Miércoles, 18 de enero de 2017

| 1998/12/14 00:00

LAS ABERRACIONES DE LA REFORMA TRIBUTARIA

Mientras la cerveza se grava sólo con el 8 por cientoal libro de se le carga con el 10 por ciento.

LAS ABERRACIONES DE LA REFORMA TRIBUTARIA

Mentiras y más mentiras fueron las discretas declaraciones iniciales del señor ministro de Hacienda, Juan Camilo Restrepo, cuando afirmó que no se gravaría con IVA al libro. Mentiras y más mentiras fueron las prepotentes declaraciones de la directora de la Dian, Fanny Kertzman, cuando afirmó que no se gravaría con IVA al libro. Ya informó la semana pasada el propio Ministro que la ponencia definitiva de la reforma tributaria es producto del consenso entre el gobierno y los coordinadores del Congreso. Y resulta que en esa ponencia al libro se le carga con un IVA del 10 por ciento. Por las razones que tanto han explicado en los últimos meses las instituciones y personas relacionadas con el libro, como la Cámara de la Industria Editorial, el Cerlalc, el ministro de Cultura, Alberto Casas Santamaría, y hasta el jefe del liberalismo, Horacio Serpa Uribe, resulta evidente que se cometerá una equivocación enorme, que va a significar un costo educativo y cultural muy alto para el país. Pero parece que la medida no tiene marcha atrás, a no ser que surjan parlamentarios sensatos y honestos a lo largo del debate que se adelantará en el Congreso de aquí al 16 de diciembre. Y hablo de honestos, porque en esta ponencia hay muchas cosas aberrantes que ponen en entredicho la transparencia del gobierno y de los ponentes al determinar qué se grava y por cuánto. O si no, ¿cómo explican esos funcionarios que la cerveza quede con un 8 por ciento, es decir con 2 puntos menos que el libro? ¿Cuáles son las prioridades que tiene el gobierno y cuáles el Congreso? ¿Habrá que entender que hoy para ambos poderes es más importante que los colombianos se emborrachen a que lean, investiguen, escriban y estudien? ¿En qué queda la tan cacareada reforma educativa de este gobierno, con un comienzo tan nefasto? ¿Por qué se mantuvieron intactos los privilegios tributarios hasta 2003 para la Ley Paez, privilegios que son similares a los que establece la Ley del Libro? ¿No se ha debido tratar con el mismo rasero a dos iniciativas vigentes que buscan el bien común en distintas y vitales actividades de la sociedad? ¿Será porque el libro no pone votos? ¿Será porque la educación y la cultura no tienen dolientes poderosos que intriguen, compren y chantajeen? Lo que pasa es que el país no cambia, a pesar de las campañas electorales promeseras, a pesar de la hecatombe general, a pesar de que sabemos hasta la saciedad que estamos como estamos porque todo se maneja de la misma manera que se ha manejado la reforma tributaria: con presiones de los poderosos, con intercambios de prebendas y con la complacencia cómplice de quienes toman las decisiones. Es decir: porque no se gobierna ni se legisla para el bien común sino para los intereses de los 'cacaos' y los 'cacaítos'. Eso y solo eso explica que la cerveza pague menos IVA que el libro.

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