque el autor de Morada al sur nace en plena efervescencia de los Centenaristas, ni Los Nuevos ni los integrantes de Piedra y Cielo ni los poetas agrupados en torno a la revista 'Mito' consiguen atraer al astro Arturo a su órbita", dice Moreno Durán. Este es uno de los aspectos que más se han valorado y de allí que se le conozca como un poeta insular, que no perteneció a ningún grupo y que siempre tuvo una voz propia, inconfundible. El mismo lo reconoció en vida: "Me parece que la labor de un poeta debe ser más bien solitaria. Las labores de grupo sirven para calar en la sociedad, pero con el tiempo, de los grupos o movimientos sólo van quedando las más prestantes figuras. El tiempo lo borra todo, es implacable y no admite recomendaciones".

Y acertó por completo. También les huyó a los homenajes, no los creía necesarios, y así se lo hizo saber a su amigo Edgar Bastidas, que le extendió una invitación de la Universidad de Nariño para otorgarle el título honoris causa en filosofía y letras. Arturo respondió en una carta: ". Hablándole con toda franqueza, creo que esos títulos son para quienes no tienen títulos universitarios, lo cual no es mi caso. A mí nunca me han llamado la atención los títulos y el profesional que tengo lo adquirí por necesidad y no para que me diera lustre".

Siempre quiso escribir La aventura, un poema épico sobre el descubrimiento de América, tema que lo apasionó y que sí desarrolló por medio de ensayos. También tuvo muchos proyectos literarios en mente que no siempre fructificaron. Con Enrique Santos Molano publicó la revista El Escritor, de la que sólo salieron dos números. Con Giovanni Quessep quiso crear otra publicación que se llamaría Mondrágora, pero nunca surgió. Y a su amigo Carlos Villar Borda le propuso que escribieran un libro a cuatro manos, pero nunca lo hicieron. "Soñar despierto es un vicio muy perjudicial. Muchos proyectos y una inacción incalificable.", escribió en su diario.

El libro ya está a la venta y lo distribuye la Universidad de Antioquia. Una gran oportunidad para analizar, paso a paso, la evolución de una de las obras más significativas de la poesía colombiana: "Nos rodea la palabra/ la oímos/ la tocamos/ su aroma nos circunda/ palabra que decimos/ y moldeamos con la mano../ y cuando es alegría y angustia/ y los vastos cielos y el verde follaje/ y la tierra que canta/ entonces ese vuelo de palabras/ es la poesía/ puede ser la poesía".
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