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| 2/20/1995 12:00:00 AM

LABRADOR DE PALABRAS

Con la muerte de Miguel Torga, Portugal pierde a su máximo exponente literario después de Luis de Camoes y Fernando Pessoa.

PORTUGAL REclamaba para él, desde hacía tiempo, el máximo galardón de las letras mundiales: el Premio Nobel de Literatura. La academia sueca lo había considerado en seis oportunidades entre los candidatos, incluido el año pasado. Pero. la verdad, a Miguel Torga, el escritor lusitano muerto la semana pasada a los 87 años en la localidad de Coimbra, tal eventualidad le tenía sin cuidado.
En realidad, hace años había dejado de interesarse por todo lo que tuviera que ver con la publicidad, con lo público, con el público. Lacónico por principio, reservado en su manera de vivir y de escribir, Torga, cuyo nombre verdadero era Adolfo Correia da Rocha, había abandonado los ideales de la revolución en masa para adoptar como bandera la revolución solitaria.
Cuentista, poeta, dramaturgo, ensayista y novelista, Torga decidió desde la adolescencia forjar un legado silencioso a través de las letras. Después de vivir una larga temporada de su juventud en Brasil, de regreso a Portugal estudió medicina y se especializó en otorrinolaringología, oficio que ejerció cabalmente hasta poco antes de su muerte. Durante sus estudios comenzó su trabajo de escritor y en 1927 se asoció con los poetas José Régio, Joao Gaspar Simoes, Casais Monteiro, Branquinho da Fonseca y Carlos Queirós en la revista literaria Presença, que pregonaba a los cuatro vientos la revolución modernista. Sin embargo, al poco tiempo se desilusionó del movimiento. Según él sus compañeros se habían intelectualizado a tal punto que habían abandonado la realidad de la tierra y de la naturaleza, algo que, precisamente, Torga siempre tuvo presente en su poesía y en sus cuentos.
Más tarde, en 1930, intentó en vano unirse a otro grupo literario, el de la revista Sinal. y luego al de la revista Manifiesto. Pero a esas alturas ya era claro que su lucha iba a ser consigo mismo y en solitario. La fidelidad a la poesía y la verdadera pureza del lenguaje, sólo eran posibles en la intimidad, por fuera de los grupos.
Con la naciente fama a cuestas. Torga se refugió en la vida privada, absteniéndose de dedicar lihros. firmar autógrafos, de ir a congresos, de integrar asociaciones... en fin, de hacerse la menor publicidad. Tanto que él mismo decidió editar personalmente sus obras en una pequeña tipografía de Coimbra.
Más de 50 títulos publicados entre poesía, cuento, novela y ensayo, lo confirman como uno de los escritores portugueses más prolíficos y uno de los más universales, dado que sus obras han sido traducidas a más de 12 idiomas. Había recibido gran variedad de premios nacionales e internacionales, entre ellos el de Poesía de Bélgica, el Premio Montaigne y el Premio Camoes.
Según los críticos. su poesía era un himno humanista a la vida comprometida con su propio destino, partiendo de la base presocrática de las fuerzas elementales de la naturaleza: tierra, fuego. aire, agua. Tal vez por eso una colega suya, la poeta Sophia de Mello Breyner habló de él como un contemporáneo de Hesíodo". Entre sus libros más destacados se encuentran: Poemas Ibéricos, Cuentos de la montaña, La creación del mundo y su diario, obra en 14 tomos que escribió a lo largo de su vida a partir de la década de los 40.
Curiosamente tal y como ha sucedido con muchos otros escritores, en Colombia Miguel Torga era prácticamente ignorado, salvo en circulos de lectores especializados. Pero también como ha sucedido con otros escritores, es probable que con su muerte, Torga haya nacido para nuevos lectores.
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