Martes, 17 de enero de 2017

| 2004/05/02 00:00

Las desapariciones

Ron Howard, director de 'Mente brillante', ha conseguido una vez más una película entretenida. ***

Ron Howard, figura del cine norteamericano, actor desde niño, realizador de 'Cocoon', 'Todo en familia' y 'Willow', prepara la escena más sangrienta de toda su carrera. A la derecha, Cate Blanchett, dispuesta a todo con tal de recuperar a su hija.

Título original: The Missing.
Año de producción: 2003.
Director: Ron Howard.
Actores: Tommy Lee Jones, Cate Blanchett, Evan Rachel Wood, Jenna Boyd, Aaron Eckhart, Val Kilmer, Eric Schweig, Jay Tavare Tiene elementos curiosos, elementos inusuales, esta entretenida película de vaqueros. Los malos son una escalofriante pandilla de indios, como los villanos de antes, pero son malos porque el Ejército de Estados Unidos los entrenó para ello: quieren dinero -secuestran a las mujeres jóvenes de Nuevo México para venderlas más allá de la frontera- porque aprendieron a la fuerza a codiciar fortunas ajenas. La mujer en apuros, la curandera cristiana Maggie Gilkeson, se niega a casarse aunque es la madre soltera de dos hijas. Su padre, el héroe, un hombre blanco llamado Samuel Jones, abandonó a la familia para seguir al pie de la letra la vida de los apaches. El horizonte del oeste norteamericano, interrumpido por montañas de rocas, no es aquel lugar sin leyes ni justicia sino un mundo gobernado por las fuerzas ocultas de la naturaleza, la única tierra que se le escapa a la mirada agresiva de la civilización, el campo en el que libran sus peores batallas la magia blanca y la magia negra. Si Las desapariciones no pareciera una sangrienta puesta en escena de la ley de Murphy ("si algo puede salir mal, saldrá mal"), si el trasfondo religioso resolviera algo de la trama, si no le dedicara tanto tiempo a pequeñas aventuras que no van a ninguna parte, si los malos no fueran tan malos, estaríamos, quizás, ante una memorable película del oeste. El director, Ron Howard, célebre por obras tan envolventes como Apolo 13 y Mente brillante, es, no cabe duda, un gran profesional, un realizador capaz de poner en escena relatos que merecen ser contados, pero nunca ha sido un artista acosado por sus obsesiones ni un hombre perseguido por sus pesadillas. Quizás sea eso, esas preocupaciones vitales que dan vida a los conflictos en las ficciones, lo que le hace falta a este largometraje: a Howard no lo desvelan las historias que cuenta. Y esta, que habla de un mundo inmaterial en el que no cree en el fondo, se le vuelve falsa de tanto en tanto. Dice el cineasta Martin Scorsese, en su Viaje personal por las películas norteamericanas, que los directores estadounidenses han revisado los grandes géneros, a lo largo de la extensa historia del cine, desde los profundos cambios sociales que suceden en el tiempo en el que viven. Howard lo ha hecho ahora con Las desapariciones: la historia que nos cuenta -una de las dos hijas de Maggie, Lily, es secuestrada por aquella banda de indios sanguinarios- nos remite a la desesperanza de The Searchers, de 1956, dirigida por el gran John Ford y traducida en ciertos países de habla hispana como Centauros del desierto, pero sus personajes y su violencia sin atenuantes nos hablan del mundo que podemos ver en los últimos noticieros de televisión: un lugar en el que las familias se han roto, las mujeres por fin se han hecho a sí mismas y el dinero ha sustituido todos los valores.

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