Viernes, 2 de diciembre de 2016

| 2016/10/03 00:00

El idioma sí importa

Crece el número de salas que presentan las películas dobladas, un recurso que molesta a quienes consideran fundamental el sonido original y la voz de los actores. ¿Cuestión de estratos?

El idioma sí importa

Cuando Christian Bale hizo de Batman en la famosa trilogía del Caballero de la noche, de Christopher Nolan, uno de los grandes méritos de su actuación fue la facilidad con la que cambió de voz. Si era Bruce Wayne, el excéntrico multimillonario huérfano, usaba un tono fresco y atropellado, pero cuando tenía puesto el traje del hombre murciélago, era carrasposo y gutural. Por eso, quienes vieron las películas dobladas al español se perdieron de ese aspecto del trabajo de un gran actor.

La decisión siempre ha sido relevante a la hora de ir a cine. Las películas son más fieles a la original en su lengua inicial y con subtítulos, pero las dobladas al español son más fáciles de seguir. El tema no debería generar polémica, porque los teatros generalmente presentan ambas opciones para que el espectador escoja la que más le guste. Pero las funciones subtituladas vienen perdiendo terreno en Colombia y algunos cinéfilos han puesto el grito en el cielo.

SEMANA analizó el tema con tres de las películas que estaban en cartelera el domingo 25 de septiembre, y la diferencia es bastante grande. Solo en Bogotá había 115 funciones para ver Los siete magníficos en español y 34 para verla subtitulada. Lo mismo ocurría con Atentado en París (27 y 11) y El especialista (76 y 16), dos de las más taquilleras del mes anterior. En las otras ciudades la proporción es aún mayor, y en algunas capitales como Pereira, Villavicencio y Bucaramanga encontrar una película en el idioma original es una misión imposible.

Para Samuel Castro, crítico de cine del diario El Colombiano, el cambio comenzó a darse hace unos cinco años, cuando las funciones dobladas se hicieron más frecuentes. “La tendencia es cada vez más grande y es terrible porque al doblar las películas no solo cambian la entonación, el lenguaje y la actuación de los actores, sino que también modifican la mezcla de sonido. Uno no escucha lo que el director del filme quiere mostrar porque muchos efectos se pierden”.

Lo cierto es que la mayor parte de las películas comerciales llegan a Colombia en ambas versiones. Los grandes estudios de Hollywood mandan una doblada con acento neutro –generalmente proveniente de empresas mexicanas– y otra con subtítulos en español. Los exhibidores (Cine Colombia, Procinal, Cinemark y Cinépolis) las reciben y deciden cuál presentan en cada uno de los teatros y complejos del país.

Para ellos la explicación al fenómeno actual es bastante simple: el público colombiano prefiere las películas dobladas. “Cuando tenemos una cinta en ambas versiones a la misma hora y en el mismo teatro, las cifras muestran que la doblada triplica a la subtitulada y para nosotros no es negocio tener una sala vacía o a medias”, cuenta Sergio Saldarriaga, jefe de Programación de Procinal. Lo mismo opina Munir Falah, presidente de Cine Colombia, empresa que realiza encuestas periódicamente para saber qué prefiere la gente en cada uno de los teatros.

Esto ha dado pie a otro fenómeno que llama la atención de los fanáticos del cine: las funciones subtituladas se están presentando en los teatros de los estratos más altos y están desapareciendo del resto de complejos. Por eso es que en centros comerciales como Palatino, Avenida Chile o Andino, ubicados al norte de Bogotá, la mayoría de las películas se presentan en su idioma original, mientras que hacia el sur de la ciudad casi todas las funciones son en español. Lo mismo pasa en Medellín y Cali.

Para los exhibidores no se trata de un problema de clases, sino de una diferencia cultural. “Las zonas más populares piden que la película esté doblada porque los espectadores prefieren seguir las imágenes sin distraerse leyendo subtítulos, mientras que quienes dominan ambos idiomas disfrutan con la voz original de los actores y con su actuación”, explica Falah. También tiene que ver con que en muchas de las salas del norte se presentan las películas independientes. Estas, al contrario de las grandes producciones de Hollywood, solo vienen subtituladas. Doblarlas en el país sale costoso, especialmente porque son películas de nicho, que se presentan en pocos espacios y tienen un público muy limitado, lo que hace difícil que se recupere esa inversión.

Pero para muchos críticos las razones de los exhibidores no son suficientes. Critican la poca disponibilidad de funciones subtituladas y los horarios en los que programan algunas de ellas. Y dicen, además, que nada justifica que varios teatros en Colombia no tengan ninguna función subtitulada como si nadie en esas zonas del país quisiera ver la película en inglés o en otro idioma. Castro, incluso, piensa que el cine más allá de ser una industria es un producto cultural que debe respetarse. “A nadie se le ocurre tomar una pintura y adaptarla a los códigos visuales de cada país, y eso es prácticamente lo que sucede cuando se dobla una película”.

Adicionalmente, el país adelanta un plan para mejorar el nivel de inglés de los estudiantes para 2018 (Colombia Bilingüe), y ver las películas en inglés ayuda a que la gente aprenda vocabulario, se acostumbre a entender el sonido de las palabras y repase lo que sabe. Algunos profesores, incluso, utilizan las películas en este idioma como una ayuda didáctica.

Más espectadores, menos subtítulos

En países como España o Argentina el tema ha escalado a la legislación nacional. Allí es obligatorio doblar todas las películas y las series de televisión a un español que mantenga sus características fonéticas y culturales propias. En España la ley salió en los años treinta –cuando apareció el cine sonoro– con el objetivo de proteger la cultura y la identidad nacional, y sirvió para que años después la dictadura de Franco censurara algunos diálogos y los cambiara a su antojo. En Argentina, en cambio, se reguló apenas en 2013 y se estableció que empresas locales deben hacer al menos la mitad del doblaje para estimular el empleo. La medida generó protestas.

Algo similar sucedió en la televisión por cable. Canales como Warner decidieron, desde finales de 2015, presentar todas sus series y películas dobladas al español para el público de América Latina. Y aunque lo hicieron basados en estudios de mercado que muestran que el público prefiere ver todo en su propio idioma, varios televidentes se molestaron y crearon grupos de Facebook y peticiones en internet pidiendo dejar disponible la opción con subtítulos, pues no todos los televisores tienen la opción de SAP (en español, Programa de Audio Secundario), que permite ver la programación en inglés.

En Colombia el tema no ha llegado a tanto, pero el cambio ya se nota. El fenómeno, sin embargo, tiene que ver con una realidad. El cine viene creciendo en el país y la cifra de espectadores en las salas lo demuestra: el año pasado se vendieron 59 millones de boletas, más del doble de las que se vendieron en 2006 (20 millones). Además, en los próximos dos años y medio se estrenarán diez complejos nuevos, varios de ellos en ciudades intermedias. Eso les ha abierto el mercado a personas que antes no tenían acceso al cine y que no estaban acostumbradas a ver películas con subtítulos. Y aunque los defensores del idioma original piensan que es la oportunidad perfecta para que esos nuevos espectadores puedan disfrutar de todo tipo de películas, los exhibidores prefieren apostar a lo seguro. El debate está abierto. 

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