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| 7/9/2016 12:00:00 AM

Las historias de los hombres

Detrás del reciente éxito de Burning Caravan en Rock al Parque hay una historia juiciosa de exploración de la poesía y el teatro.

Si hiciéramos el ejercicio de leerle a alguien en voz alta el cuadernillo de letras del nuevo disco de Burning Caravan, Las historias de los hombres, probablemente ese alguien pensaría que se trata de textos de tres o cuatro siglos de antigüedad. Hay constantes alusiones a la navegación: palabras como “zarpar”, “olas” y “navío” atraviesan las canciones. ¿Y en cuanto a alusiones modernas? Los aparatos de tecnología más novedosa que se mencionan en todo el disco son una brújula y un reloj.

Pero, cuando se combinan con la música, estos textos adquieren una actualidad impresionante. El reciente triunfo de Burning Caravan en el festival Rock al Parque parece corroborar el éxito que tienen estas tramas inmortales. Hay que conceder, claro está, una especie de moda que ha favorecido a las agrupaciones que integran elementos gitanos y balcánicos: entre los instrumentos de la banda aparecen el acordeón y el clarinete, y esos sonidos (en realidad casi tan viejos como la brújula o el reloj) tienen enloquecida a una nueva generación.

Lo interesante de Burning Caravan es que llegan a la misma orilla zarpando desde otros puertos. En un mundo en que las bandas principiantes prueban suerte en los bares, ellos han encontrado su escenario natural en el teatro. La Casa del Teatro, Varasanta, el Teatro Libre, Casa Ensamble, acogen sus espectáculos como muestras muy imaginativas de lo que puede hacer un músico desde la imagen. Y ellos juegan, se visten de colores, crean un universo medio surrealista en las dos horas que dura el encuentro. No hablan de conciertos sino de ‘producciones’. Son instrumentistas pero también actores.

El grupo surgió hacia el año 2013 como una escisión del Gypsy Jazz Quartet. Repasaron todo el repertorio de Django Reinhardt hasta que, de manera natural, alguien propuso explorar el género canción y trajo unas letras en castellano. Hoy Burning Caravan tiene integrantes de Colombia, Chile y Francia. Al preguntarle por las ventajas de ser una agrupación multicultural, el cantante Francisco Martí reflexiona: “Aprender a dialogar, a lidiar con las costumbres del otro, a caminar en un terreno incierto. Y eso potencia mucho la creatividad”.

En una entrevista para la revista Shock el año pasado, los integrantes de Monsieur Periné hablaban de sus nuevas canciones y, al llegar a una en particular, evocaron imágenes de sirenitas y el recuerdo de la Sinfonía inconclusa en la mar de Piero. Fue suficiente para que a alguien le brotara el sarcasmo y escribiera en internet que su nuevo disco parecía una colección de canciones de cuna. No exageremos; no todo lo suyo es así. Pero ya que estamos hablando de la música con elementos gitanos que se hace en Colombia digamos que sí, que en un extremo más cándido estaría Monsieur Periné y en el otro, en el extremo maldito, habría que ubicar a Burning Caravan.

Sus canciones son otra cosa. Son odas al vino, elegías por fulanos que se fueron, preguntas sobre el dinero, cuestionamientos de la suerte y el azar. Son casi los mismos temas profanos que uno encuentra en Carmina Burana: no la archifamosa cantata de Carl Orff, sino la colección de manuscritos medievales en que se basó. Un retrato de las contradicciones, las pasiones y los vicios que nos hacen, desde siempre y por siempre, humanos. Y si a ello le agregamos clarinete y acordeón, guitarra eléctrica y batería, el resultado se vuelve explosivo. Que lo digan los 60.000 que los aclamaron en Rock al Parque.

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