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| 7/28/2012 12:00:00 AM

La voz dormida

Esta película, tan didáctica como poco sutil, nos muestra los horrores cometidos por los vencedores de la Guerra Civil Española.

Año de estreno: 2011
Director: Benito Zambrano
Guion: Ignacio del Moral y Benito Zambrano.
Actores: Inma Cuesta, María León, Marc Clotet, Daniel Holguín, Ana Wagener
 
No hay mayores matices en esta película de Benito Zambrano. Es sobre lo sucedido justo después de la Guerra Civil Española y lo que vemos es que los republicanos tienden a ser jóvenes, agraciados, valientes y gallardos; mientras que los franquistas son todos mayores, arrugados, amargados y crueles.

En la película solo hay una excepción a esta regla, pero aparece demasiado tarde, como si se hubieran sentido remordimientos al final que todo estaba demasiado esquemático. “¿No será que metemos un franquista que no sea tan malo?”, se habrán preguntado los productores. “Bueno, pero solo uno, que si no la gente no entiende nada”.

Las protagonistas son dos hermanas. Una, Hortensia o Tensi (Inma Cuesta), embarazada de siete meses, está en la cárcel acusada de colaborar con el ejército repúblicano. La otra, Pepita (María León), llega de Córdoba a vivir a Madrid para poder verla y ayudarla en lo que pueda.

Las dos hermanas están claramente contrastadas: Tensi es morena y de ojos cafés, Pepita es muy blanca y de ojos verdes; Tensi sabe que el bando ganador de la guerra y sus carceleros son crueles y sanguinarios, Pepita es una inocente de ojos grandes, que cree que la guerra fue una calamidad donde todos perdieron.

Pepita llega a Madrid y consigue trabajo de muchacha del servicio en la casa de un contador, la vergüenza de una familia franquista por sus nexos con los republicanos. Cuando conoce a la esposa del señor, está vestida de negro, pintando un cuadro de unos niños uniformados haciendo el saludo fascista. Como decía, esta película de sutil no tiene nada.

Por ayudarle a su hermana y sin mucho entusiasmo, Pepita empieza a hacer parte del mundo subterráneo de los republicanos vencidos, llevándole paquetes y mensajes a su cuñado a la sierra, enamorándose de un amigo de él, cosas así.

La película es de una seriedad aplastante y su agenda es tan clara que no le queda energía para ser inteligente. María León, ganadora del Premio Goya a Mejor Actriz Revelación, hace lo que puede, matizando su personaje para que la película no se hunda del todo en lo evidente. Aunque igual se hunde.

Dramáticamente es una planicie. Como los villanos son tan villanos (más complejidad tienen los malos de El Hombre Araña) y como una hermana está en la cárcel, es muy fácil predecir lo que sucederá.

Es de suponerse que habrá un juicio injusto (que lo hay, con gente gritando que es un juicio injusto, por si acaso alguien se distrajo un momento), seguido de una condena también injusta (que la hay y que también es calificada explícitamente de injusta, por si alguien se fue al baño y se perdió de algo).

¿Cómo juzgar algo así? Obviamente es bien intencionada. Lo que la mueve (y a la novela de Rosa Chacón en la que está basada) es la idea de que los vencedores escriben la historia y que hay muchos eventos que merecen ser rescatados del olvido. Es difícil criticar eso. Pero, tristemente y modificando ligeramente el dicho: el camino al infierno de las películas está empedrado de buenas intenciones.
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