Miércoles, 7 de diciembre de 2016

| 2006/02/05 00:00

Las caras de Ang Lee

Detrás de las ocho nominaciones al Oscar que recibió 'Brokeback Mountain', se encuentra un cineasta taiwanés que parece capaz de filmar cualquier largometraje.

Lee nació en Pingtung, Taiwán, el 23 de octubre de 1954; su padre nunca quiso que se convirtiera en cineasta.

Si lo de Ang Lee fuera una enfermedad, sería una especie de 'esquizofrenia cinematográfica'. ¿No resulta algo inquietante que un mismo hombre, este cineasta taiwanés que está a punto de ganar el premio Oscar por la celebrada Brokeback Mountain, haya sido capaz de dirigir, en una misma vida, películas tan diferentes como Sensatez y sentimientos, El tigre y el dragón y Hulk? No, no se trata de un mercenario que lo hace sólo por dinero. No es otro caso siquiátrico en un mar de casos siquiátricos. Es un artista atípico que en un principio parece escondérsele a su propia voz, a sus propias obsesiones, como esos grandes directores a sueldo (William Wyler, John Huston, Howard Hawks) que se movieron por todos los géneros en la era dorada de Hollywood. Pero, al final, si se revisa con cuidado el drama de sus personajes, parece haber dedicado toda su carrera a tratar de expresar el dolor de no ser aceptado tal como se es.

Llegó a Estados Unidos, desde Taiwán, cuando aún no se atrevía a decir en voz alta que quería ser director. Tenía 22 años. Y, reprimido por una sociedad que no veía con buenos ojos los trabajos artísticos, educado por un papá que jamás habría aprobado que no se dedicara a algo práctico, se sentía avergonzado por la sola idea de gritar "acción" antes de rodar una escena. Tuvo que estudiar producción cinematográfica en la Universidad de Nueva York, en la primera mitad de los años 80, para reconocer que aspiraba a filmar una película "que no lo dejara mover a uno durante mucho tiempo". Sus películas Juego de manos, El banquete de bodas y Comer beber hombre mujer, tres estupendos largometrajes en chino que narran conflictivas relaciones de padres e hijos, le despejaron el camino hacia los estudios gringos. Y aquella esquizofrénica filmografía en inglés, compuesta por cinco películas sin relación aparente, lo convirtió en uno de los principales enigmas del cine de estos tiempos.

La escritora Annie Proulx, autora del cuento en el que se basa Brokeback Mountain, se hizo la siguiente pregunta cuando Focus Features le informó que Lee dirigiría la adaptación de su relato: "¿Podría un director nacido en Taiwán, un tipo de ciudad que recientemente había adaptado 'Hulk' al cine, entender las fuerzas subterráneas de Wyoming?" En otras palabras, ¿sería ese director misterioso capaz de contar la tragedia de un par de hombres profundamente enamorados entre sí en una época, en un lugar, en una cultura que hacía imposible la sola idea del homosexualismo? Pues bien, Lee acababa de ver morir a su papá. Y aquel viejo que jamás, ni siquiera después de verlo recibir el Oscar por El tigre y el dragón, lo había animado a insistir en la carrera de director, se había ido del mundo con las palabras "te deprimirías si no hicieras películas". Así que Lee no sólo podía, sino que necesitaba, filmar Brokeback Mountain para seguir adelante con su vida: su padre lo había dejado con la aprobación que había esperado desde siempre.

Ang Lee convirtió a Brokeback Mountain (en Latinoamérica llevará el título de Secretos de la montaña) en una radiografía de su propio duelo, un doloroso drama sobre "los obstáculos que nos llevan a recobrar la humanidad", un primer resumen de las obsesiones que no parecía tener desde cuando se fue a trabajar en Estados Unidos. Annie Proulx no podía creer lo que estaba viendo la primera vez que la vio: "Habían transformado mi cuento en apasionantes imágenes que agitaban la mente y encogían el corazón", escribió en El País de Madrid hace unos días. Ninguno de los dos protagonistas de la película, ni Heath Ledger ni Jake Gyllenhaal, dudó de la visión de Lee. "Las pocas palabras que se escapaban de su boca solían ser pequeñas sentencias que les daban sentido a los personajes", dijo Ledger en el festival de Venecia. "Sabía que la historia, en sus manos, se trasformaría en una historia universal", aseguró Gyllenhaal.

Una historia, en últimas, sobre el dolor de no ser aceptado tal como se es. Y que, después de recibir todos los reconocimientos de la temporada (desde los estímulos de los críticos hasta los de los sindicatos), se ha llevado el mayor número de nominaciones a los Oscar de este año. Tal vez también se lleve los premios. Y sea imposible saber qué esté pensando el nuevo Ang Lee, aceptado por todos a los 51 años, con otra estatuilla de esas en la mano. n?

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