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| 11/7/2013 12:00:00 AM

Las grandes mentiras que le creemos al cine

En realidad Spartacus era “un delincuente, un asesino”, dice un sorprendente libro.

Y al final de cuentas el cine es ficción. En ocasiones, una bella ficción. Nada más. Esto lo deberían de tener claro los millones de espectadores que van y se sientan frente a la pantalla y terminan convencidos de que lo que allí se muestra ocurrió al pie de la letra. Y en la mayoría de los casos, todo es mentira.

Por ejemplo, en las exitosas ‘Spartacus’ y ‘Gladiador’ hay enormes “fallos de representación del combate”, puesto que una lucha de gladiadores “tenía árbitros que nunca se han visto en una película, tipos con una túnica blanca y una línea roja que, si al gladiador se le caía o se le rompía el arma, paraban el combate para proporcionarle otra”. Tampoco es cierto que se decidiera la suerte del gladiador con el pulgar hacia arriba o hacia abajo, sino que el emperador o el patrocinador del combate gritaba “iugula” si el luchador debía ser degollado o “mite” si le perdonaba la vida.

Al lector le puede sorprender también la verdad sobre 'Spartacus' tras la idealización que ha hecho el cine de él, al presentarlo “como un héroe y libertador que luchaba contra la esclavitud”. “En realidad, fue un delincuente y un asesino en masa que imponía su autoridad por donde iba. Efectivamente, liberaba esclavos, pero también convertía en esclavos a ciudadanos libres”.

Las sorprendentes –y para muchos desilusionantes- revelaciones están consignadas en un libro del investigador español Guillermo Díaz. “Las mentiras del cine bélico”, se presentó este jueves en Málaga. El autor contó que la idea de hacerlo surgió al comprobar “cómo la gente tiene una idea sobre estas guerras basada en las películas, y éstas se alejan mucho de la realidad de un combate”.

El autor conversó con la agencia Efe a la que le contó que en su trabajo analizó cinco títulos –todos muy taquilleros-: ‘Troya’, ‘300’, ‘Alejandro Magno’, ‘Spartacus’ y ‘Gladiador’.

En estas cintas hay un común denominador: suelen mostrar un gran número de muertos en cada choque. “Cuando termina el combate, se ve el campo de batalla sembrado de cadáveres, y esto no era así, porque moría sólo del 2% al 5 % de los combatientes, y las grandes matanzas se producían en las retiradas, en persecuciones que nunca he visto en una película”, explicó Díaz.

También añadió que “es muy difícil” que una flecha mate, más cuando existía la protección de la armadura, y la punta en muchos casos “no llegaba a impactar o sólo producía incomodidad y dolor que incapacitaba al combatiente, aunque sí podía morir a raíz de una infección pasados los días”.

Para ser mortal en el acto, la flecha “debía acertar en un ojo, en una arteria importante o en el corazón, pero no era fácil, porque se tiraban en tiro parabólico y caían desde arriba”.

Según el autor, el “paradigma” de los anacronismos es ‘Troya’, que se desarrolla “en la Edad del Bronce, cuando no existía el hierro, no se sabía curtir el cuero para hacer armaduras y mucho menos existía el barco trirreme con el que desembarcan en la película en plan Normandía o Guadalcanal”.

El investigador Guillermo Díaz dijo en Málaga que esta película es “un anacronismo por sí misma, entera, porque nunca hubo una batalla en Troya de grandes ejércitos, ya que no existían por una simple razón demográfica: no había población para juntar 10.000 hombres”.

Así las cosas, la próxima vez que vaya a cine a ver una película de estas, disfrútela pero no se crea el cuento de que así ocurrió en la vida real.
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