Sábado, 10 de diciembre de 2016

| 2008/11/22 00:00

Ladrones exquisitos

No es fácil detener el robo de tesoros artísticos. En Bogotá se reunieron expertos en la prevención del tráfico ilícito de bienes culturales. Una historia de policías y ladrones de finos gustos.

Este Superman de Andy Warhol fue sustraído de un museo.

Los libros se perdían como por arte de magia y no había responsables. Y no se trataba de libros ordinarios sino de incunables, piezas únicas del arte y de la historia mundial. En la curia de Módena, en Italia, habían desaparecido ya 16 obras de arte. Y un manuscrito del siglo XVII fue sustraído de una librería de antigüedades. Pero el punto máximo del descaro del ladrón desconocido llegó cuando entró al mismísimo Duomo de Florencia, Italia, y se llevó de la curia arzobispal, en noviembre de 2006, un manuscrito del siglo XII de Oddone de Arezzo, padre de la musicología religiosa.

Se trataba del Antifonario con tonario, un ejemplar que podría alcanzar en el mercado ilegal un precio de hasta 300.000 euros. Con 290 páginas, el pergamino trazaba las primeras pautas de la musicología de la religión y de los cantos litúrgicos, basadas en las invenciones de la primera escala musical, que todavía no contenía la nota do.

Ante la nueva desaparición, los carabinieri italianos, encargados de la protección del patrimonio cultural de su país, decidieron apretar las tuercas para cerrarle las posibilidades al ladrón. Conocedores de las rutas, fueron estrechando el cerco hasta que en febrero de 2007 capturaron a un hombre que tenía en su poder el libro, junto con un volumen del siglo XVI que había robado en Bolonia. Se trataba de un amante de los libros que había confeccionado un hábito religioso para disfrazarse de cura y entrar a las bibliotecas sin levantar sospechas, y que había logrado sustraer 50 llaves de bibliotecas. En un contenedor que conservaba en la periferia de Roma, el delincuente falsificaba los permisos, hacía timbres, perfeccionaba los sellos y entraba en las iglesias para robar los ejemplares con credenciales falsas.

Aunque parezca insólito para muchos, los ladrones no solo se especializan en bancos y en dinero en efectivo. El robo de arte es una de las modalidades más frecuentes en el mundo, hasta el punto de que al año desaparecen miles de obras de colecciones privadas y públicas, museos y hasta excavaciones ilegales arqueológicas en cada país, pero sobre todo en Italia, Francia y España.

Ciro Laudonia, quien está al mando de los carabineros italianos, explica que en 1969 en su país se creó una unidad para perseguir este tipo de delitos. Vino a Colombia para transmitir su conocimiento en el tema y para ayudar a detectar las rutas y el modo de operar de los delincuentes del arte. "La técnica es siempre igual. Lo que cambian son los ladrones. Pero hay un punto a favor de la búsqueda de obras robadas: que los interesados en poseer un tesoro de este calibre no son muchos. Los países más compradores en el mundo son Suiza, Holanda, Estados Unidos y Japón. Y en el nivel nacional también se mueve entre ciertas élites", explica.

En Colombia, asegura, gran parte de los robos ya son difíciles de recuperar porque no se ha tenido el rigor de catalogar cada obra para permitir su rastreo y porque los saqueos arqueológicos de los guaqueros han sido innumerables. Pero la disposición del Ministerio de Cultura, de la Policía y de los museos mismos para cambiar la situación "es de admirar", dice el oficial italiano, invitado al curso Prevención del Tráfico Ilícito de Bienes Culturales que se celebró en Bogotá. Laudonia confiesa que hay ciertas piezas que en el mundo todavía lo desvelan y que están entre las 10 que más anhela descubrir. Como La Natividad, de Caravaggio, robada en 1969 en Palermo, y cuya única pista parece conducir a un capo de la mafia que lo ha tenido oculto en su hogar. Cuadros de Klimt, Cezanne, Picasso, Van Gogh, Vermeer, Munch o Da Vinci también figuran en su lista.

Para Jean-Pierre Jouanny, oficial especializado de la Interpol, no solo las grandes obras de arte de los artistas famosos cuentan en sus búsquedas. "También el tesoro arqueológico de una nación como Colombia. Los guaqueros han hecho mucho daño y ya es casi imposible recuperar ese patrimonio cultural. Muchas de las obras son partidas, seccionadas y repartidas para adornos de cama, para salas o para venderse a colecciones privadas".

Por ello mismo la Interpol se anticipa también a evitar los robos. En la lista roja del Consejo Internacional de Museos se destacan 25 categorías del patrimonio cultural precolombino y colonial que se saquea sistemáticamente en América Latina y que tiene una alta demanda en el mercado ilegal de antigüedades. De Colombia las más afectadas son las máscaras de oro de la cultura Tumaco, que se han saqueado desde la desembocadura del río San Juan, en la frontera de Chocó y Valle, hasta el extremo noroeste de Ecuador. El alto nivel de la orfebrería deja ver que en la cultura había una intensa vida religiosa y social. Las estatuas de San Agustín son las otras grandes damnificadas. De las 536 que han sido catalogadas, 17 han sido hurtadas en los últimos 15 años. Una de ellas fue seccionada y llevada ilegalmente a Dinamarca, pero ha sido imposible repatriarla.

La platería religiosa, las esculturas religiosas coloniales y las urnas amazónicas, entre otras, también son víctimas del robo de bienes culturales. Los metales son los que más corren peligro, porque suelen fundirse. En 2006, en Colombia se reportaron 29 robos. Pero no todo se reporta. Muchos temen revelar que han sido saqueados porque el origen de su dinero, a veces ilegal, podría investigarse.

"Sólo se recupera del 5 al 10 por ciento", afirma Jouanny. "Pero ya tenemos identificado el modo de operar. Los ladrones son siempre nacionales. Son los que conocen el mercado y los que se mueven en el territorio. El primer receptor es un nacional. El segundo y el tercero suelen ser también del mismo país. Luego se envía al exterior. A veces se cubre la obra original, en el caso de las pinturas, con una capa de pintura moderna sobre el lienzo. En el caso de las esculturas se les secciona para transportarlas. En un plazo de dos o tres días se logra vender, pero si es una obra importante casi nunca se vende. Se guarda para colecciones privadas o se pide rescate para ganar dinero".

Por eso los carabinieri actúan con bases de datos similares a las de los delincuentes más buscados: con todas las especificaciones y fotografías posibles para intentar la recuperación pronta de los bienes. Conocedores de la historia del arte, saben distinguir un lienzo con pintura falsa y reconocer la tipología de cada objeto. De hecho, han logrado reducir a cero los robos de obras de arte importantes de museos desde 1998 y tienen trazadas las rutas e identificados los posibles compradores. "Los robos se vienen dando en colecciones privadas, mayoritariamente", explica.

Pero también van más allá de las fronteras. Una escultura pescada en el Adriático por un hombre de la región terminó en un museo de Estados Unidos. Ahora la Policía italiana trata de demostrar que la coloración que presenta solo pudo darse en ese mar por el tipo de algas que contiene y espera recuperarla con base en sus investigaciones forenses. Un panorama que podría incentivar a Colombia a recuperar sus bienes robados, que sólo hasta hace pocas décadas comenzaron a ser considerados tesoros perdidos.
 

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