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| 8/18/2012 12:00:00 AM

Las culturas olvidadas

Este libro hace un asombroso recorrido por la gran riqueza cultural de 15 comunidades indígenas del territorio colombiano.

Lenguaje creativo de etnias indígenas de Colombia

Varios autores
Grupo Sura, 2012
533 páginas

Los Wounan son una comunidad indígena que ocupa un territorio comprendido entre el Alto Atrato y el Bajo San Juan, en el Chocó. Sobresalen por su cestería, sus tallas en madera, pero sobre todo por sus sorprendentes pinturas con las que se adornan el cuerpo. "Las tinturas y las pinturas faciales y corporales de los wounan son manifestaciones de su quehacer creativo, estético y ritualidad, representados en el cuerpo mismo de hombres y mujeres", dice la antropóloga Lydia del Carmen Díaz. Un lenguaje gráfico lleno de significados con el que dialogan entre ellos, con la naturaleza y sus espíritus. Pintura corporal de la mujer para 'jovenciarse', para la menstruación o como adorno de Dios. Pintura corporal del hombre para convertirse en culebra verrugosa, en serpiente petacona, y del niño para que los espíritus que lo persiguen no le hagan daño.

Los okaina viven en el Amazonas, a tres horas de La Chorrera, navegando por el río Igará Paraná hacia el oriente. La historia de los indígenas de esa región, según le cuenta el cacique Noé Siaké a Isabel Convers, está plagada de dificultades y padecimientos: "La historia de los Okaina, como la de los demás grupos indígenas que habitan la Amazonía, se parte en dos: antes y después de las caucherías". Julio César Arana a lo largo del río Putumayo y su afluentes estableció campamentos de embarque y recolección del caucho y una agencia en La Chorrera que no solo esclavizó y endeudó a las poblaciones indígenas, sino que asesinó y desplazó a sus líderes. Los okaina se replegaron hacia el Perú y luego de la guerra entre Colombia y ese país en 1930, retornaron a sus tierras para reconstruir su cultura y su lengua. Dice Isabel Convers: "Pero la historia central okaina continua y se está recreando a diario en la maloca, alrededor del fuego, el cacique sentado en el banco ceremonial, en el mambeadero y con el ambil. Los bailes y las ceremonias que allí se realizan están hablando del legado que les dejó su creador Fañañima".

Este libro pretende acercarnos al lenguaje creativo de las etnias colombianas a partir de sus tejidos, sus chaquiras, sus molas, sus tallas en madera y su pintura corporal. Se trata de una muestra de su gran capacidad artística, pero como es apenas obvio, termina adentrándose en sus cosmogonías y en sus mitos, porque en estos pueblos ancestrales todos sus objetos y representaciones tienen una connotación ritual y sagrada. "Una segunda dirección de estas culturas postula que toda obra humana, además del fin práctico, conlleva una dimensión moral: su cuidadosa ejecución permite interiorizar en el espíritu la virtud y la eficacia del utensilio", dice el filósofo Fernando Urbina Rangel en la introducción. No resulta exagerado afirmar que en estas culturas precolombinas es imposible hacer distinciones entre la vida material y la vida espiritual.

En total son 15 las culturas de varios departamentos del país -desde la Guajira hasta el Amazonas- las que reúne el libro con textos de 12 importantes investigadores coordinados por Cecilia Duque, tres de ellos perteneciente a comunidades indígenas. Detrás de este valioso trabajo hay una laboriosa investigación y un arduo trabajo de campo que implicó viajes a caballo y a pie hasta lugares de difícil acceso. Cabe destacar también la excelente producción fotográfica.

Aparte de los wayuus, uitotos y koguis, figuran otras etnias menos conocidas como los ingas, los tule, los iku y los sikuani. Y pensar que todavía existen en el territorio colombiano otras 71 comunidades indígenas distintas a las incluidas en este libro, la cifra es significativa si tenemos en cuenta que muchas de ellas se encuentran hoy en día amenazadas y luchando contra poderosos enemigos. Esta obra, además de descubrirnos una riqueza artística excepcional, nos recuerda la profunda indiferencia con la que los colombianos hemos asumido nuestro pasado indígena. Indiferencia que raya en incumplimiento de los mandatos legales. En efecto, la Constitución Política de 1991 contempla en su artículo séptimo que "el Estado reconoce y protege la diversidad étnica y cultural de la Nación colombiana".
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